“Hacer hacer público quiénes formarán parte del equipo que tendrá que tomar las riendas de la comatosa economía española un mes antes de que lo hagan sería poco menos que suicida”

Le piden, casi le exigen, que haga público su ejecutivo. Mariano Rajoy, próximo presidente del gobierno si así lo decide una mayoría de los diputados electos, calla y avisa: el primero en conocer la composición del gabinete será el Rey.
Así pues, todo lo que estamos leyendo en estos días en medios, quinielas para todos los gustos, es meramente especulativo. Filtraciones interesadas y en muchos casos obra de los propios interesados. Los críticos con el marianismo, toda la izquierda y parte de la derecha, le reprochan al líder del centro-derecha español estos días, escudándose en los normalmente malvados y culpables mercados, que desvele quiénes serán sus ministros y qué medidas piensa adoptar nada más llegar al poder.

Simplona trampa. En primer lugar, resulta que el Partido Popular desconoce cuál es situación real de las cuentas públicas. Presienten, que se lo pregunten a María Dolores de Cospedal o a numerosos alcaldes recién llegados que se han encontrado verdaderos agujeros negros, que la cosa va a ser tremenda. Mucho más de lo que la mayoría imagina.

Por otro lado, hacer público quiénes formarán parte del equipo que tendrá que tomar las riendas de la comatosa economía española un mes antes de que lo hagan sería poco menos que suicida. ¿Se imaginan a Rajoy anunciando que tales o cuales personas serán ministros para que la oposición, los indignados, los indignantes, los de verde, los sindicalistas y demás flora y fauna puedan despedazarlos a gusto antes de que tomen posesión del cargo? Los habituales voceros de la izquierda se pondrían inmediatamente a publicar sesudos artículos indicándole a los aún no llegados lo que deben de hacer, aunque nada tenga que ver el interés del vocero con el programa electoral que ha resultado vencedor de las elecciones. Además, habría alguien a quién culpar en caso de que la economía española, que Rodríguez Zapatero ha dejado en peor estado que a su tambaleante partido, no aguantara hasta las próximas navidades, que es cuando Mariano Rajoy será nombrado. No olviden que el presidente del gobierno actual, el responsable político actual, es un tal José Luis Rodríguez Zapatero, el mismo que utiliza el Consejo de Ministros para indultar a banqueros.

Imaginen que Rajoy decidiera anunciar mañana mismo las medidas que adoptará nada más llegar a Moncloa. Pongamos como ejemplo que la primera de ellas fuera el más que necesario adiós a los convenios colectivos. La madrileña Puerta del Sol se vería inmediatamente tomada por tiendas de campaña de Decathlon llenas de gente decidida a pisotear el Derecho, que es consustancial a la Libertad, así como las normas básicas de urbanidad. Y todo ello mientras que la delegada del gobierno, fiel sirvienta del mayordomo de Rubalcaba, mira hacia otro lado. La prensa, por supuesto, daría alas, altavoces, micrófonos y páginas enteras en los diarios a los que niegan la democracia. “Nos nos representan”, asegurarían refiriéndose al gobierno aún no nombrado. Algaradas continuas que provocarían aún más desconfianza en nuestra economía, manifestaciones perpetuas, oposición totalitaria del tipo “nunca mais”. Y si hace falta, hundimos otro barco, que dijo aquél.
Y todo ello antes de que el PP llegase al poder. Precisamente eso es lo que pretenden: deslegitimar al próximo gobierno antes de que tome posesión. Pero Rajoy no ha picado.

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