“Es más que probable que en 2013 España tenga que enfrentarse al desafío de tener en el País Vasco a un Lehendakari de ETA”

Grupo parlamentario propio o, lo que es lo mismo, dinero y altavoz para la propaganda. Es lo que anda buscando el brazo político de ETA en el Congreso de los Diputados. La estrategia pasaría bien por separar al diputado obtenido por Navarra de los cinco diputados salidos de las provincias vascas (muy improbable teniendo en cuenta las alucinadas reivindicaciones sabinianas) o bien por contar con el apoyo de otros grupos parlamentarios nacionalistas. En todo caso y afortunadamente, el Partido Popular parece tener muy claro que hará cuanto esté en su mano para intentar evitar la consecución del objetivo de los amigos de los de las pistolas y el tiro en la nuca. “Ley y Estado de Derecho”, aseguró Mariano Rajoy en referencia a los asesinos en campaña electoral. Amén.

Empero, ETA ha ganado recientemente una nueva batalla. En realidad lleva ganándolas desde que el PSOE decidiera comenzar eso que los cursis llaman “proceso de paz” (ahora “gestión de la paz”) y que no es otra cosa que la rendición de lo que queda del Estado de Derecho. Rendición posiblemente acordada en Perpiñán que tiene como único fin la sustitución del régimen constitucional de 1978 por otro en el cual cualquier alternativa electoral al PSOE, que establecería alianzas con el resto de partidos nacionalistas-socialistas al modo del extinto tripartito catalán, jamás podría alcanzar el poder. La crisis económica, sin embargo, ha destrozado momentáneamente el sueño enloquecido de José Luis Rodríguez Zapatero.

Las elecciones generales han resultado ser unas primarias del nacionalismo vasco en las que ETA ha derrotado al PNV. Se acabó lo de agitar el árbol y recoger las nueces. El bocado de Adán ha sido recogido por los de la capucha que sueñan con una Corea del Norte vasca. Es más que probable que en 2013 España tenga que enfrentarse al desafío de tener en el País Vasco a un Lehendakari de ETA. Arnaldo Otegi aspira. Por otra parte, el trasvase de votos del PSE, constitucionalista hasta la defenestración de Nicolás Redondo, a Amaiur es más que preocupante. Revela la anestesia moral de una sociedad enferma, nihilista y cobarde, machacada por décadas de opresión terrorista, capaz de salir a la calle para exigir que no se haga Justicia a las casi mil víctimas del odio nacionalista-marxista.

Este próximo 7 de enero los amigos de los criminales saldrán a las calles de Bilbao a exigir la reagrupación y posterior amnistía de los presos. No podía ser de otra forma después de haber colocado en Moncloa a un individuo capaz de calificar como “accidente” el asesinato de dos inocentes en la T-4 de Barajas. A un individuo que habla en batasuno. Desde el partido del socialista gobierno vasco, por supuesto, han salido inmediatamente al quite presionando al PP para que ceda ante las pretensiones etarras. “Lo normal es que un preso de ETA pueda ahora ser tratado como un preso más”, afirman desde el PSE. Y no se refieren a enchironar a Txapote en un chabolo junto a presos comunes.

Ando estos días preguntándome si Patxi López, a quien le encanta fotografiarse junto a los bárbaros, acudirá a la convocatoria de Amaiur. Sorprender no sorprendería. Lo mismo Antonio Basagoiti seguiría prestando su apoyo a tan mezquino gobernante.

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