Escalofriante secuela de la crisis sistémica que atravesamos, apenas conocida por el público pese a las voces que desde servicios sociales y gabinetes psicológicos se van escuchando cada vez con mayor frecuencia. Según datos de la Fiscalía General del Estado, en el año 2006 se produjeron 1.627 agresiones de menores de edad contra sus padres. Desde entonces el número de jóvenes que agreden física o psicológicamente a sus mayores, incapaces de satisfacer todos sus caprichos con motivo de la debacle económica que azota a miles de familias, se está disparando. Los agresores, mayoritariamente de sexo masculino y con edades comprendidas entre los 12 y los 18 años, sonchicos cuya tolerancia a la frustración es prácticamente inexistente.

Así, llegan a golpear a su madre (o a su padre aunque es a ésta a quien, por detectar una mayor vulnerabilidad o por el tiempo compartido con ella, agreden con mayor frecuencia), cuando no le compra, por ejemplo, el teléfono móvil deseado o le dice que no puede pagarle una juerga de fin de semana porque los ingresos familiares han caído drásticamente. Por supuesto, que también roban. Y sucede más a menudo en familias de clase medio-alta. El típico niño bien que no es capaz de aceptar que se acabó el vivir del cuento a costa de unos progenitores poco maduros y muy permisivos, que han educado a sus hijos con una grave falta de coherencia en los mensajes y valores de la familia. Son chicos que no asimilan que sus padres ya no pueden sostener su ritmo de vida. La provocación es continua. Por supuesto que cuando los padres acuden a profesionales o ante la Justicia es cuando la situación es completamente insostenible.

Son chicos educados en el nihilismo imperante, alumnos aventajados de la escuela comprensiva (tan defendida por pedagogos y docentes durante décadas) que ha destruido la enseñanza. Por supuesto, suelen tener también problemas en el instituto. No admiten a quien piensa diferente a ellos y su carácter es muy violento. Por supuesto, suelen tener también problemas en el instituto.

Lo único que cuenta en su vida es la satisfacción inmediata de su propio interés. Reclaman todo tipo de derechos y no asumen obligaciones. Carecen de valores sólidos y no asumen responsabilidades, hasta entonces cubiertas por sus padres. Son chicos educados en los antivalores propugnados desde la anti ideología del sistema de economía mixta en que vivimos. Ni más, ni menos.

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