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Según leo, y no me sorprendo, Orbyt, la apuesta de El Mundo por las Nuevas Tecnologías -conste que al lado de El Mundo el resto, sencillamente, ni se ha enterado de qué va la cosa-, no ha sido el éxito que la empresa esperaba. Más bien, ha sido un fracaso. En su primer mes de vida y, pese a la campaña de lanzamiento, no ha superado el millar de suscripciones.

Algo similar le sucedió a Factual cuando quiso cobrar por contenidos , que es el empeño de los editores cuando ven los números rojos de su grupo. Pese a que “intelectuales”, “sociólogos” y “expertos” vaticinaban un éxito sin precedentes y se felicitaban por la iniciativa, el público le dió la espalda. Y no, no vale salir diciendo que “el público no está preparado” para contenidos tan “elevados”. Más bien estos empresarios , acostumbrados al mundo 1.0,  se montaron un producto de espaldas al público.  Vamos, que no entienden el libre mercado.

Ni Factual entonces ni Orbyt ahora, en mi opinión, ofrecen valor añadido alguno que hagan que yo, simple mortal, quiera pagar por leerlos. ¿Que tengo que pagar por leer la hemeroteca de El Mundo? Pues tiro de Google. ¿Que me ofrecen unos vídeos? Pues como sólo se suben varios millones al día a Youtube, paso ampliamente. ¿Que me cobran por noticias? Me voy a otro medio.

Tengo para mí que no tienen en cuenta que los intermediarios (los de la ingeniería social) en esto de la Red sencillamente han desaparecido y que están conectados directamente con cada uno de sus clientes. Porque para mí esa es la clave: persona a persona. Por eso grandes proyectos que deberían ser, según los “sabios” de toda la vida, un éxito, fracasan. Y pequeñas aplicaciones como Twitter en las que estos genios no reparan, triunfan.

Deduzco que en Unidad Editorial han escuchado consejos de un “comité de sabios” pero que no han escuchado las conversaciones que se producen en la red.

Si no, no habrían lanzado Orbyt tal y cómo es.

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