“Salieron a defender sus privilegios, notablemente mermados con la reforma laboral aprobada por el gobierno de Mariano Rajoy, quien, sin embargo, no acaba de atreverse a quitarles la subvención a sindicatos, patronal y partidos y elaborar una más que necesaria Ley de Huelga”

Fracaso. Ese ha sido el resultado de la huelga general convocada por los sindicatos mayoritarios y verticales, CC.OO. y UGT. Los datos de consumo eléctrico, por más que se acuse a las administraciones de encender farolas, hay que ser simple, cantan. Dicho consumo fue menor incluso al del día del teatrillo que le organizaron para disimular los mismos sindicatos al gobierno del PSOE en 2010. Todos los que ayer salimos a trabajar lo vimos. En las grandes ciudades, con la excepción de la helenizada Barcelona, convertida desde hace años en campo de batalla de todo tipo de violentos antisistema, la normalidad fue casi absoluta. Lógico A estas alturas no engañan a casi nadie. Están completamente desprestigiados. Los españoles saben bien que Méndez y Toxo fueron cómplices necesarios en los desaguisados perpetrados por el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo resultado han sido 5.300.000 dramas. La comparecencia de ambos líderes sindicales a mediodía, menuda cara de funeral, recordaba la “alegría” del vencedor Javier Arenas el pasado domingo. Por más que intentaran vender como éxito el batacazo.

Dicen los sindicalistas que salieron a las calles a defender los derechos de los trabajadores. Falso. Salieron para defender sus prerrogativas, sus privilegios, notablemente mermados con la reforma laboral aprobada por el gobierno de Mariano Rajoy, quien, sin embargo, no acaba de atreverse a quitarles por completo la subvención a sindicatos, patronal y partidos y elaborar una más que necesaria Ley de Huelga. Y es que con la modificación legislativa aprobada, los cursos de formación dejarán de ser privilegio exclusivo de sindicatos y patronal, pudiendo impartirlos también entidades privadas acreditadas a tal efecto. Los convenios colectivos dejarán de ser por sector, priorizando los convenios por empresa, lo que debilitará a los sindicatos mayoritarios. La ultra actividad, chantaje infumable, se limita a 24 meses. Por otra parte, se liquida la autorización administrativa de los ERE. CC.OO. y UGT perderán una pasta gansa. Y, además, mucho poder. Ese y no otro es el motivo por el que los del grito de “a las mariscadas” salieron ayer a la calle. Se les acaba en parte el chollo del bogavante subsidiado.

Resulta imposible cuantificar cuál hubiera sido el resultado de la huelga si en España se hubiera superado esa figura llamada piquete informativo que carece por completo de sentido en pleno siglo XXI. Así, los piquetes informativocoactivos suelen terminar pisoteando el derecho a trabajar de los mismos trabajadores a quienes dicen (menuda trola) defender, e imponiéndose a golpe de garrotazo, amenaza o barricada. Imponiendo el miedo. Numerosos fueron los colegios que suspendieron el servicio de ruta escolar ante la imposibilidad, aducían, de “garantizar la seguridad” de los alumnos. Impresentables las imágenes de lo acontecido ante Mercamadrid, Mercabarna o las cocheras del transporte público, habitual siempre que estos señores convocan una huelga. Intolerables las pintadas en establecimientos, la destrucción de comercios, las agresiones a periodistas o contra quienes pretendían ejercer su derecho a trabajar. ¡Qué decir del terrorismo callejero desatado en una Ciudad Condal fuera de control!

Una vez más hubo quien legitimó la violencia como herramienta de lucha política. Lo peor del asunto es que estamos demasiado acostumbrados a ello. Irá en aumento. Hay quien, careciendo de ideas y proyecto, no ofrece otra cosa que no sea la algarada.

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