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Se consumó la deslealtad. Tal y como venían anunciando desde hacía meses, los separatistas catalanes aprobaron el pasado lunes la declaración de rebeldía contra las leyes españolas, que es tanto como la rebeldía contra el resto de españoles. Lo de Cataluña supone la ruptura del consenso establecido en 1978. El fin del juancarlismo, sobre cuya Corona se ha asentado la Transición. 73 diputados del parlamento catalán incurrieron en un presunto delito de sedición, uno de los crímenes más graves contemplados en nuestro ordenamiento jurídico. Sedición que, por cierto, es un delito de acción. Es decir, basta con la intención para que el delito se haya cometido. No es necesario, por tanto, para su perfección, que la intención se convierta en realidad.

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