“Ahora se comprende por qué Rajoy no ha derogado el infame acuerdo aprobado por el Congreso de los Diputados que autorizaba al gobierno a trapichear con la ETA”

Se conocía ayer que el gobierno está preparando un plan de reinserción masivo de terroristas. La propuesta ha sido muy bien recibida tanto por el PSOE como por el PNV. Es decir, por el socialismo y los nacionalismos. Significativo, ¿no? El gobierno, para disimular que la cosa va con los etarras, los mismos que se están organizando para conseguir acceder a la Lehendakaritza en cuanto haya elecciones autonómicas, ha metido en el mismo pack a terroristas del GRAPO, yihadistas y hasta al crimen organizado. Quienes quieran obtener beneficios penitenciarios ni siquiera tendrán que pedir perdón a sus víctimas. Bastará con que manifiesten por escrito un falso arrepentimiento. Sin que ETA entregue las armas y anuncie su disolución. Ahora se comprende por qué Rajoy no ha derogado el infame acuerdo aprobado por el Congreso de los Diputados que autorizaba al gobierno a trapichear con la ETA. También se entiende ahora la extraña reunión que mantuvieron José Luis Rodríguez Zapatero y Jorge Fernández Díez.

Tanto la mayoritaria AVT como Voces contra el Terrorismo denuncian la “amnistía encubierta” escondida en la conocida como “vía Nanclares”. VCT teme que este anuncio no sea más que el comienzo de la consecución del proceso que comenzara legislaturas atrás. Proceso cuyo alucinado objetivo es una Segunda Transición que integrará a la banda terrorista en el consenso de 1978. El próximo paso, sospechan, podría ser traspasar las competencias en materia penitenciaria al gobierno vasco. Sí, a ese gobierno que podría estar en manos de los batasunos en breve.

Jaime Mayor Oreja clama casi en solitario en público por una vuelta de su partido a los principios en materia antiterrorista que tan magníficos resultados dieron bajo los gobiernos de Aznar, cuando ETA estuvo a punto de ser liquidada. Vuelta respaldada sin duda por buena parte de votantes del centro-derecha. Esos mismos votantes que tantas veces salieron a las calles durante las legislaturas pasadas en contra del “proceso de paz” y que, sin duda, hoy están algo más que enfadados con un presidente del gobierno que parece llevara gobernando años y estar ya afectado por del denominado “síndrome de la Moncloa”.
En Génova 13 parecen no querer (o no poder) enterarse del toque de atención que parte de su electorado les propinó en las elecciones autonómicas de marzo, cuando 400.000 andaluces que habían votado al PP en noviembre decidieron quedarse en casa, dejando así al democristiano Javier Arenas compuesto y sin gobierno. Galicia podría ser el siguiente desastre. La mayoría absoluta de Núñez Feijóo se alcanzó por apenas un puñado de votos. El giro en materia antiterrorista, cuya visualización tuvo lugar el día en que María San Gil fue apartada por la dirección del partido, sumado a la renuncia a todos los demás principios, pasará factura electoral al PP y no sólo en las elecciones vascas, en donde los de Basagoiti se van a pegar un (otro) castañazo monumental. Desde el gobierno nadie explica nada. Quizá porque no sólo haya un problema de comunicación, sino un problema de renuncia a principios básicos. Sea como fuere, retomar el proceso de negociación con ETA podría resultar demoledor para el Partido Popular. Y el PSOE no es alternativa.

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