Observaba Jacques Barzun, que el aburrimiento es una gran potencia histórica y no son pocas las ocasiones en que las oligarquías han impuesto al pueblo sus caprichos a base de matar de tedio al respetable. Es lo que está sucediendo en relación con el separatismo catalán desde que el juancarlismo, siguiendo acaso las políticas franquistas de privilegiar las inversiones y la industrialización en Cataluña y el País Vasco en detrimento de otras regiones (hubo muchos ministros catalanes y vascos), decidiera hace treinta años privilegiar a las oligarquías nacionalistas locales, renunciando a la presencia del Estado en dichos territorios. Nacionalistas que tienen un proyecto político separatista, no secesionista por cuanto secesión alude a un pueblo oprimido que decide separarse para alcanzar mayores cotas de libertad. (Sigue leyendo en Vozpópuli…)

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