A escasas horas del fracasado, y cínico, ensayo sindical del 11 de marzo , y en vísperas de la huelga general del 29 de marzo, convocada contra una reforma laboral que les hará perder cientos de millones de euros y buena parte del poder, el líder de CCOO, Ignacio Fernández Toxo, preguntado por la posibilidad de que los sindicatos se financien, como sucede en Alemania, de las cuotas de sus cada vez más escasos afiliados, se descolgaba con unas declaraciones en las que pedía una casilla en el IRPF junto a la de la Iglesia Católica para la financiación sindical. La ironía del señor Toxo es aparente. Por una parte, está sugiriendo una manera de salvar los muebles ante lo que debe pensar que puede venírseles encima; por otra, es una señal de que los funcionarios sindicalistas empiezan a vislumbrar que se han ido asentando en las mentes de la mayoría ideas de cambio, críticas u opuestas a las establecidas. No en vano, decía Ortega que la auténtica revolución está hecha previamente en las cabezas. Posiblemente incluso en la del señor Toxo, beneficiario del sistema de poder establecido. (Sigue leyendo…)

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