“Tanto Zapatero como Rubalcaba se escoraron peligrosamente hacia la izquierda más radical y esa ha sido la clave de su fracaso.”

Menudo carajal hay montado en el PSOE. Te acercas a unos y te susurran que Carmen Chacón, la niña de Felipe por la que González no apuesta y que aspira a mandamasa, ni siquiera es del PSOE, que es del PSC. Otro partido, alegan para justificar que sería una barbaridad elegirla como Secretaria General. Y se regodean recordando el batacazo catalán del pasado domingo. La pronosticada victoria que no se produjo era el argumento de la aún ministra de Defensa con casoplón en el Caribe y se ha quedado sin él. Otros te dicen que Pérez Rubalcaba está más que amortizado, que su derrota ha sido la clara muestra de que no convence y que una vuelta al felipismo, al pasado al fin y al cabo, sería un error. Que hay que mirar hacia delante. Patxi López ha quedado también descartado. El golpe electoral vasco, a manos de Amaiur, no ha sido menor. José Bono, entre hípica e hípica, enreda cuanto puede. No desiste de lograrlo por más que su retoño ande largando a la prensa rosa que papá se quiere retirar. Y se llena la boca con la palabra España, la nación discutida y discutible según José Luis Rodríguez Zapatero. Éste se resiste a acelerar el traspaso de poderes, pese a que resultaría de lo más beneficioso para todos. Resistir hasta el final, parece ser su consigna. Pretende tutelar su sucesión al frente de un partido cuyos militantes le han dado la espalda y no lo pueden ni ver. Que sus intereses personales se lleven por delante lo poco que queda sano de nuestra economía le importa muy poco.

Varios movimientos destinados a consolidar al que fuera ministro del Interior cuando se produjo el chivatazo en el bar Faisán han sido desactivados esta misma semana. Rubalcaba medita, dicen los suyos mientras filtran la cantidad de apoyos y peticiones que le estarían llegando a su despacho de Ferraz. José Blanco sabe y no contesta. La juerga total se desató cuando alguien anunció que Bibiana Aído podría aspirar a dirigir los designios del partido que fundara hace ya demasiado tiempo Pablo Iglesias.

No estaría mal su desaparición y reemplazo por una izquierda socialdemócrata homologable a la europea. UPyD acecha. En realidad el espacio de la socialdemocracia lo han ocupado principalmente el Partido Popular de Mariano Rajoy (se ha llevado un 15% de votos anteriormente socialistas) y la formación magenta de Rosa Díez, estos días empeñada en mirar hacia otro lado en la aplicación de la Ley para conseguir grupo parlamentario propio. Se juegan la pasta. Comerse ese espacio de centro izquierda no ha sido difícil para los de Rajoy: tanto Zapatero como Rubalcaba se escoraron peligrosamente hacia la izquierda más radical y esa ha sido la clave de su fracaso. La campaña de Rubalcaba, la pelea, no era más que otro guiño a los extremistas. El centro-izquierda ha salido huyendo.

Hace tiempo que el PSOE ha quedado reducido a un partido amigo de minorías radicales y experimentos varios de ingeniería social. De ahí que Bono afirmara que le preocupa más qué partido quieren que quién se pondrá la frente. Razón no le falta.

Otrosí No sólo hay bronca en el PSOE. Esperanza Aguirre ha cesado a su Secretario General, Francisco Granados, después de arrasar electoralmente en Madrid. Las diferencias con Ignacio González y la victoria de Rajoy, en cuyo gobierno podría recalar el ex alcalde de Valdemoro, habrían sido los detonantes. En el horizonte, el próximo Congreso Regional del PP, a celebrar inmediatamente después del Nacional.

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