La ministra puede nombrar a quien le salga de los cojones”, respondía a Sus Señorías la atrabiliaria ministra de Sanidad, Leire Pajín, sin que su subordinada Bibiana Aído, otro genio socialista sin oficio ni beneficio, pusiera el grito en el cielo por tan sexista expresión.

Recurría a tan elegante prosa la ministra al ser cuestionada por nombrar para un importante y muy bien remunerado puesto de supuesta lucha contra la drogadicción a una amiga sin conocimiento alguno sobre el asunto. Pues bien, lo grave no es que doña Leire tenga razón porque en España para llegar a alto cargo, léase ministro o incluso presidente del gobierno, no haga falta, lo vemos cada día, preparación alguna. Leire Pajín podría haber justificado el nombramiento de su amiga con cualesquiera otras razones. Que si es muy competente, que si es adecuada para el cargo porque ha leído libros sobre el tema… cualquier estupidez hubiera bastado. Lo cierto es que la ministra, como el resto de compañeros de gabinete, de presidentes autonómicos, alcaldillos y ministrillos regionales pueden nombrar para miles y miles de puestos de libre designación a quien les apetezca.

Pero no. Leire quiso dejar claro el talante autoritario del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, su mentor, el que ha osado nombrar ministra de Sanidad a ésta dicen que socióloga de nula educación y peor preparación. El gobierno, vino a decir Pajín, hace “lo que le sale de los cojones”. Punto. Y al que no le guste, que arree.

¿Que el gobierno quiere sentarse en una mesa a negociar con ETA? Ahí tienen la foto de Patxi López, entonces Patxi nadie, junto a Otegui, ese hombre de paz. O las declaraciones de Zapatero sobre lo bien que iba la negociación horas antes de que ETA asesinara a dos inocentes en la T-4 de Barajas. O las togas que Conde Pumpido pensaba manchar con el polvo del camino y todos los caminos llevan a ETA ¿Que se congela la pensión a los jubilados? Pues se hurta el debate parlamentario con subterfugios legales. De eso no se habla. Y no se pongan tontos los medios de comunicación que la publicidad institucional y la concesión administrativa están muy bien como están. ¿Que no hay forma de llegar a un acuerdo (fracaso del diálogo social dirían los cursis) con los controladores aéreos? Pues se militariza (ilegalmente) al colectivo y se impone el estado de alarma. Porque al gobierno le sale de los cojones. Y ya.

¿Ley para qué? ¿Democracia para qué? Es la máxima de este gobierno de mediocres émulos del Caudillo al cual dicen detestar pero al cual, por sus formas dictatoriales, se parecen cada día más.

 

Artículo publicado originalmente en Diario Siglo XXI y reproducido con permiso de su autora.

 

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