“Rubalcaba representa el pasado y Chacón un más de lo mismo”.

Bronca pública disfrazada de pomposos manifiestos. Los de Carmen Chacón se han lanzado a degüello contra la gestión del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Como si la mujer de Barroso no hubiera formado parte importante del mismo; como si ella no fuera heredera del zapaterismo de los cinco millones de parados y la crisis política; como si ella no hubiera sido una más en el grupo de los nefastos ministros de la ingeniería social, la negociación con ETA y la hecatombe económica. Los de Alfredo Pérez Rubalcaba, en el papel de indignados, contraatacan denunciando la hipocresía de quienes, como él, fueron silentes cómplices en el desaguisado y ahora parece pretenden borrar el pasado reciente. Secretarios de Estado cesantes abundan entre los firmantes en apoyo a Rubalcaba. Y de su propia gestión.

Lo más rocambolesco del asunto, cómo no, el propio Zapatero. Y es que ZP, quien pretende tutelar su propia sucesión, sigue sin dimitir y asumir su responsabilidad en el fracaso mientras ejerce en apoyo… ¡de sus supuestos críticos! Una tomadura de pelo monumental. Una estafa en toda regla.

¿Dónde está la democracia interna de la que tanto presumen en la formación que fundara Pablo Iglesias y cuya falta tanto achacaron al PP cuando aquél congreso a la búlgara de Valencia que supuso la renovación de Mariano Rajoy como líder del centro derecha? ¿Cómo es que nadie en el PSOE osa alzar la voz y denunciar la realidad? ¿Cómo es que nadie exige la dimisión inmediata de toda la Ejecutiva y una verdadera renovación del partido? ¿Por qué tanto Chacón como Rubalcaba siguen tomando por lelo al personal y niegan estar liderando candidatura alguna e incluso saber más que el resto de los manifiestos?

Más grave: ¿hay acaso banquillo socialista? Porque, no nos engañemos, Rubalcaba, el preferido por el felipismo, ha sido perejil en todas las salsas desde hace décadas y por ello representa el pasado (y, por tanto, la decepción), mientras que la autoproclamada niña de Felipe, responsable de la derrota histórica del PSC el pasado 20 de noviembre, supone un “más de lo mismo”, la continuidad de la vacuidad intelectual. Ambos están condenados a fracasar. Debate ideológico, algo complicado para quienes siguen defendiendo recetas anticuadas propias de siglos pasados, apenas existe. Se discuten los nombres, no las ideas.

Si el fratricida enfrentamiento entre ambas facciones continúa el PSOE podría incluso fracturarse. Felipe González empieza a estar seriamente preocupado.

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