“Hoy, 4 de mayo, será el último día en que, de media, los españolitos trabajemos este año para nuestro amo y señor, el Estado”

Hoy, 4 de mayo, será el último día en que, de media, los españolitos trabajemos este año para nuestro amo y señor, el Estado. Podremos así comenzar a quedarnos con los frutos que rinde nuestro trabajo. El día en cuestión se conoce en los países anglosajones, que fueron los pioneros en organizarlo y cuyo fin es concienciar a la ciudadanía de las consecuencias de un Estado omnipotente, como Tax Freedom Day. Día de liberación fiscal. Los movimientos que lo defienden, entre otros el en España incomprendido por heterogéneo Tea Party, han conseguido marcar el paso a miles de políticos useños.

Evidentemente, la fecha en que se celebra este día varía de un país a otro. Y, por supuesto, como casi todo en España, también cambia según cuál sea nuestro lugar de residencia. Y es que el número de días que el ciudadano trabaja para la mamandurria de la clase política se calcula en función de la presión fiscal. Y ésta varía, ¿lo adivinan?, en función del capricho y deseo de la oligarquía autonómica de turno. La presión fiscal, es bien sabido, no sólo contempla la subida o bajada de impuestos, sino también los cambios en la actividad económica. El desplome de la recaudación de IVA algo tiene que ver en el adelanto de este día con respecto a años atrás. No vayan a pensarse que es porque se haya relajado la cosa. Tampoco piensen que se contempla todo lo que el Estado coactivamente se queda de nuestro esfuerzo. Ni mucho menos. La Seguridad Social no está incluida en la barbaridad. Si lo estuviera seguiríamos con la argolla puesta por lo menos hasta el verano. ¡Medio año! ¡Y aún hay quien considera que hay margen para subir impuestos!

Es una barbaridad que pocas veces se cuenta a los ciudadanos. De ahí que resulte muy interesante la iniciativa de la asociación Civismo, que en su página web ofrece una aplicación que permite a cualquier ciudadano calcular cuántos días del año trabaja para el Estado. Así, de media, un asalariado que no fume o beba alcohol, sea más que moderado en el consumo de carburante y gane 22.000 euros, queda liberado después de cien días de duro trabajo.

¿Y para qué tanto sacrificio? Pues para mantener una estructura territorial del Estado insostenible e ineficiente que se ha convertido en un verdadero sacacuartos de las clases medias, pero que permite que 17 oligarquías, con sus 17 parlamentos, sus miles de diputados, consejeros, viceconsejeros, directores generales y demás vivan más que bien a la sombra del Estado de Partidos.

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