“Aquí de lo que se trata es de tapar los agujeros, en algunos casos negros, producidos por políticos que han gestionado con criterios políticos chiringuitos como Bankia”

No, no se vuelvan locos tratando de descifrar el título. Yo se lo traduzco. Rescate. Que es la nueva palabra prohibida en politiqués. Si anteriormente lo fue el término “crisis”, sustituido por ese otro más zapateril de “desaceleración”, ahora la realidad de lo que acontece se ve reconvertida, por obra y gracia de políticos y voceros habituales, en “línea de crédito”. Y venga a celebrar la gigantesca deuda como si fuera toda una hazaña. ¡Que dicen que el rescate es lo mejor que nos podía pasar y hasta nos lo prometen por Keynes! El que diga la palabra rescate es un antipatriota, conste en acta. Los teletipos nacionales e internacionales escupían la noticia, nada de 40.000  que son 100.000 millones, al tiempo en que las víctimas del terrorismo clamaban en la madrileña Plaza de Colón contra el plan de reinserción de los criminales.

Claro que la matutina y dominguera comparecencia presidencial –con preguntas y todo, toma novedad- pronto quedaría olvidada, porque tocaba lo que realmente mueve masas y saca a millones a las calles si es necesario: el fútbol. Con Mariano presente y Letizia, cada día me gusta menos, de rojo.  Mientras, el niño de Fátima Báñez, a sus escasos siete años de edad, se demostraba campeonísimo de los videojuegos y armaba el Belén en Twitter. No sabía yo, por cierto, que hubiera tanta bandera nacional en mi urbanización. Y alrededores.  Y es que cuando juega la selección, “la roja” que le llaman algunos para mosqueo de otros, puedes sacar los símbolos al balcón y no eres un facha. País.

Lo que ha sucedido, se pongan como se pongan, es que la UE nos ha rescatado. Nos ha salvado un ratito de nosotros mismos. Para que sigamos siendo igual.  Un parchecito (solución más justa sería la capitalización de deuda) que no servirá de nada si no se pone fin a los desmanes de la casta política, tan oligárquicamente aposentada en todas partes y especialmente en ese fracaso político y económico llamado Estado de las Autonomías. La tela, la pasta, el parné que nos dejarán los europeos  irá, no se dejen engañar, al FROB. O sea, al gobierno. Quien redistribuirá la riqueza. Je. A 2.000 euritos por cabeza contribuyente nos sale la gracia, señores.

Menuda herencia de Zapatero, y voy y pienso en Islandia, a la que se suman los seis meses despilfarrados en un quiero y no puedo por Rajoy, quien a punto estuvo de ganarse como mote “el breve”. La operación Monti, balón de oxígeno a un PSOE en demolición y sueño de la parte del PP que sigue sin aceptar que Mariano les ha robado la merienda, tendrá aún que esperar.

Como tendrán que esperar familias y PYMES a que fluya el crédito. ¡Ja! Aquí de lo que se trata es de tapar los agujeros, en algunos casos negros, producidos por políticos que han gestionado con criterios políticos chiringuitos como Bankia. Y ya.

Enorme  parche nos han colocado en vísperas de la Eurocopa. Línea de crédito a la desaceleración, que diría el señor del viento.

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