Más de 190 diputados para el Partido Popular, menos de 125 –récord a la baja de Joaquín Almunia– para el PSOE. Es el resultado que arroja la última encuesta electoral publicada ayer mismo por el diario “El Mundo”. Sendas encuestas hechas públicas por La Razón y La Vanguardia van en la misma dirección: la diferencia entre los populares y los socialistas no deja de crecer día tras día. Y eso que las preguntas fueron formuladas antes de conocerse las con reminiscencias de película de Francis Ford Coppola aventuras y desventuras del Ministro de Fomento, José Blanco en gasolineras gallegas. Episodio chusco donde los haya que ha puesto de manifiesto la descoordinación interna del PSOE y su nula política de comunicación. ¡Quién los ha visto y quién los ve! Mientras Alfredo Pérez Rubalcaba esconde las rojas siglas de su partido, disfrazando el fondo de su escenario de azul “nube-Zapatero” y sus propuestas son matizadas casi inmediatamente por su propia gente, Mariano Rajoy camina triunfante, quizá demasiado, hacia el Palacio de la Moncloa. Incluso se ha permitido el gallego el lujo de utilizar este pasado fin de semana un lema similar al usado por Felipe González en 1982. El cambio. Es, al fin y al a postre, lo que los estudios demoscópicos dicen tienen decidido los españoles. De ahí que, en opinión de muchos, la victoria del PP sea inevitable por mucho que Rubalcaba se guarde en la manga el as de un comunicado de ETA que, aunque lo anuncie para presionar el señor del árbol y las nueces, Arzalluz, no acaba de llegar. La implosión de la socialdemocracia ó Estado del Bienestar a la que está asistiendo una desconcertada Europa resultará casi con total seguridad definitiva en la derrota del socialismo patrio.

Este pasado fin de semana tuvo lugar en Málaga en forma de Convención el pistoletazo de salida de los populares. Cónclave andaluz lleno de optimismo, casi euforia. Muy contento se podía ver por los pasillos al alcalde la capital, Alberto Ruiz-Gallardón, quien tuvo un papel destacado en el evento. Se sabe ministro. O eso dicen.

El líder del partido de la gaviota no se comprometió a casi nada concreto, aunque se conocieran propuestas como la pena de cadena perpetua revisable para delitos especialmente cruentos, pero esbozó la gran diferencia de su futuro gobierno con respecto a los gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, el de la memoria histórica: gobernar para todos. A ver si es verdad. Si de paso nos cuenta el diagnóstico del enfermo, que anda muy pachucho, mejor que mejor. De la crisis de sistema en que nos encontramos sólo saldremos con esfuerzo y tesón. Con un gobierno que en lugar de tratarnos como a tiernos infantes nos diga la verdad. Y actúe en consecuencia.

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