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Estos son hoy los nombres de la tragedia, del horror terrorista, que se ha vuelto a cebar una vez más con el pueblo israelí.

chavalesNaftali, Gilad y Yifrad son hoy los nombres de la tragedia, del horror terrorista, que se ha vuelto a cebar una vez más con el pueblo israelí. Tres chicos que apenas habían dejado atrás la niñez y cometieron el error de hacer autoestop, secuestrados y asesinados por los activistas de Hamás Marwan Kawasme y Abu Aishe, para vergüenza y bochorno de esa parte de Europa tan complaciente con quienes no vacilan en matar niños en nombre de “la paz”. La paz de los cementerios, que es la paz del totalitarismo a la cual aspiran los colectivistas. Los cuerpos de los chicos, ejecutados poco después de ser raptados, fueron encontrados ocultos bajo rocas en una cueva. Pretendían los terroristas negociar no la vida, sino la muerte: la devolución de los cadáveres a sus desconsoladas madres. Así se las gastan los salvajes de Hamás, socios del gobierno palestino, que no son distintos a los de ETA, los del IRA, Al Qaeda o los de las FARC. Su obsesión es destruir el único reducto de libertad y prosperidad en la zona, que es Israel. Con la ayuda inestimable de la propaganda antisemita europea.

El antisemitismo, tan instalado en la izquierda y la derecha colectivistas, se podía apreciar claramente pocas horas después en los medios españoles, que no son nada antijudíos en comparación con los franceses o los belgas. Lo de la deficitaria, manipulada, sectaria, sobredimensionada y carísima TVE, Echenique debería ver el telediario que emitió anoche la 2 y luego dimitir, fue de vergüenza, porque lo pagamos todos. Lo del resto, casi igual.

Algunos medios procuraron ignorar el asesinato de los chicos, porque eso de matar judíos no les parece que sea noticia digna de ser contada. Otros aprovecharon inmediatamente el crimen para arremeter contra el Estado de Israel, al que detestan, acaso por ser la única democracia asentada entre la barbarie. Casi todos, como viendo siendo habitual, niegan el derecho de Israel a defenderse frente a quienes buscan en el asesinato de inocentes el exterminio de la libertad.

Diría Pablemos, compendio del nihilismo europeo y una izquierda desorientada y sin ideas desde que cayera el Muro de Berlín y se expusieran ante los horrorizados ojos del mundo la barbarie del socialismo real, que comprende el sufrimiento de las familias de los chavales, pero que el crimen tiene causa política. La causa de la esvástica que ha hecho suya la hoz y el martillo. Al fin y a la postre, los extremos se tocan. Y en esto del odio al judío, que es el odio a la libertad, más.

Publicado en La Gaceta

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