Escondidos casi siempre detrás de pseudónimos, se dedican al acoso y son conocidos como ‘trolls’.

Nacieron al tiempo en que apareció la web 2.0 y se pasaron los años 90 poblando blogs, webs y la sección de comentarios de los diarios digitales.

Ahora anidan en las redes sociales. Su preferida es Twitter y su fin no es otro más que hacer daño para así ver satisfecha una suerte de vanidad que esconde resentimiento y una falta de autoestima más que notable. Interrumpen conversaciones, opinan acerca de lo que desconocen o, sencillamente, insultan. Son completamente insensibles a las críticas, que, como mucho, provocan cierren su cuenta al público. Con ellos no se puede razonar, no se puede negociar.
(Sigue leyendo en Ausbanc)

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