“Claman los que están saliendo a las calles estos días por más gasto público, por el mantenimiento de las subvenciones, por seguir aplicando las recetas que han llevado a España a la quiebra”

La izquierda ha decidido demostrar a su peculiar manera lo poco que le gusta que gobierne el PP. Que ya se sabe que para la izquierda el único gobierno legítimo es el suyo y la democracia sólo vale si sirve para que ellos mangoneen. Poco han tardado en echarse a la calle pidiendo más Estado, es decir, más poder para los mismos políticos de quienes dicen, la izquierda es un desierto de ideas, no les representan.

Buena parte de esta tropa que ahora tanto protesta calló o aplaudió las medidas de un tal José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo desgobierno nos fue endeudando a razón de 90.000 millones de euros al año, dejando España destrozada. Empezando por Toxo y siguiendo por Méndez, menuda cara. Cualquier día de estos salen convocando una manifa por un IVA del 4% para el bogavante.

Aún colean los días en que en nombre de los mineros asturianos, azuzados estos por empresarios vinculados al poder político que se han hecho multimillonarios al calor de las subvenciones para la nada rentable empresa del carbón, se lesionaba a personas, se destrozaba mobiliario urbano o se lanzaban cohetes. Pese a que la decisión del Consejo Europeo de cerrar la minería española se conocía en octubre de 2010. Gobernaba por entonces el PSOE y los sindicatos callaron. Eran los tiempos de la exposición de vehículos de lujo en Rodiezmo.

El viernes pasado era el turno de los funcionarios, enfadados no sin razón por la arbitraria decisión del gobierno de cargar sobre ellos y sus familias buena parte del costo de la mala gestión de los políticos. A las pitadas y protestas pacíficas que se produjeron ante las puertas de consistorios, de la Moncloa y de ministerios varios se sumaron – no favorece en nada las reivindicaciones de los funcionarios- los cortes del madrileño Paseo de la Castellana y la algarada convocada a través de las redes sociales para sitiar las sedes de los partidos el pasado viernes. La delegada del gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, que reside por la zona, tuvo la mala fortuna de toparse cuando volvía de hacer la compra con varios energúmenos, de esos que a buen seguro se tienen por demócratas y se permiten el lujo de ir repartiendo moralina del todo a cien a diestro y siniestro, quienes la rodearon, insultaron, escupieron y a punto estuvo la cosa de pasar a mayores. En Twitter más de uno y más de dos justificaban la violencia.

Claman por más gasto público, por el mantenimiento de las subvenciones, por seguir aplicando las recetas que han llevado a España a la quiebra. No se les ha oído pedir el cierre de empresas no rentables, televisiones públicas, despilfarros conocidos. Sólo se les escucha corear eslóganes infantiles y simplones. En realidad ni ellos saben lo que quieren. Pero piden más. De lo mismo. Qué genios.

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