“Mientras no se cambien las leyes injustas que han criminalizado a toda la ciudadanía nada habrá cambiado en cuanto al saqueo legal del bolsillo del personal. Por eso hay que seguir peleando”.

Tiempo habrá para ver en qué termina el espectacular despliegue policial del viernes pasado ordenado por el Juzgado nº5 de la Audiencia Nacional que ha liquidado de un plumazo la organizacíon privada más odiada por los españoles. Tan odiada, más que Hacienda, que la noticia del registro primero y de la detención de los miembros de la SGAE y sus familiares después, fueron recibidos por la inmensa mayoría de los españoles casi con la misma alegría que la victoria de la selección española de fútbol en el Mundial. Y no exagero en absoluto. Mucho cachondeíto. Ardían las redes sociales y pronto Teddy Bautista se convertía en trending topic mundial en Twitter. “Canta ante la Guardia Civil y te perdonamos los derechos de autor” era una de las chanzas más repetidas.

El que menos se esperaba su detención, sin duda, era el propio Teddy Bautista, personaje soberbio donde los haya. Al fin y al cabo él formaba parte importante desde hace más de 30 años del régimen. Su sentimiento de impunidad debía ser similar al de los imputados por los ERES en Andalucía. Tan por encima de la ley se creían que el mismo jueves, recién ganada para vergüenza de quienes votaron a los de Teddy horas antes en las últimas elecciones internas celebradas, la SGAE emitía una nota negando estar siendo investigada por la Audiencia Nacional y amenazando con una de sus habituales querellas a quien osara decir lo contrario. El último tweet de @sgaeactualidad rezaba textualmente: “Que no, que no, que la Audiencia Nacional no ha seguido actuación alguna frente a la SGAE”. Pues menos mal.

A estas horas Ángeles González-Sinde, quien pide para Bautista la presunción de inocencia que su totalitaria Ley Sinde niega a los ciudadanos, no ha asumido la responsabilidad política que sobre ella directamente recae por la culpa in vigilando de su Ministerio, responsable a través de una subdirección de la fiscalización de las cuentas de la SGAE. Cuentas que asociaciones y plataformas como Libertad 2.0 vienen exigiendo sean auditadas externamente desde hace años.

En el aire flota la incógnita del por qué ahora, casi cuatro años después de que varias asociaciones denunciasen ante la Fiscalía Anticorrupción la posible desviación de fondos presuntamente cometida por los directivos de la SGAE. En cenáculos madrileños de esos que suelen saber lo que se cuece se comenta que podrían haberse descubierto decenas y decenas de sociedades interpuestas, así como cuentas en paraísos fiscales y en Suiza (¿cuentas del HSCB?). Claro que también se cuenta que el tema habría estallado no a causa de la denuncia de los internautas, sino por lo que suelen estallar todas las corrupciones, piensen en Filesa o en Gürtel: porque alguien dejó de cobrar.

Suceda lo que suceda finalmente en sede judicial, y esa es la gran noticia, la hipócrita moralina de personajes como BautistaVíctor ManuelMiguel Bosé o Caco Senante se ha terminado. La SGAE jamás volverá a ser lo que era. ¿Cómo van a volver a acusar de piratas a los ciudadanos que se rebelan contra leyes injustas aprobadas al amparo de una ministra del ramo -del ramo de la SGAE- quienes están acusados de delitos societarios y apropiación indebida? Para piratas vosotros, les contestarán los ciudadanos.

Pero, y esa es la madre del cordero que conviene no perder de vista, mientras no se cambien las leyes injustas que han criminalizado a toda la ciudadanía, cual es el caso de la Ley Sinde o ese despojo legal que impone un canon digital declarado por la Audiencia Nacional arbitrario e indiscriminado cuando es aplicado a empresas, autónomos ó administraciones, nada habrá cambiado en relación al saqueo legal del bolsillo del personal que se viene alegremente perpetrando en España. Y por eso hay que seguir peleando. Ganaremos.

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