“En realidad el PSOE, partido genuinamente representante del sistema, no tenía más salida que encerrarse en sí mismo. Atrincherarse para tratar de resistir el frío invierno.”

Susto o muerte. Aparato del partido o demagogia tontiprogre. Checa o ceja. Tal era la elección a la cual se enfrentaron el pasado sábado los 956 delegados del PSOE. Los principios, el debate de ideas, brillaron por su ausencia. Complicado debate cuando estamos asistiendo en todo el mundo civilizado a la implosión de la socialdemocracia, al fracaso del llamado Estado del Bienestar. El PSOE ya nada tiene que ofrecer. Son ya parte del problema. Incluso el feminismo, cuyos movimientos han quedado seriamente dañados a causa de la guerra entre el zapaterismo y la vieja guardia, ha quedado demodé.

Chacón, quien se llegó a creer que era, no se quiso enterar. Siempre lo tuvo muy difícil y de ahí que su 49% pueda ser considerado todo un logro. Mientras que Rubalcaba representaba al aparato del partido –PRISA inclusive-, verdadero núcleo del poder en las partidocracias, y era respaldado por éste sin fisuras (en la batalla entre Bono y Zapatero el aparato estaba dividido), Chacón sólo ofrecía marketing y el blog de Escolar. Muy poco. En realidad el PSOE, partido genuinamente representante del sistema, el consenso en su más puro estado, no tenía más salida que encerrarse en sí mismo. Atrincherarse para tratar de resistir el frío invierno. Reconocer que sus ideas son las que han fracasado y que hay que cambiarlo casi todo supondría la caída de todo el entramado. Del Estado de Partidos. Algo que tampoco el PP parece dispuesto a asumir.

Lo que se dirimió en Sevilla nada tenía que ver con propuestas, programas o ideas. Lo que se decidió es quién ostentará el poder, descarnado poder, al menos durante los próximos meses, en el seno de la formación que un buen día fundara Pablo Iglesias. Y ello poco después de que el PSOE obtuviera el 20 de noviembre los peores resultados de los últimos 30 años, después de perder todo el poder territorial en las elecciones municipales y autonómicas del pasado mes de mayo. Ocho años de un gobierno de irresponsables que ha llevado a España a la mayor crisis económica y política de su reciente historia fueron el motivo de la debacle. Por más que ZP y sus descerebrados zapateritos no fueran causa sino consecuencia y su ineptitud simplemente acelerase la desde 1978 inevitable quiebra del sistema.

Es más que posible que la histórica formación esté ya enfilando el camino hacia su desaparición. Ni el PP va a poder salvar al PSOE. El grupo parlamentario propio del PSC podría ser en los próximos tiempos algo más que el deseo de la parte más nacionalista socialista del PSOE. Error de Felipe González, quien entregara el PSOE al PSC (Aznar repetiría el error al decapitar a Vidal Quadras y convertir al PPC en una sucursal de CiU, por lo que a la larga seguirán el mismo camino que los socialistas).

El espacio electoral de la socialdemocracia moderada ha sido ocupado por el PP de la subida de los impuestos ideológicos, las subvenciones al cine y el mantenimiento del fracasado sistema educativo. Un poco más a la izquierda, federalismo inclusive, acecha UPyD. Para los más radicales ya está IU. Mientras que los más “verdes” se han organizado alrededor de Equo, la formación eco-socialista de nuevo cuño que sin duda ascenderá electoralmente en los próximos años.

A España, además, no le hace falta otro partido socialdemócrata en el momento en que dicha ideología se derrumba. Cuestión distinta sería una escisión liberal. Pero eso es impensable desde la izquierda española. Habrá que esperar a ver qué hace el PP.

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