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Lo he estado meditando mucho, porque lo cierto es que soy abstencionista convencida. No quiero votar mientras no me dejen elegir a mi representante, cosa que ahora no sucede porque votamos listas cerradas y bloqueadas y, por no elegir, no elegimos ni al alcalde. La libertad política, esto es, la democracia, ni está ni se la espera. El pasado 20 de diciembre no voté y expliqué públicamente los motivos para tomar tal decisión. Para empezar, las elecciones no son elecciones políticas, sino administrativas. Nos limitamos a elegir quién dirigirá el consenso socialdemócrata los próximos años.

Y resulta que de diciembre a junio NO ha cambiado NADA. Los candidatos siguen siendo los mismos, los discursos iguales, las pataletas, vetos y chorradas se repiten. Sigo pensando que el PP es el gran partido socialdemócrata español. Y yo no soy socialdemócrata. Como pienso que traicionó a su votantes con sus más de 50 subidas de impuestos y, sobre todo, manteniendo la agenda política de Rodríguez Zapatero, que es el papá ideológico de Podemos.

De Ciudadanos, con la excepción de quienes se han batido y se baten el cobre en Cataluña, tengo un concepto pésimo. Es un partido de aluvión, producto de un marketing políticamente correcto, que es poco más que una cáscara vacía. El PSOE, partido carca por excelencia, ha muerto. Pedro Sánchez lo ha terminado de liquidar. No han entendido nada.

Pero sucede que he tenido ocasión de ver actuar, hablar y debatir personalmente a la gente de Podemos. Asisto impotente al peloteo y a los publirreportajes que les hacen los medios de comunicación. Y sé que el domingo España se la juega, como se la pudo jugar en 1978. El domingo hay que parar una dictadura. Que no será una dictadura militar, que esas cosas ya no se llevan, pero será una dictadura a la venezolana. Y eso yo no lo quiero. Ni en broma.

Por eso el domingo voy a ir a votar. Y voy a votar al Partido Popular. El voto útil. Sí, sé que voy a votar socialdemocracia. Pero prefiero la socialdemocracia del PP al comunismo. Sé que algunos liberales se ponen estupendos y buscan la pureza de la raza rothbardiana. Y eso está muy bien para el debate. Pero no a la hora de la verdad. Otros dicen que pasan de política. Cosas del franquismo sociológico. Demasiados pequeños Lopez Rodó.

En Venezuela menda votaría Henrique Capriles, que tampoco es liberal. No me quedaría en casa. ¿Y tú?

Otros, que tienen razón, los trevijanistas, sostienen que el sistema sólo se puede hundir con la abstención. Sí, pero una vez que lo que no esté en juego es nuestra libertad inmediata. Qué quieren que les diga, el miedo es libre.

Esta vez votar te hace cómplice del sistema socialdemócrata, pero no hacerlo te hace cómplice del fin de cualquier resquicio de libertad individual. Hay que elegir.

Así que el domingo voy a salir de casa parar parar al populismo. ¿Me acompañáis?

 

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