Este artículo lo publiqué en mi columna “Políticamente incorrecta” de Diario Siglo XXI

Cuando el estío da sus últimas bocanadas y las nubes aparecen en el horizonte, las madres hacen cola en la papelería con el fin de conseguir lo necesario para proteger los carísimos y normalmente inútiles libros escolares y los chiquillos se reúnen en grupos para comentar lo que fueron sus vacaciones de verano, arranca para muchos un nuevo curso. Un nuevo año. Años escolares y laborales que, empeñados en ir contra el calendario romano, comienzan en septiembre. 2010 será distinto.

Sin embargo, poco cambiará en la superficie, cosas de las apariencias. Belén Esteban, mérito propio por su espontaneidad, pese a quien le pese, seguirá reinando en las tardes televisivas y compartiendo programa con uno de los premios Ondas en mi opinión más merecidos de los últimos tiempos (qué gran profesional es Jorge Javier Vázquez); Lope de Vega llegará a las pantallas de los cines; los de la ceja seguirán a lo suyo, que es vivir a cuerpo de rey, Juan Carlos, a costa de parasitar; la Thyssen, nunca un “la” fue tan certero, y su hijo, a tortas a causa de la nuera; Isabel Pantoja llenará páginas y páginas del papel cuché por lo de la operación Malaya y los hijos de Junior seguirán a lo suyo, que es lo de su padre y de su madre. Lo mismo hasta se resuelve definitivamente el lío de Yvonne Reyes y Pepe Navarro. Sara e Iker, la pareja de la España actual, volverá a enfadarse al sufrir el acoso de la curiosidad humana. La ambiciosa Letizia, sus tacones, las broncas con las cuñadas y el suegro, del que me dicen no está tan bien como aseguran casi todos, y la hermana empleada municipal. Nada nuevo bajo el sol. Pan y circo, que no es el del denostado “Sálvame”, sino el del telediario. Eso sí que es telebasura.

Comienza, pues, el año y el otoño promete ser aún más caliente que el mes de julio: citas electorales en donde una parte de España se lo juega todo pero no lo sabe o no quiere saber, primarias en Madrid que pueden significar el principio del fin del líder o de un partido, presupuestos generales que, misterios de la clase política, no pueden ser prorrogados; paro y cierre de negocios; subidas de impuestos en el horizonte por el que se asoman ETA y la reedición del “proceso de paz”. El fin de un ciclo. El ciclo de la gran falacia. El Estado del Bienestar.

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