“Nuestra clase política, mas de 445.000 políticos nos contemplan, no está dispuesta a sanear un sistema corrupto, basado en una estructura territorial del Estado inviable”

Angela Merkel superó el G-8, encuentro al cual Putin no se dignó en acudir, sin ceder en nada ante el dúo formado por Barack Obama y François Hollande, a quien los maledicentes tildan de zapaterito francés. Este último, que quede claro quién tiene la última palabra, comenzó su mandato viéndose obligado a retrasar su primera cita con la teutona a causa de un rayo. Mal presagio, dicen algunos. No les hagan caso. Lean la prensa española que nos cuenta que Hollande es la salvación de Europa. Quizá lo sea. Si resulta parecerse a nuestro ex tanto como dicen, podría ser el artífice de la liquidación del sistema. En todo caso, Francia ya tiene un gobierno paritario que aún no ha posado para Vogue a las puertas del Elíseo, pero todo se andará. A Obama la cita le interesaba especialmente. Dentro de nada tendrá elecciones y el republicano Mitt Romney pisa fuerte. Aunque quizá no lo suficiente. Pronto se sabrá.

El caso es que anda la curiosa pareja socialdemócrata empeñada, que para eso es socialdemócrata, en afirmar que hay que seguir gastando dinero público. Por lo del crecimiento, ya saben. Que lo mismo en el paraíso socialista se crece a base de despilfarrar sin fin. Aquí los de Rubalcaba nos tienen más que aburridos con la misma película. Ciertamente, sin crecimiento no se reducirá el paro y los brotes verdes seguirán siendo una trola de políticos. Empero, lo primero que hay que hacer es sanear. A ser posible también, menuda tropa nos gobierna, dejar de mentir sobre las cuentas públicas por eso de que quedamos cual Cagancho en Almagro allende nuestras fronteras y la credibilidad, como es bien sabido, tarda uno años en ganársela y se pierde en segundos. Esas son las bases para un crecimiento sano. Pero ese es nuestro problema: nuestra clase política, mas de 445.000 políticos nos contemplan, no está dispuesta a sanear un sistema corrupto, basado en una estructura territorial del Estado inviable. Vamos, que la casta no se quiere hacer el harakiri. Rajoy, ya ven, ni siquiera amaga con meter mano a las diputaciones. Claro que la inmensa mayoría están en manos del PP. A ver cómo le dice a los suyos que los va a mandar al paro… Rubalcaba, qué listo, sí ande prometiendo su cierre. A los suyos no les afecta en demasía y prometer desde la oposición ya se sabe que es gratis.

Mientras, a ver cómo parcheamos lo de la prima riesgo, qué rollazo de parienta, y lo de “los mercados” dicho en plural y con cara de asco. Y es que a España ya no la cree ni el Tato. Nos lo hemos ganado a pulso. El Banco de España, después de echar a patadas al socialista MAFO, podría cerrar y no se iba a notar. La CNMV lo mismo. Son algo así como el concejal que llevaba meses de crucero y nadie lo había notado. O peor y no quiero hablares del tomate de Casares. Extranjeros vigilan nuestras cuentas y ejercen el control que no se ha ejercido hasta ahora. A Goldman Sachs, alucino, le van a dar lo del banco público renacionalizado. Entretanto, el manguerazo de dinero público que no es de nadie porque es del viento se enchufa para salvar a los bancos de los políticos. Olvidados quedan los timados con las preferentes o los pequeños accionistas de esa gran estafa perpetrada por los políticos contra los ciudadanos llamada Bankia (¿para cuándo la comisión de investigación?).

Pero volvamos al folclore del G-8 y dejemos claro, porque eso dicen desde Moncloa, que Rajoy no le pidió nada a Merkel. Como si la democristiana estuviera por la labor de darnos algo…

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