Resuena por todas partes el mismo y aburrido eslogan, tan del gusto del consenso, puesto que sirve para desviar la mirada del mismo: “hay que terminar con el bipartidismo”, “las encuestas indican que en España se acaba el bipartidismo”. Los dirigentes de las nuevas formaciones políticas del Estado de Partidos se desgañitan proclamando lo benéfico de terminar con él. Liquidado el bipartidismo, es decir, fragmentados los parlamentos al modo y manera en que sucede en Italia –como si aquí no hubiera más de dos partidos en el Congreso-, todo serán mieles. Chorradas. La prensa, que no se entera de nada cuando de política se trata, repite como un loro el falso dogma, inserto por demás en la mente del españolito de a pie con la misma fuerza con que cree que participar en las elecciones administrativas es una sacrosanta obligación y no hacerlo un pecado. (Sigue leyendo en Vozpópuli…)