“El por los políticos denostado boicot es un ejercicio que debiera ser practicado con asiduidad por los votantes de esa máxima democrática detestada por los liberticidas llamada mercado, que son los consumidores. Al fin y al cabo, en el caso que nos ocupa, la solución es tan sencilla como cambiar de canal y dejar de comprar los productos que patrocinan el programa.”

Son una decena las grandes marcas que han decidido hacer caso al llamamiento efectuado por los ciudadanos desde las redes sociales y retirar su publicidad del programa “La Noria” de Telecinco. Lo que según Jordi González, quien sigue empeñado en no enterarse qué es eso de Twitter, empezara como una idea de un “aficionado al marketing”, podría suponer la ruptura del modelo de negocio de la cadena de Paolo Vasile, Silvio Berlusconi y las Mamachichometoca.Después del paso por el mencionado show de personajillos del lumpen ligado a terribles sucesos, como la insufrible Violeta Santander, o de que los padres de Sandra Palo o Mari Luz Cortés fueran insultados por la siempre vociferante María Antonia Iglesias, los de González se superaron a sí mismos al desembolsar entre 9.000 y 10.000 euros para tener en plató a la madre de El Cuco, menor involucrado en la violación y asesinato de Marta del Castillo.

Parte de la sociedad civil española, hasta el cogote de los de siempre y lo de siempre (en el fondo se intuye el desmoronamiento de la socialdemocracia y existe un cierto hartazgo hacia el nihilismo), no pudo más. Demasiada basura acumulada en los últimos tiempos. Jordi González trataba este mismo fin de semana de ocultar la bajeza moral de su programa detrás de la libertad de expresión, justificando así el no-periodismo basura, el cotilleo de mal gusto, la chabacanería disfrazada de corrección política, el chapoteo en sangre ajena escondido detrás de supuesto interés público. Allá él. Los boicoteadores como es lógico no se enteraron. Y la retirada de publicidad ya es un hecho.

Para los directivos de Fuencarral, cosa bien sabida, lo único que cuenta es la audiencia. El fin, traducido en beneficios, justifica los medios. Naturalmente que esta forma de gestión de un medio de comunicación, por muy escandaloso (o no) que resulte, es perfectamente legítimo y en ningún caso debe ser impedido o prohibido. La libertad por encima de todo. No seré yo quien venga a pedir la existencia del CAC o cualquier otro organismo similar de censura.

Cuestión diferente es cómo debería reaccionar el respetable en una sociedad abierta y sana. El por los políticos denostado boicot es un ejercicio que debiera ser practicado con asiduidad por los votantes de esa máxima democrática detestada por los liberticidas llamada mercado, que son los consumidores. Al fin y al cabo, en el caso que nos ocupa, la solución es tan sencilla como cambiar de canal y/o dejar de comprar los productos que patrocinan el programa.

En estos momentos en las redes sociales se está efectuando un llamamiento a hacer boicot a Telecinco los próximos días 15 y 16 de noviembre como medida de protesta. Si fuera un éxito la ciudadanía habrá dado una lección democrática a la cadena del magnate-cantante italiano. Veremos qué sucede.

Anuncios