Dice Carmen Chacón que en el PSOE no hay bronca, lío o división. Que lo que hay es libertad. Curioso concepto de libertad el de doña Carmen, la del apoyo al liberticida Estatuto de Cataluña. Y es que resulta que, por mucho que la experta en Quebec quiera disimular, los socialistas están metidos en una disputa fratricida entre el felipismo, encarnado por Alfredo Pérez Rubalcaba, y el zapaterismo de la señora de Barroso. Pelea descarnada por el poder. Sin más. El debate de ideas de cara al Congreso de los socialistas es, sencillamente, inexistente. Las poquísimas recetas que se ofrecen son las de siempre. Las del siglo XIX. El “qué hay de lo mío” es, en el peor momento de un partido que perdió el pasado mes de mayo casi todo su poder territorial para ser posteriormente barrido del gobierno por los españoles un 20 de noviembre, el leit motiv de casi todos.

El País Vasco, gobernado por el rubalcabista Patxi López, volverá a manos del nacionalismo oficial en cuanto se celebren los comicios. Todos lo dan ya por descontado. En Andalucía podría producirse el vuelco histórico que ya se produjo en Castilla-La Mancha y Extremadura. Aunque, y pese al escandalazo de los ERE y la división interna de los socialistas, el error de Mariano Rajoy manteniendo y subiendo los impuestos ideológicos, echándose en brazos de la socialdemocracia, así como su nefasta política de comunicación, podrían dejar a los populares sin mayoría absoluta en el último momento. En Génova nadie se atreve a cantar la victoria del democristiano y todopoderoso Javier Arenas.

Este fin de semana los socialistas han elegido, en algunos casos entre reproches, a los delegados que votarán a su vez al nuevo Secretario General del PSOE en lo que denominan “congresillos”. Sorprendentemente el resultado es incierto. Los equipos de ambos candidatos, acostumbrados a la propaganda, se han adjudicado la victoria. Lo cierto es que los de Rubalcaba no las tienen todas consigo. Hace tiempo que ventean que el zapaterismo, el mismo proyecto político que ha dejado al PSOE con los peores resultados de su historia reciente y posiblemente abocado a su desaparición a medio-largo plazo, podría seguir instalado en Ferraz. Sería el fin de la formación que fundara Pablo Iglesias. Qué pena.

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