“Mientras que en 2008 el PP obtuvo 1.730.154 votos, ayer (al 99.9% escrutado) se quedaba en 1.567.207 sufragios. Un varapalo monumental”

Qué gran oportunidad perdida, lloran los ganadores. Saben que posiblemente el PP no lo vuelva a tener tan fácil en Andalucía. Aún así, mientras que en 2008 el PP obtuvo 1.730.154 votos, ayer (al 99.9% escrutado) se quedaba en 1.567.207. Es decir, que el PP, en el momento más dulce de su historia andaluza, perdía casi 200.000 sufragios. Un varapalo monumental. Posiblemente algo tenga que ver en ello el candidato, quien ayer mismo puso su cargo a disposición de Mariano Rajoy. La cosa, además, se amplifica si tenemos en cuenta que Javier Arenas es uno de los capitostes de Génova, si no el mandamás. Lo que anticipa duro enfrentamiento interno. Vayan cogiendo las palomitas. Lo peor del asunto: el próximo gobierno PSOE-IU anticipa dificultades graves para el gobierno central y sus reformas.

Por otra parte, el castigo sufrido en Asturias, en donde los populares se tuvieron que volver a conformar con ser tercera fuerza política, pone de manifiesto su error de análisis, además de lo absurdo de haber forzado la salida del partido de quien fuera su Secretario General. Si ahondar en la equivocación fue la provocación de nombrar delegado del gobierno al feroz enemigo de Cascos, el nombramiento Mercedes Fernández, por lo que tiene de balsámico para el centro-derecha asturiano, ha sido un acierto. En todo caso, más les vale dejarse de tonterías y apoyar a Francisco Álvarez Cascos.

Pero, ¿por qué el PP ha fracasado? Una de las claves, además del clientelismo y las tres décadas de régimen andaluz amén de la tontería de los populares asturianos, reside sin duda en el hecho de que Mariano Rajoy ha dilapidado buena parte de la credibilidad de su formación política, dando la espalda a los principios que compartía con sus votantes.

Durante los años de gobierno de José María Aznar el PP consiguió cambiar la mentalidad de los españoles en un punto fundamental: el dinero está mejor en el bolsillo de los administrados, y, en contra de lo afirmado como dogma por los socialistas en los ochenta, bajando impuestos se recauda más. Pues va Mariano Rajoy y se carga lo avanzado de un plumazo subiendo el IRPF y, lo que es peor, justificándolo con argumentos propios del rodillo felipista. El PP ya no oculta ser el garante de un Estado del Bienestar que buena parte de sus votantes tienen por lo que es: el Bienestar del Estado. Y así, con todo.

El mosqueo es mayor de lo que los populares imaginan. Más de uno de sus votantes resumía ayer en una frase un sentir más extendido de lo que Arriola se cree: “a ver si esto les sirve para dejar de hacer el socialista”. ¿Lo habrán entendido?

Claro que la cuestión nuclear es la siguiente:, ¿podría el PP, tan amigo del consenso socialdemócrata, realmente hacer aquello que parte de sus votantes exigen sin liquidar el sistema? He ahí la cuestión.

Otrosí.- Rubalcaba salvó ayer los muebles, para mosqueo del derrotado-vencedor Griñán. Los del congreso extraordinario tendrán que esperar.

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