“Reducción de burocracia, eliminación de trabas al empresario y libertad. Es la clave para una recuperación económica que a día de hoy se antoja muy complicada”

Magnífica aunque tardía la medida anunciada por el gobierno regional de Esperanza Aguirre de liberalizar el comercio (libertad absoluta de horarios y días de apertura) e implementar un permiso exprés que permita al empresario abrir un comercio sin tener que estar dos años esperando a que el ayuntamiento de turno le otorgue la licencia de apertura. Lo de la licencia traerá cola, puesto que el retraso en la concesión de licencias era el caldo de cultivo, a nadie se le escapa, para la corrupción.

Reducción de burocracia, eliminación de trabas al empresario, ahora llamado emprendedor, y libertad. Es la clave para una recuperación económica que a día de hoy se antoja muy complicada.

Ni qué decir tiene que la izquierda demodé, que es la misma que se opuso a los colegios bilingües en su día y ahora a que el profesorado imparta una hora lectiva más, ha puesto el grito en el cielo. A buen seguro acusarán a Aguirre de querer acabar con el pequeño comercio a favor de las “grandísimas, enormes y malvadas” multinacionales, esta vez disfrazadas de grandes superficies. Es el discurso anticapitalista habitual, que suele ser seguido por aquellos amigos del deporte de contemplar las nubes desde la hamaca y que se horrorizan ante la perspectiva de que otros trabajen y se lleven a la clientela. Es el discurso de los que quieren prohibir la competencia, es decir, la economía de mercado. Les gusta lo planificado. Cuba.

Lamentablemente, por poner un pero, la medida anunciada por el gobierno madrileño impone restricciones severas a los comercios que cuenten con una superficie superior a los 750 metros cuadrados. Una pena. Lo de abrir cuando quiera el propietario ha sido pensado para el pequeño y mediano comercio, cuyos representantes sindicales, como era de esperar, han puesto el grito en el cielo. Trabajar en domingo sería la esclavitud, proclaman sin sonrojarse. Otro argumento al que recurrirán será la consabida “explotación laboral” que tanto desean cinco millones de parados. La creación de empleo les importa un colín. No sorprende.

En todo caso, la medida resultará atractiva no sólo para el turismo sino también para los habitantes tanto de Madrid como de las comunidades limítrofes, quienes a buen seguro se desplazarán para comprar en domingo o un viernes a medianoche. A los vecinos, tomen nota María Dolores de Cospedal ó Juan Vicente Herrera, no les quedará otra que seguir la estela de la Comunidad Autónoma más próspera de España.

En el fondo, y es lo importante, era cuestión de libertad. Ya está bien de consentir que los políticos y sindicalistas, que son una y la misma cosa, sean quienes nos digan qué días debemos trabajar. Que es algo, por cierto, que muchos de ellos desconocen.

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