Diario Siglo XXI

No salgo de mi asombro. Verán, conozco a gente sensata, con sentido común, bienintencionada, de la que tiene claro que el actual sistema español, incluso europeo, es la causa de la ruina de la clase media en lo económico y de cualquier atisbo de democracia en lo político. Gente de la que, como se dice por ahí, se levanta cada mañana para “levantar España” y que con frecuencia defiende causas justas. Gente que está hasta las narices de los cortoplacistas, demagogos y cada día más faranduleros políticos españoles. Y, sin embargo, no pueden evitar picar, una y otra vez, en las consignas facilonas de los amigos del colectivismo.

Lo hemos visto ayer en las calles de Madrid, Barcelona y otras 48 ciudades españolas. De la mano de organizaciones como ATTAC o Ecologistas en Acción, conocidas por su devoción por el socialismo disfrazado de neoreligión o bioideología, miles de personas salieron a la calle a denunciar la corrupción del sistema. De la partitocracia. Exigiendo democracia real.

Tienen razón. Hay que denunciar que en España no existe separación de poderes, que la democracia es una quimera incompatible con el parlamentarismo determinado en la carta otorgada de 1978 y que esto se va a pique (en realidad el proceso era inevitable al no existir democracia) por culpa de una clase política devenida hace ya tiempo en casta. Una España enferma de estatismo en que desde hace ya demasiadas décadas el régimen sencillamente va cambiando de vez en cuando algo para que todo siga igual. Y en esas estamos. En un cambio de régimen para mantener el régimen.

Pero hacer esta reivindicación exigiendo una vivienda “digna”, que es el adjetivo que sustituye a “gratis” (o sea, pagada por las clases medias vía impuestos) en el neo lenguaje de la izquierda más radical y buenista; la imposición de la socialista Tasa Tobin impulsada por una de las máximas figuras de la antiglobalización (o sea, del anticapitalismo, del anti-occidente) que es Ignacio Ramonet, es, simplemente, una barbaridad. Una utopía. Y las utopías bien sabemos porque así lo han demostrado los atroces totalitarismos del siglo XX que suenan bien pero acaban siempre igual. Por el contrario, va siendo hora de mirar al futuro con recetas del futuro y abandonar clichés de ideologías fracasadas en tiempos pasados. Por la cuenta que nos trae.

En resumen, lo de ayer es pretender apagar fuego con gasolina. Solucionar las consecuencias de una economía mixta no con libertad, sino con socialismo, que es esclavitud. Algo más propio del pasado siglo XX que del XXI en que vivimos. Vivan las caenas.

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