Imaginen un país civilizado, democrático. Imaginen también que tiene la desgracia de tener entre su ciudadanía a un energúmeno, que, entre otras lindezas, considera “degenerados” a los gays, pide echar “insecticida para las ratas españolistas” y termina deseando que a un rival político, diputado en un parlamento regional, le peguen un tiro en la nuca.  Además, tendría por costumbre ir por ahí amenazando al personal.

En un país normal este sujeto habría tenido que responder ante la Fiscalía por sus amenazas de muerte y sería un apestadillo social.

En España acaba en el parlamento catalán trabajando, a costa del erario público, en el gabinete de prensa del partido Solidaritat.

Así está el periodismo. Así está España.

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