Atacar a Ayuso para salvar a Sánchez

Publicado en EsDiario el 24 de abril de 2020


La situación de Salvador Illa, el hombre de Miquel Iceta en el gobierno de Pedro Sánchez, es insostenible. Sobre él descansa la responsabilidad de no haberse tomado en serio las decenas de advertencias que la Organización Mundial de la Salud y la Unión Europea lanzaron desde enero a los distintos países para adoptar medidas de distanciamiento social, evitar eventos masivos y hacer acopio de material sanitario para los profesionales.

Pero también es su ministerio el responsable de haber comprado una partida de 659.000 test fraudulentos a una empresa china que no tenía licencia, o de haber surtido a los sanitarios con mascarillas defectuosas, lo que ha podido costar vidas. Especialmente de los médicos. Por eso no sorprende que los sanitarios hayan estallado contra el ministerio.

La Confederación Estatal de Sindicatos Médicos y el Consejo General de Enfermería han anunciado ya sendas querellas contra el ministro y sus colaboradores, por la comisión de un presunto delito contra los trabajadores, recogido en el artículo 316 de nuestro Código Penal. El Consejo de Enfermería se querella además por imprudencia grave con resultado de lesiones o muerte. Los Consejos Generales de Colegios Oficiales de Dentistas, Farmacéuticos, Fisioterapeutas, Podólogos y Veterinarios también han alzado la voz contra el gobierno, al que exigen les dote del material de protección necesario para cumplir con su trabajo. Y que éste sea homologado. Por otra parte, exigen la realización de test a todos los profesionales sanitarios, así como al máximo posible de ciudadanos. Porque, sostienen, “no vamos a ser capaces de disminuir el impacto por el SARS-CoV-2, si no somos capaces de conocer el estado de los que trabajan en primera línea, sus riesgos de infección, su riesgo de potencial agente de contagio, y su estado inmunológico”. Denuncian que el gobierno no cuenta con ellos para nada.


Y es que, critiquen lo que quieran desde el gobierno, si España está hoy confinada, sin test masivos ni mapa de prevalencia es por la responsabilidad de Pedro Sánchez, el pirómano que prendió el fuego del COVID-19, como me recuerda siempre mi compañero de escaño, el doctor Raboso. Por más que ahora Pedro Sánchez pretenda diluir las responsabilidades. Porque exactamente en eso están ahora. En la mutualización de su grave negligencia.


Los furibundos ataques contra Isabel Díaz Ayuso, objetivo a batir por la izquierda, tienen como fondo la contraposición de dos modelos de gestión. Mientras la Comunidad de Madrid no sea socialista, los españoles tendrán una alternativa a Sánchez e Iglesias en la que mirarse. Una alternativa de bajos impuestos y pocas imposiciones que puede presumir de tener los mejores servicios públicos de España. De la Sanidad a los transportes. Algo que el socialismo de los años 80 jamás imagino que sucedería. Pero, de la mano de Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre, sucedió. De ahí que para atacar a Díaz Ayuso todo valga.

Además, la izquierda, con ese sustrato machista que la impregna, trató de presentarla ya en campaña electoral como a una “niña tonta” que no sabía lo que decía. Y la “niña tonta” ha demostrado a los españoles durante esta crisis que es mucho más madura, responsable y decidida que todos ellos juntos. Isabel Díaz Ayuso ha demostrado que es una líder política. Que además quiere que los madrileños también sean líderes. Cada uno de su vida. Por eso, precisamente por eso, hay que liquidarla.


Algo que se ha visto hoy en la sesión de control al gobierno de la Asamblea de Madrid.
Jacinto Morano, portavoz de Podemos, en ausencia de su portavoz Isa Serra, condenada por daños, lesiones y atentado a 19 meses de prisión, pidió medicalizar las residencias y tuvo una intervención de corte institucional. Actualmente hay un total de 204 residencias medicalizadas, las 25 públicas y 179 privadas.


Gómez Perpinyà, jugador del FIFA en la Play y portavoz de Más Madrid, salía ayer a la palestra en Twitter diciendo, ante la suspensión del pleno telemático del 23 de abril por problemas técnicos (que ciertamente abochornarían a cualquiera), que la presidenta no quiere dar la cara. Sabe perfectamente el amigo de Iñigo Errejón que el Partido Popular quería que los plenos fueran presenciales. Mentía, pues, a conciencia. Pero la mentira, decía Lenin, es revolucionaria. Y Más Madrid, cada vez más a la sombra del PSOE, es el partido de los revolucionarios de salón. Su intervención en la Asamblea de Madrid del día 24 no fue más que un compendio de mentiras, que se podrían haber resumido en los cobardes vídeos sin firma que la izquierda ha estado tratando de viralizar en redes estos días. Perpinyà atacó la colaboración público-privada; volvió con la mentira de recortes en Sanidad que jamás se han producido en el Madrid que construyó de la mano de Esperanza Aguirre 12 hospitales y 90 centros de salud; incluso repitió la mentira de la responsabilidad de la presidenta en los fallos técnicos de la Asamblea. Es el partido de la Play, pero no de la responsabilidad y la verdad.


Ángel Gabilondo, portavoz del PSOE, hizo un llamamiento a la unidad que persigue también con ahínco Pedro Sánchez, quien abrió el melón con sus ya fracasados “Pactos de la Moncloa”, que fueron reconvertidos por Pablo Casado en lo que tenían que ser: una comisión parlamentaria de recuperación. Gabilondo pidió a la presidenta que abriera “espacios de colaboración institucional”. Un guante que Díaz Ayuso recogió ofreciendo diálogo a todos los grupos políticos que quieran aportar soluciones para la recuperación.


Me preocupa que Ciudadanos, de la mano de Inés Arrimadas, caiga en la trampa que le ha tendido la izquierda. Sería una pena que esos Ciudadanos que nacieron en Cataluña para defenderse de las imposiciones del populismo nacionalista catalán, acaben escuchando cantos de sirena y sucumbiendo al del populismo socialista. Porque hoy por hoy, el PSOE es socio de Podemos y se sostiene gracias a ERC y como se llame ahora el invento del fugado Puigdemont, antes partido del 3%. Lo demás, literatura y ganas de querer creer


Visto el Pleno hay que pedir a la oposición dejar los partidismos de lado, también en Madrid. Porque, como advirtió Isabel Díaz Ayuso ya los primeros días de crisis, todos juntos, venceremos.

Así acosa la izquierda en redes sociales.

Publicado en Es Diario el 4 de abril de 2020

Como llevan horas dándome la murga, he decidido contarlo. Y es que los periodistas no podemos evitar contar historias. Con mayor o menor fortuna. Les cuento la del acoso que estoy sufriendo estos días, en que España llora a sus muertos, por parte de la izquierda política y mediática. Eso sí, vaya por delante que me importa un colín. Pero que se sepa.

El pasado 2 de abril hacia mediodía andaba yo mirando las historias de diferentes políticos en Instagram. Y una de ellas llamó mi atención: la del portavoz de Más Madrid en la Asamblea, Pablo Gómez Perpinyà, llamando a jugar esa noche al FIFA en la Playstation. Algo que en tiempos normales no tendría mayor importancia. Sin embargo, justo a esas mismas horas, esta persona estaba acusando a Isabel Díaz Ayuso de haber “perdido aviones”. En Barajas, mientras tanto, aterrizaba el primer vuelo de Qatar Airways con 58 toneladas de ayuda para los muy necesitados hospitales de Madrid. Así pues, la cosa estaba clara: mientras el gobierno de Madrid, al cual dicho portavoz ha criticado por todo lo hecho, pelea para salvar vidas, a Pablo le preocupa jugar a la Play. Y me pregunté, ¿mientras el gobierno buscaba mascarillas FPP2 y FPP3 y respiradores para las UCI, y la gente donaba lo que puede en una cuenta, a qué se dedica el portavoz de Más Madrid? A jugar al FIFA.

El 3 de abril, a las 15:23 publiqué en mi cuenta personal un tuit en el que criticaba la frivolidad del personaje. Pero confundí la nuca de la persona que aparecía en la imagen con otra. Nada raro. Por un lado, a Gómez Perpinyà apenas se le conoce, por otro, pues no conocía al futbolista, qué le vamos a hacer. Algo que, en realidad, no desvirtúa la historia. Porque lo importante  es lo que subyace en tanta frivolidad.

 A las 16:17 Gómez Perpinyà me acusó de “difundir bulos”. Inmediatamente fueron centenares las personas que saltaron sobre mí llamándome de todo. Y cuando digo de todo, es de todo. Así que, cuando ya estaba harta, publiqué una rectificación. Porque la realidad es que el político llamaba a quedar a jugar al FIFA, se pongan como se pongan.

En realidad, lo que demuestra con esa historia en Instagram es que no le importa la crisis del coronavirus, sino hacer daño al Gobierno. No ha tenido ni un momento para escribir un tuit felicitándose porque ha llegado un avión con material sanitario para salvar vidas. Eso no les importa a los diputados de Más Madrid, no les interesan los madrileños. A Gómez Perpinya le interesa más jugar al FIFA con la Play, que animar a sus conciudadanos. Le falta madurez política y sentido de responsabilidad del cargo que ostenta, como ha demostrado.

Los insultos se multiplicaron. Muchos de ellos de esos que Irene Montero llamaría de machirulos. Intervino también el insignificante medio digital vinculado al PSOE, “El Plural”, que tiene menos lectores que MI.com (Comscore, febrero de 2020) y que sobrevive por tener como directora a Angélica Rubio, directora general de Coordinación Informativa de La Moncloa en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero. Casualidades de la vida, el día anterior había debatido con su redactor jefe, un tal Marcos Paradinas, precisamente por su falta de audiencia. Llevaban días publicando, para que se hagan idea del rigor, que a la Comunidad de Madrid la habrían estafado y que por eso no llegaban los aviones. Curiosamente el redactor jefe no defendió la noticia, sino que le molestó que dijera que su medio lo leen cuatro gatos. Menuda ética periodística. Durante años he trabajado como periodista y nunca me he dejado llevar por mis filias o fobias personales.

El propagandista Antonio Maestre no tardó en entrar en el juego, para calificarme, de “tonta”. Ya saben, las mujeres del PP para estos machirulos de la izquierda siempre somos tontitas.

Pero la traca final la pusieron desde El Plural sus colaboradores más chapuzas, publicando mi nómina del pasado mes de octubre en la Asamblea. Un dato que es público, pero que ellos utilizaron para intentar denigrarme. Podrán comprobar que eligieron el mes en que más he cobrado de todos.  Un acoso en toda regla. Pero, como les he dicho al principio, a mí me importa un colín. No tengo nada que esconder y, desde luego, no me voy a callar ante la izquierda irresponsable.

El virus del populismo.

Publicado en LA RAZÓN el 18 de marzo de 2020

Doy por hecho que todos los lectores de LA RAZÓN están informados de las medidas que ayudan, en estos momentos de incertidumbre y zozobra colectiva, a contener ese terrible enemigo invisible que es el COVID-19. Un virus que se está cebando en los más débiles, a los que, entre todos, tenemos que proteger. Desde el gobierno de la Comunidad de Madrid se ha estado liderando, desde el primer momento y como ha podido ver toda España, la toma de medidas preventivas. Algunas muy duras y dolorosas, como ordenar el cierre de establecimientos o la cuarentena, pero necesarias para que podamos salir adelante en el menor tiempo posible. Y saldremos.

Porque la España de los balcones, esa que sale a las 20:00 horas a dar las gracias a quienes se están dejando la piel en primera línea de batalla -sanitarios, policías, ejército, protección civil…-, es una España responsable y solidaria. Siempre lo hemos sido. No en vano somos campeones en donación de órganos. En Madrid, solicitados voluntarios para atender a personas mayores, solitarias o dependientes, pese al peligro del contagio, en menos de 24 horas se habían ofrecido 7.400 personas.  ¡Viva la madre que os parió!

Son decenas las empresas que han contactado con la Comunidad de Madrid para ofrecer su ayuda y colaboración. Gracias a Telepizza y Rodilla, los 11.500 niños cuyos padres solo cobran la Renta Mínima de Inserción, recibirán sus menús. Google, Telefónica, Goggo Network y otras tecnológicas llevan días desarrollando una app gratuita, que cederán a la Comunidad de Madrid y ésta al resto de España. Los jóvenes van dejando notas en portales ofreciéndose a hacer la compra para gente mayor. Son tantas cosas…

Sin embargo, hay quienes quieren aprovechar estos tiempos para sus propios intereses. Son los populistas. En contra de la creencia popular, en ciencia política -que no es ciencia- lo contrario a democracia no es dictadura, es demagogia. Y de ello están dando buena cuenta los populistas estos días. ¿Qué pretenden con ello? Imponer su relato. Un relato en el que ellos (los de vamos juntos al 8-M porque no pasa nada) serían el pueblo. Un pueblo todo bondad. Y los malos serían… ¿lo adivinan? Claro. La casta. O sea, el gobierno de la Comunidad de Madrid (y ojo, Sánchez, porque te lo van a hacer extensivo en pocos días). Ese gobierno que ha liderado la pelea por salvar vidas.  Los populismos anteponen la ideología a la realidad. De ahí que, por ejemplo, Echenique solo salga a aplaudir a la sanidad pública, ignorando que la sanidad privada está colaborando con ésta y que se han puesto todos a disposición bajo un mando único, o que Sol Sánchez de Izquierda Unida arremeta contra el gobierno de Madrid y lo tilde de “criminal”. O que Gómez Perpinyà, portavoz de Más Madrid por ser amigo personal de Errejón, critique que en Madrid se hable de “suma de individuos” y no de “pueblo”. La ideología, siempre la ideología. Que no ha salvado una vida jamás, sino que las ha costado por millones, como magníficamente describiera Jean François Revel en “El conocimiento inútil”.  CC.OO. de Madrid se opuso a que se alimentara a los niños pobres, porque Telepizza no les gusta. A punto estuvo de conseguirlo, aunque finalmente el gobierno lo autorizó.

Pero Perpinyà ha llegado aún más lejos al afirmar que “cada euro de la sanidad pública que el PP desvió a su ‘Caja B’ es una mascarilla menos para proteger a una enfermera del coronavirus”. Es el colmo. En Madrid el gobierno de la Comunidad construyó 12 hospitales públicos y más de 90 centros de salud, que atienden a más de 2.300.000 pacientes. ¿Se imaginan cómo estaría hoy Madrid sin esos centros? Pero es que, además, Madrid es la mejor Sanidad de España, como se ha demostrado estos días en que está liderando la crisis.

Y todo ello, pese a populistas como los que hoy se permiten el lujo, no de colaborar, sino de intentar dificultar el trabajo de quienes piensan en las personas. Que no te engañen con su “relato”.

¿Y tú? ¿De qué feminismo eres?

Publicado en LA RAZÓN el 8 de febrero de 2020

Corren tiempos convulsos para quienes creemos en la igualdad ante la ley de hombre y mujer; es decir, para las feministas. Después de años en que la ideología de género convirtió el feminismo en un campo de batalla entre hombres y mujeres, llegan el transfeminismo y el feminismo que las izquierdas llaman no sin parte de razón, negacionista. Ninguno de ellos tiene nada de liberal. Todo lo contrario.

La ideología de género se encuentra en el origen de todos estos colectivismos de izquierdas y derechas. Desnortada la izquierda tras la caída del Muro de Berlín, se acogió a las bioideologías (ecología, feminismo, salud…) desarrolladas en Estados Unidos en los años 70. Lidia Falcón o Amelia Valcárcel habían articulado un discurso coherente con su tiempo en torno a la mujer, que había sido discriminada bajo el franquismo. Rápidamente, aquel feminismo de corte socialista prendió en la izquierda, que poco a poco fue, en mi opinión, transmutándolo en el desvarío anticientífico y nihilista en que hoy se ha convertido. La ideología de género acepta el sexo como dato biológico que es. El género, en cambio, es para sus seguidoras un constructo social, fruto de siglos de heteropatriarcado. El género, a diferencia del sexo, sería por tanto un dato susceptible de cambio. De ahí que las feministas adoptasen como “grupos mascota” a los movimientos LGTB.

Bajo los gobiernos del “feminista” Rodríguez Zapatero, quien se definió como “feminista”, se radicalizó el discurso. Guadalupe Sánchez Baena, autora de “Populismo punitivo: Un análisis acerca de los peligros de aupar la voluntad popular por encima de leyes e instituciones” (Deusto, 2020), acaba de formular una interesante denuncia acerca de la ideologización identitaria del Derecho Penal de aquella época y que sigue hoy vigente. Fue con ZP cuando comenzaron a aparecer intentos de cambiar el marco cognitivo de los españoles, como el “lenguaje inclusivo” por el cual Irene Montero se autocalificaba como “portavoza” de Podemos o Bibiana Aído hablaba de “miembras”. Nada de esto, que nos parece tan divertido, es casual.

La ideología de género ha sido imbuida en los jóvenes a través de la enseñanza, los medios de comunicación y el mundo de la cultura. Es decir, a través de la hegemonía cultural de la izquierda. Todo ello sin que la derecha liberal hiciera nada por evitarlo. A cambio, la derecha más conservadora, asumió este colectivismo como propio. Fueron muchas las mujeres de centro derecha que se sumaron al movimiento-manifiesto del 8 de marzo de 2018, de corte marxista, hoy reivindicado y puesto como ejemplo internacional por la extrema izquierda. Unas pocas ya dijimos por aquél entonces, que las mujeres no nacemos víctimas.

El transfeminismo, como ya hemos contado en LA RAZÓN, es un movimiento anticientífico que niega que sexo o género sean un dato biológico, pudiendo así la persona cambiar de sexo (y de edad) tantas veces como quiera a lo largo de su vida. Es lo que defienden Podemos y, sorprendentemente, Ciudadanos. Se trata de la ideología más radical, ya que acaba permitiendo, como se ha visto en movimientos europeos, la pederastia. Algo que denuncian, con toda la razón, las ideólogas de género y cualquiera que tenga sentido común. Claman en el desierto: en las izquierdas históricamente siempre se ha impuesto el movimiento más radical. Y no nos encontramos ante una excepción.

Por otra parte, desde el conservadurismo populista se ha ido articulando estos años un discurso de confrontación con la ideología de género que entra de lleno en la lucha de sexos. Se trata de un discurso antiliberal, que, como el de izquierdas, colectiviza a hombres y mujeres. Me refiero a ese presunto feminismo, en ocasiones soez pero siempre facilón, que niega la violencia sobre la mujer (que existe y tiene su propia especificidad), usando como justificación que también hay hombres maltratados (por supuesto que los hay) y denuncias falsas (por supuesto que las hay y deben perseguirse duramente). Se trata de un conservadurismo que diagnostica los errores cometidos por la ideología de género, pero no ofrece soluciones realistas y adecuadas al siglo XXI.  Son esas personas que, para que me entiendan, si les digo que han maltratado a una mujer, responden casi en automático que también hay hombres maltratados. Pero que si les digo que han violado a una mujer, no me contestan que también hay hombres que son violados. Y los hay. Pero no usan tal crimen como justificación del anterior. Porque en la violación no han entrado en la lucha de sexos. Cuando la cosa no va de colectivos, sino de personas. La bondad o la maldad no tienen sexo, género, edad, raza o religión.

El problema fundamental de este feminismo, que la ideología de género llama negacionista, es que no comprende la ideología de género, ni la política. Por eso ha caído en la lucha de sexos que pretendían postmarxistas como Shulamit Firestone.  Es la otra cara de la misma moneda; el discurso que hace el juego al colectivismo y a la izquierda. Cuidado con él.

Como señalara en su día la profesora María Blanco, autora de “Afrodita desenmascarada” (Deusto, 2017), “las políticas llamadas ‘de género’ hacen dependientes a las mujeres”. Blanco no niega la existencia de la violencia sobre las mujeres, pero critica la solución que se da en forma de paternalismo estatal.  “La igualdad comienza por la igualdad ante la ley, sin privilegios”, señala. Con toda la razón. Ese es el feminismo liberal. El que defiende que cada mujer lidere su vida como quiera, viva como quiera, sin imposiciones, pero también sin cuotas. Sin discriminación, ni positiva ni negativa. Un feminismo que no colectiviza a la mujer y respeta sus decisiones. Un feminismo que detesta por igual la Formación del Espíritu Nacional como la Educación para la Ciudadanía. En definitiva, un feminismo que tiene validez tanto en España como en Irán.

El movimiento trans rompe con el feminismo.

Publicado en Vozpópuli el 29.12.2018

Las espadas están en todo lo alto. De un lado, significativas líderes del movimiento feminista como Lidia Falcón, Nuria Varela, Anna Prats o Amelia Valcárcel. Del otro, asociaciones vinculadas a Izquierda Unida y a Podemos, que acusan a las feministas socialistas de toda la vida de ser “tránsfobas” por oponerse a la ley de transexualidad que Podemos quiere presentar en el Congreso de los Diputados. Tal es la bronca que se ha montado, que IU podría expulsar al marxista Partido Feminista de su seno. El PSOE, que ha tomado partido por las feministas conscientes de que son un caladero de votos mucho mayor que el movimiento trans, se frota las manos.

En opinión de las feministas, el movimiento LGTBIQ+ se está volviendo contra la mujer. Así, Falcón, presidenta del Partido Feminista, considera que se está “enmascarando el lenguaje para hacer desaparecer las categorías marxianas y en vez de denominarnos mujeres y hombres, según la única clasificación antropológica que puede utilizarse, éramos sujetos indefinidos”. Sostiene el feminismo que los movimientos LGTBIQ+, al negar el sexo como dato biológico y considerar que es un constructo social, líquido y cambiante, están negando toda la teoría feminista tradicional, basada en la diferencia entre sexo (dato biológico) y género (constructo social fruto de siglos de heteropatriarcado).  Si el sexo no existe, como sostienen los activistas queer, no habría más que infinitos géneros, que pueden cambiar constantemente. No hay hombre ni mujer. Y por tanto, no es difícil concluir que, para el feminismo socialista, el movimiento trans niega el heteropatriarcado. De ahí que consideren dicho movimiento como contrario a la lucha de la mujer. Falcón, con razón biológica, niega el carácter científico de la “religión” queer. Desde el Partido Feminista denuncian el “falso progresismo” de una nueva “inqueersición”, cuyo objetivo, sostienen, es acallar al feminismo. Tachan a sus opositores de “machistas y reaccionarios”.

En el mismo sentido, la filósofa Sendón de León, sostiene que el “generismo” es una cuestión privada puesto que los sentimientos no son categoría política, mientras que la lucha de las mujeres sería cuestión colectiva, y, por tanto, pública (y política). El problema, reconoce, reside en que el propio feminismo ha usado la palabra “género” hasta despojarla de sentido, convirtiendo así a la mujer, señala, en un “concepto vacío”. “Pero lo más absurdo”, continúa la doctora en Filosofía, “es que parte del feminismo haya acogido a todo el LGTBIQ+ como su hijo bienamado, cuando a ellos las feministas les importamos un bledo”. De todo habrá.

Desde el otro lado del ring, Miram Solá considera que “el sujeto político del feminismo ‘mujeres’ se nos ha quedado pequeño, es excluyente por sí mismo”. El movimiento trans considera que el feminismo estaría tomando una “deriva identitaria que esconde un nuevo esencialismo que imposibilita las alianzas”. Acusan, así, al feminismo, de tener una “concepción victimista de la opresión como privilegio individual”. Algo que se ha plasmado en el denominado “Manifiesto para la insurrección transfeminista”. Por supuesto, desde algunas plataformas no faltan los insultos de “negacionistas”, “transmisóginos” y “transexclusión”. O TERF, en referencia a un movimiento feminista de los años 70 del pasado siglo, que pretendía diferenciarse del feminismo transinclusivo.  Para la diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid, Beatriz Gimeno, el discurso feminista, al que acusa de cosificar y deshumanizar al colectivo trans, “revela muchas coincidencias con la manera en que se construyen los discursos racistas o xenófobos”.

En el fondo, la batalla, que promete recrudecerse en el futuro con la irrupción del feminismo del 99 por cien y las teorías ecologistas del decrecimiento económico, gira en torno a la maternidad subrogada. Las feministas se oponen ferozmente a ésta por considerar que no es más que la comercialización del cuerpo de la mujer, los trans los apoyan como vía para ser padres. También gira la bronca alrededor del debate acerca de la prostitución, sin ser posible el diálogo, roto hace años, entre abolicionistas y partidarios de la regulación.

En realidad, ambos planteamientos adolecen del necesario reconocimiento de la individualidad, al pretender subsumir a las personas en un colectivo, imponiendo una visión ideológica que divide a las personas en buenos y malos. Es más de lo mismo. ¿De verdad no es posible um feminismo que no entre en la dialéctica marxista amigo-enemigo, para reivindicar la igualdad ante (y no mediante) la Ley?

Telemadrid o la anomalía democrática de la izquierda y el sindicalismo.

Publicado en LA RAZÓN el 12.12.2018

Las últimas elecciones sindicales en Radio Televisión Madrid, empresa pública que integra a Telemadrid y Onda Madrid, se celebraron en  noviembre de 2011.  Desde el grupo popular en el parlamento madrileño llevamos desde el inicio del periodo de sesiones solicitando a CCOO, UGT y CGT la inmediata llamada a las urnas de los trabajadores.  Se niegan. Como se negaron cuando el Sindicato Independiente, creado en 2014, lanzó el pertinente preaviso exigiendo comicios.

Lo hacen amparándose en la legislación, que solo permite la convocatoria electoral a los sindicatos representativos (CCOO y UGT), a los que ya tienen representación previa (CCOO, UGT y CGT) o a petición de la mitad más uno de los empleados de la empresa. Esto último, después de lo que no pocos de los redactores vivieran en 2013 terribles episodios de amedrentamiento a manos de sindicalistas, es poco menos que una broma de mal gusto.

Así pues, Telemadrid lleva 8 años sin elecciones sindicales. Y así podrían estar, si de sindicatos y de la izquierda dependiera, 32 años más. Acaso por eso de equipararse en tiempo y forma a los sindicatos verticales del franquismo y al régimen autoritario mismo. Quién sabe.

Casi tan grave como la falta de legitimación democrática del extinto comité de empresa (vertical), es la justificación que en la Asamblea de Madrid hacen PSOE, Podemos y Más Madrid de la sustracción de la libertad de elección sindical.

El pasado martes, asistimos al espectáculo de ver a la izquierda en la Comisión de Control felicitándose por la gestión de los gobiernos del PP, con tal de que no se pongan las urnas. Los populistas se amparaban en el pasado y en su imaginario para justificar su postura, llegando el diputado Martínez Abarca a acusar al PP de actuar “como Gabriel Rufián”; el PSOE, aún más beligerante, invocando la posibilidad de recoger firmas, se niega a la convocatoria electoral. Una convocatoria que ganarían, con toda probabilidad, los mismos sindicatos de izquierdas. Entonces, ¿a qué viene esta negativa?

Por un lado, los sindicatos hablan en sus asambleas de no convocar elecciones hasta la “reversión del ERE”. Esto es, hasta que hayan colado, por la puerta de delante o de de atrás, como dejó bien claro el diputado Jacinto Morano (Podemos) en la comisión, a los más de 800 despedidos en el dramático ERE de 2013. Algo que haría inviable económicamente la empresa pública madrileña. Pero a Podemos qué le importa. Pagan los madrileños. Y hoy ya pagan más de 73 millones anuales.

Por otra parte, en aquellos años, a Telemadrid le correspondían más de 30 delegados sindicales, a los cuales hay que sumar los liberados. En total, 47 personas cobraban de Telemadrid en aquella época por realizar labores sindicales. Algunos de estos sindicalistas, denuncian desde dentro, llevan décadas sin pisar la Ciudad de la Imagen, pero cobrando sueldos por encima de la media de los españoles. Se ha publicado que existe incluso el caso de algún liberado de UGT, al que en la cadena apodan “el ovni”, porque llega tres décadas como liberado sin pisar la empresa. Según los datos conocidos, entre delegados y liberados, habría hoy 33 personas colocadas, de las cuales, según informó el director general de la cadena en la comisión, 5 serían liberados.

Pues bien, de convocarse elecciones, al haberse reducido la plantilla, solo habría 13 o 17 delegados (dependiendo de si el número de plantilla supera o no los 500 empleados), con lo que más de la mitad tendrían que ponerse a trabajar. Sospecho que eso, junto con la probable entrada en el comité de empresa de un nuevo actor como es el Sindicato Independiente y la posible salida de UGT del mismo, son los motivos de la izquierda para negarse a convocar elecciones, pese a que CCOO o CGT se alzarían con la victoria. Como ven, todo muy democrático.

La fiesta de la izquierda la pagan, una vez más, los madrileños. Lecciones de democracia de esta gente, ni una.

De la izquierda, el derecho de reunión y el aborto como excusa.

Gonzalo Perez . 28/12/09. Concentracion por la mujer , la vida y la maternidad en la clinica dator.

Publicado en LA RAZÓN el 04.12.2018

Hoy viviremos una triste jornada en la Asamblea de Madrid: Podemos ha presentado una proposición no de ley que, apoyada por el resto de la izquierda de la cámara, pretende prohibir a las organizaciones pro vida reunirse frente a las clínicas de aborto y ofrecer información a las mujeres gestantes. Información que una plataforma de asociaciones proaborto vinculadas a PSOE, Podemos y Más Madrid, que recibió el apoyo de Ciudadanos, califica de falsa. En realidad la que sí se puede calificar de falsa es la información de las clínicas abortistas, que ya el año pasado fueron sancionadas por la Comunidad de Madrid por ofrecer información engañosa a sus clientes en su página web. Hablan también de “miles de mujeres coaccionadas” a las puertas de dichas clínicas, aunque no existan esas miles de denuncias y los datos que ofrecen sean los de un estudio de la asociación de clínicas abortistas ACAI. Una encuesta… a 300 mujeres. Una broma.  

Vamos, en definitiva,  a asistir al espectáculo de ver a la izquierda transmutada en feroz partidaria del capitalismo, para defender la cultura de la muerte y el negocio privado y millonario de dichas clínicas. Al uso de la mujer para hacer ingeniería social y tratar de limitar el constitucional derecho de manifestación y reunión. A la izquierda solo le gustan sus manifestaciones y reuniones.

El aborto, que es llamado eufemísticamente por la corrección política “interrupción voluntaria del embarazo” -como si la gestación, muerto el niño, pudiera reiniciarse- es un asunto moral, de conciencia, que históricamente se ha tratado de usar, tanto desde la izquierda como desde el conservadurismo extremo, contra el Partido Popular.

Al ser el aborto un tema de conciencia, es transversal. Así, ni es necesario ser católico ni ser de derechas para estar a favor de la vida. Algo que la izquierda española pretende ignorar, para dividir una vez más a los españoles en buenos (progresistas a favor del aborto) y malos (ultraderechistas o nacionalcatólicos a favor del derecho a vivir). Rafael Correa, el bolivariano ex presidente de Ecuador, estando en el cargo, amagó con dimitir si se aprobaba en su país una ley que permitiera abortar. Calificó el aborto como “asesinato del ser más desprotegido”.

El PP es un partido plural: en su seno conviven democristianos, liberales, socialdemócratas, tecnócratas… todo lo que está a la derecha del PSOE. Hay quien está a favor del aborto, hay quien está en contra.  Por eso, en el PP no se juzga a ninguna mujer si decide abortar, y se la apoya en su maternidad si decide ser madre. Pero el PP no se somete al pensamiento único de la cultura de la muerte que la izquierda ansía imponer.

En el Partido Popular de Madrid somos firmes defensores de la vida y por eso, precisamente por eso, impulsamos desde la Comunidad de Madrid una ambiciosa política en apoyo a la maternidad. El programa más completo que se pudo leer las pasadas elecciones en defensa de la mujer que quiere ser madre fue, precisamente, el de Isabel Díaz Ayuso. Se impulsan por una parte políticas de educación sexual para evitar embarazos no deseados (de los más de 90.000 abortos cometidos el año pasado, más de 32.000 mujeres declararon no haber usado anticonceptivos), por otra se apoya firmemente la maternidad. Algo que se hace mediante políticas fiscales (deducción del 25% de la Seguridad Social por contratación de “canguros” o deducción por nacimiento o adopción de 700 euros durante los primeros 3 años de vida del niño) o bien apoyando a entidades como Red Madre, que acoge a gestantes en situación de vulnerabilidad y a sus hijos. El año pasado, en las dos residencias de nuestra Comunidad, se acogió a 62 mujeres y 64 niños.Todo aborto es un drama. Por eso mismo hay que tratar de reducirlo al máximo. Si se puede, hasta el cero. Y se puede lograr mediante políticas como las que aplica en Madrid el PP, que no entrar a juzgar a ninguna mujer, pero sí apuesta decididamente por la vida.

La noche en que Alemania descubrió la libertad y el horror

Publicado en LA RAZÓN el 8.11.2018

Las fronteras que separaban el socialismo de la libertad se abrieron. El deseo de acceder a la Europa libre era imparable

El 9 de noviembre de 1989 el «telón de acero» se venía abajo dejando al descubierto el crimen, hambre y miseria, así como la propaganda del socialismo real. Sucedió el día en que la policía del régimen soviético abrió la puerta de la verja que separaba a los dos mundos. Fueron los habitantes de la República Democrática de Alemania, víctimas primero del nacional socialismo y posteriormente del comunismo, dos caras de la misma moneda, quienes decidieron derribar los 155 kilómetros del muro que simbolizaba la opresión desde el 13 de agosto de 1961. En los días previos miles de alemanes desafiaron al comunismo en grandes ciudades y pueblos como Neuruppin. La apertura de la frontera entre Austria y Hungría, que había tenido lugar el 11 de septiembre, había preparado el terreno a la huida. Miles de alemanes pasaban también desde primeros de noviembre a Alemania por la frontera checoslovaca. Los jóvenes, como sucede siempre, eran la avanzadilla de los deseos de libertad de sus mayores. En realidad, el comienzo del fin hay que situarlo en Polonia. El sindicalista católico de Solidarnosc, Lech Walesa, iba a conseguirlo.

El lunes 9 de octubre, un mes antes de la implosión que llevaría a Fukuyama a escribir acerca del fin de la Historia, 70.000 personas habían desafiado al régimen en Leipzig, marchando hasta la sede central de la temible Stasi, la policía política del socialismo alemán. Desde ese momento no hubo marcha atrás. El régimen comunista estaba sentenciado. El 4 de noviembre ya eran medio millón los manifestantes que tomaban pacíficamente Berlín. La gente portaba sábanas sujetadas con palos, convertidas en carteles, reclamando elecciones libres, libertad de prensa y manifestación, o simplemente reformas. El régimen decidió permitir la manifestación. La riada humana era imparable. Así fue posible que el día 6 se debatiera el proyecto de una nueva ley que permitiera la salida del país. Fue rechazado por una amplia mayoría del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED). El día 7 dimitía el gobierno de Willi Stoph. Al día siguiente renunciaban todos los miembros del politburó del comité central.

Y así se llegó al jueves que cambiaría el reparto de poder del mundo. Por la mañana se presentó un nuevo proyecto de ley que permitiría, a quien así lo deseara, salir del país. El plan era dar a conocer al pueblo el anteproyecto el día 10 de noviembre. No hubo tiempo. A las 18:53 horas del día de la liberación, en el berlinés centro de prensa internacional situado en la calle Mohrenstrasse 38, un periodista italiano, Riccardo Ehrman, preguntaba al ministro portavoz Günter Schabowski por la apertura de fronteras, un rumor que corría de boca en boca. Y éste, quien desconocía tanto la letra pequeña del anteproyecto como que hasta el día siguiente no se podía anunciar nada dado que no había asistido a la reunión del Comité, respondía que cualquier ciudadano podría viajar a donde quisiera. Dicha libertad de circulación entraría en vigor, Schabowski respondía a la cuestión planteada por el periodista de «Bild», Peter Brinkmann, «inmediatamente».

Anuncio antes de tiempo

Las agencias de prensa de todo el mundo informaban a toda velocidad y la noticia se expandía entre el mundo libre… y el comunista. Associated Press hacía el anuncio a las 19:05 horas: «La República Democrática de Alemania abre las fronteras». La agencia de noticias alemana DPA titulaba muy gráficamente a las 19:41: «Abierta la frontera de la República Democrática de Alemania». Inmediatamente se hacían eco de ello la televisión y radio públicas alemanas: «Se ha terminado el tener que salir del país a través de Checoslovaquia o Hungría». A las 20:30 ya había ciudadanos agolpándose en la frontera de la calle Bornholmer, exigiendo la apertura de la frontera que les separaba de la democracia. A las 21:10 terminaba el pleno de la Alemania Federal, que tenía lugar en Bonn, con el himno nacional. A las 23:00 la masa que pedía libertad era ya incontenible. Media hora más tarde se abrían las verjas que separaban el socialismo de la libertad. Miles de alemanes cruzaron la frontera entre exclamaciones de «por fin libres». De madrugada la riada de ciudadanos que querían acceder a la Europa libre ya era imparable.

El alcalde de Berlín occidental, el socialdemócrata Walter Momper, ordenó el día 10 de noviembre el pago de 100 marcos alemanes de bienvenida a los que huían de la tiranía. Según afirmaría poco después delante de Hans-Dietrich Genscher, Willy Brandt y Helmut Kohl, «los alemanes son el pueblo más feliz de la tierra». Kohl celebró que «viva la patria alemana libre, viva una Europa libre y unificada». Se había derrumbado lo que los comunistas denominaban, por obra y gracia del presidente del parlamento socialista, Horst Sindermann, «muro de protección antifascista». Alemania se encaminaba hacia su reunificación, que se firmaría finalmente el 3 de octubre de 1990.

Un error del ministro portavoz del régimen comunista de la República Democrática de Alemania, Günter Schabowski, quien no había acudido a la reunión del partido la noche anterior y cuya información se limitaba a una nota manuscrita del Jefe de Estado sucesor de Honecker, Egon Krenz, fue la causa de la apertura oficial de la frontera que separaba la Alemania libre de la sometida. Schabowski, encarcelado en diciembre 1999 junto a Krenz en la prisión de Hakenfelde en Spandau e indultado por el alcalde de Berlín en septiembre del año 2000, fue expulsado del partido comunista alemán SED y acabaría apoyando al partido de Helmut Kohl, la democristiana CDU.

Medios de comunicación y política en “Déjate de historias”

He tenido el honor de ser entrevistada por Mabel Mínguez en “Déjate de historias“. Aquí os dejo el programa completo. Hablamos, y mucho, de comunicación, medios y redes sociales.

Déjate de historias – Medios de comunicación y política – 13-05-2019