Son ya 50 navidades, 50 nochebuenas sin libertad”. Era el grito desgarrado pronunciado en Ya es Domingo por Ernesto Aurelio Vandama, cuyo mayor deseo sería poder ir a depositar una corona de flores en la tumba de sus padres allí, en su Cuba natal.  Un grito desesperado, de esos que salen desde lo más profundo del alma dolorida y que no se pueden controlar. “Libertad, por favor, señorita, sólo queremos libertad”.

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