“¡Exigir responsabilidad un político! ¡Jamás de los jamases! ¡Y penal! ¡El acabose! ¿Qué se han creído estos del PP?”

Interesante medida la anunciada hace unos días por Cristóbal Montoro: el político que se salte la estabilidad presupuestaria, que siga derrochando nuestro dinero como si fuera el suyo, podría incurrir en responsabilidades penales. Es decir, que como cualquier mal gestor privado el gestor de lo público deberá responder por sus actos. El gobierno lo incluirá en una futura Ley de Transparencia. Se trata de cumplir una promesa del programa electoral con el que Mariano Rajoy concurrió el pasado 20 de noviembre a las elecciones.

Ni qué decir tiene que el anuncio, sin duda hecho con la intención de ponerle las cosas bien claritas a los señores de los reinos de Taifas en vísperas del Consejo de Política Fiscal, ha causado un revuelo monumental. Barullo que ayuda a clarificar ante los ojos de la opinión pública cuál es la pretensión real de buena parte de la clase política española.

Los paganinis habituales, que son los españolitos de a pie, esos que se levantan a las seis de la mañana para sacar a su familia adelante y a los que la clase política lleva saqueando décadas para mantener el socialdemócrata Bienestar del Estado, celebran la propuesta. Escepticismo, conste, hay a raudales. Somos muchos los que no acabamos de creernos que el Partido Popular esté dispuesto realmente a meter en cintura a los manirrotos y nos tememos que Montoro pueda ser rectificado por su propio partido. Piensen en la Comunidad Valenciana, que está en quiebra y no precisamente por una mala gestión de la izquierda. Ya era hora, afirma la inmensa mayoría en las redes sociales. Un acierto que viene a taponar la vía de agua abierta en el buque popular después de que decidieran arrojar por la borda toda la ortodoxia económica que llevaban defendiendo desde hace décadas.

Empero, los políticos de la izquierda van por otro lado. Patxi López, jefecillo de taifas mientras no se convoquen elecciones regionales vascas, se pregunta fingiendo indignación que si acaso Cristóbal Montoro pretende meter en prisión a “medio PP”. Como si a él eso le preocupara. No engaña a casi nadie. El argumento resulta demasiado infantil. Alfredo Pérez Rubalcaba por su parte declara campanudo que la “ocurrencia” no llegará ni al próximo viernes, día del Consejo de Ministros. Gaspar Llamazares, entre falta de respeto y falta de respeto a la independencia del poder judicial a las puertas del Tribunal Supremo, pone el grito en el cielo. Los nacionalistas, acostumbrados a gastar en construir país mientras arruinan a sus súbditos, se desgañitan mostrando su oposición. ¡Exigir responsabilidad un político! ¡Jamás de los jamases! ¡Y penal! ¡El acabose! ¿Qué se han creído estos del PP?

Lo que causa los desvelos de todos ellos no es la preocupación de Patxi López por los despilfarradores del PP, que son legión. Sí que los españoles se caigan del guindo y descubran que esa máxima socialista que tan bien sintetizó Carmen Calvo, a la sazón inculta ministra de Cultura del PSOE, cuando afirmó aquello de que “el dinero público no es de nadie” es la gran mentira que nos ha llevado a donde estamos.

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