Escribía Cicerón en “De senectute” que “las grandes acciones no se ejecutan con la fuerza o la agilidad o celeridad de los cuerpos, sino con la sabiduría, con la autoridad, con el pensamiento, cosas de las cuales ordinariamente no sólo no está privada la vejez, sino que incluso se enriquecen con ellas”.

No habían pasado siquiera unos minutos desde que se conociera la noticia del contagio del temible virus del ébola de la auxiliar de enfermería Teresa Romero, quien en estos momentos trata de superar la enfermedad en el madrileño hospital de Carlos III, centro de referencia en investigación de epidemias, pandemias y enfermedades altamente contagiosas en el cual la infectada atendió voluntariamente para atender a los misioneros infectados repatriados desde África, cuando en las redes sociales no pocos se lanzaron a soltar bulos y manipular la escasa información existente. (Sigue leyendo en Vozpópuli…)

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