“Ten cuidado con lo que deseas, no vaya a convertirse en realidad. Eso debió de pensar Alfredo Pérez Rubalcaba nada más conocer la decisión de Francisco Campsde presentar la dimisión”

Ten cuidado con lo que deseas, no vaya a convertirse en realidad. Eso debió de pensar el pasado miércoles Alfredo Pérez Rubalcaba nada más conocer la decisión de Francisco Camps de presentar, obligado por Ricardo Costa quien a última hora se negó a declararse culpable, su dimisión tanto como presidente de la Comunidad Valenciana como de su puesto de presidente del PPCV. Dimisión inesperada que supone despejar por completo el camino hacia Moncloa a Mariano Rajoy.

Las aventuras y desventuras judiciales de los valencianos preocupaban y mucho en Génova 13, máxime después de conocerse que el juicio podría coincidir con la celebración de las próximas elecciones generales. Saben cómo se las gastan los del PSOE.

Sin embargo, ahora todo es diferente. El flamante sucesor de Rodríguez Zapatero tiene que ver cómo sus más cercanos colaboradores, quizá en otoño también el actual Ministro del Interior,Antonio Camacho, se sientan en el banquillo acusados nada menos que de colaboración con ETA. En paralelo, el PP ha eludido la tan temida fotografía del presidente de los valencianos subiendo las escaleras del TSJV. Lo cierto es que, siendo cualquier imputación motivo de inmediata dimisión que ya está bien de no diferenciar las responsabilidades judiciales de las políticas, no son comparables ambas acusaciones. Camps está imputado por una falta en relación a tres trajes que le fueron regalados por uno de los imputados del Gürtel, mientras que los socialistas se sentarán en el banquillo por gravísimos delitos. Quizá por lo más grave que ha sucedido en España en las últimas décadas. Camps irá a juicio. Dicen en los cenáculos madrileños que Rajoy le ha prometido al pío ex todo valenciano la embajada ante la Santa Sede caso de ser absuelto. Sería lo menos, teniendo en cuenta el apoyo que Camps prestó a Rajoy cuando aquél congreso búlgaro le mantuvo al frente de los populares. Eran los tiempos en que AguirreGallardón, las dos almas del PP, se aprestaban a liquidar al gallego. Ahora ambos aspiran a obtener un sitio junto a Rajoy en el consejo de ministros.

Griñán y Chaves lo tienen difícil para explicar por qué no se han producido dimisiones en relación con el escándalo de los ERES. Hasta Tomás Gómez debiera de tener complicado ahora justificar el mantener en su puesto en el PSM a su número 2 y mano derecha, Trinidad Rollán, condenada por prevaricación. ¿Qué decir de Eguiguren, presidente del PSE, condenado como maltratador?

Una vuelta a la tortilla en toda regla, que si el PP manejara bien podría convertirse en un boomerang mortal contra un PSOE en horas bajas, tan acostumbrado a denunciar corrupciones ajenas y permitir e incluso amparar las propias.

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