Publicado en Diario Siglo XXI el 6 de junio 
La noche electoral del 22 de mayo todas las miradas de quienes eran conscientes que allí Mariano Rajoy acaso se estuviera jugando su futuro inmediato se centraron en el resultado de Castilla-La Mancha. La victoria de María Dolores de Cospedal resultó inapelable y consolidó el liderazgo del gallego, discutido por los de siempre, al frente del centro-derecha español.Las políticas de la número dos de los populares (“mientras yo sea Presidente ella será Secretaria General”) serán espejo y la avanzadilla de las políticas que presumiblemente aplicará el PP cuando llegue al Palacio de la Moncloa. La vista seguía y sigue, pues, puesta en la tierra castellanomanchega. El 22 de mayo los socialistas recordaban cómo en 1995 y 1996 el PP decidió “pasar página”.

Por eso mismo no se lo esperaban: Cospedal no parece dispuesta a esconder bajo las alfombras el despilfarro y la corrupción, lo que está causando terror en un PSOE hace tiempo devenido en régimen en aquellos lugares en los que gobernaba desde 1978. A tal punto llega la cosa que Barreda, menudo demócrata está hecho, ha suspendido el traspaso de poderes en la Comunidad Autónoma. Autonomía cuya televisión pública, que será privatizada en cuanto pueda por una Cospedal que anuncia el cierre de entre el 50% y el 75% de las empresas públicas autonómicas así como la reducción drástica de altos cargos y asesores, sigue sin haber sido pisada por ella. Mientras, denuncian los populares, furgonetas cargadas de documentación abandonan despachos y oficinas. ¡Como si los funcionarios no estuvieran a filtrando a la velocidad de la luz las andanzas socialistas de los últimos 30 años en la tierra del Quijote!¡Como si la ruina pudiera ser ocultada!

En realidad el sentimiento de miedo debió de prender en los socialistas, acostumbrados a hacer lo que les da la gana sin tener que responder por las consecuencias de sus acciones, el día 23 de mayo pasado cuando desde Génova 13 se anunció la elaboración de auditorías en todos los ayuntamientos y Comunidades Autónomas recién conquistados. Fue la primera pista de que la cosa no iba a discurrir como en Ferraz pensaban podría suceder.

Mientras Zoido, próximo alcalde de Sevilla, declaraba que la polémica calle Pilar Bardem pasará al recuerdo y Mariano Rajoy presentaba un plan de austeridad, a Bono y Barreda, como a los alcaldes que pasarán a la oposición forzosa este mismo mes, les debían de temblar las canillas. Al andaluz Griñán poco le falta. Y ya veremos qué sucede en Extremadura, en donde IU se juega su futuro. De momento, desde el PP cuentan que la situación financiera de dicha Comunidad Autónoma es penosa. Para colmo de desdichas coloradas, miles de cargos socialistas, de los que llevan pastando en el erario público décadas han visto cómo sus sueldos prebendas pueden desaparecer de la noche a la mañana. La implosión del PSOE está garantizada. En Almería ya es un hecho.

Con Islandia, en donde han sentado en el banquillo de los acusados al presidente responsable de la ruina económica de la nación, al fondo, empieza a ser un clamor la exigencia de responsabilidades penales y patrimoniales contra los malos gestores. Del partido que sea, que en el PP tienen, sin ir más lejos, a Alberto Ruiz-Gallardón, artífice de la ruina de la capital de España.

Parte de este sentimiento de descontento hacia la casta política es el que recogía inicialmente el movimiento que dio origen al 15 M, ahora reconvertido por obra de la extrema izquierda y sus acampadas sin sentido, en circo de Sol. Con todo, cada vez es mayor el número de españoles que comentan en voz alta en bares y terrazas aquello que antes sólo se susurraba: hay que juzgar a quienes nos han arruinado. Deben pagar por ello, incluso con sus bienes. Deben devolver lo que le han esquilmado a las clases medias.

Sin lugar a dudas, algo está cambiando. La cuestión ahora es saber si el PP, el PSOE es un cadáver llamado a desaparecer entre peleas, ha tomado nota de ello.

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