Es sólo cuestión de tiempo. El régimen de 1978, en realidad un Estado de Partidos implantado en España gracias a la carta otorgada negociada a espaldas de los ciudadanos por las oligarquías, con inclusión en ellas de los nacionalismos y la extrema izquierda –lo que explica la obsesión mostrada por Rodríguez Zapatero durante sus mandatos por incluir a la banda terrorista ETA en el consenso; obsesión que pervive de la mano del Partido Popular, el otro gran partido del consenso-, es ya cadáver. Lo era hace mucho, pero la abdicación real, al fin y al cabo desde 1978 vivíamos en el juancarlismo, fue su certificado de defunción. El nuevo monarca, como Pedro Sánchez en el PSOE, no acaba de encontrar su sitio, por más que se esfuercen los cortesanos. (Sigue leyendo en Vozpópuli…)

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