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La jornada electoral

Se abrieron las urnas y el Partido Popular ganó las elecciones por mucho más de lo que habían vaticinado sondeos y encuestas, esos estudios demoscópicos que para valorar los datos recogidos usan parámetros del siglo pasado.

A las 20:15 de la noche los de Podemos se aprestaban a tomar al asalto los cielos, Ramón Espinar seguía en Antena 3 y Pablo Iglesias le decía a Errejón eso de “yo tenía razón, confluir con IU ha sido un exitazo”. En Génova a esas horas estaban cautelosos porque, aunque sus sondeos internos les daban mejores resultados que las israelitas, la pérdida de diputados habría significado que Albert Rivera podría dejar de dar el tostón con su pataleta de “Rajoy no”, porque éste se tendría que ir. Aznar ya tenía la escopeta cargada. Pedro Sánchez estaba haciendo la maleta, esperando el sorpasso y Susana Díaz en la estación del AVE de Santa Justa.

Pero hete tú aquí que los españolitos, que son unos cachondos, decidieron tomar el pelo al CIS y a todos, salvo a Francisco Marhuenda, parar el populismo y darle al PP de Rajoy, con Rajoy y mandado por Rajoy, 137 escaños. 14 más que en diciembre. Toda España, excepto Cataluña y País Vasco, se tiñó de azul PP. Rajoy había recuperado 700.000 votos en 3 meses.

Además,  los españoles le quitaron 8 escaños al señor de los vetos, quien se ha pegado un batacazo monumental en Cataluña, en donde ha quedado por detrás de Alicia Sánchez Camacho, lo que tiene mucho mérito, Girauta. Ni Hervias -se ha quedado fuera del Congreso, pero a cambio ha entrado Felisuco-, ni Páramo han dimitido aún.

Pedro Sánchez respiró aliviado porque, aún sacando el peor resultado de la historia del PSOE, lo que le debería llevar a irse a su casa, había conjurado el sorpasso. Susana Díaz canceló el viaje en AVE. De momento…

¿Y Podemos? En Podemos Ramón Espinar se fue por patas de Antena 3, Tania Sánchez se quedó demudada, Errejón con cara de circunstancias y Pablito con un enfado del copón. Garzón, al que los suyos y los podemitas van a hacer la autocrítica, sonreía no se sabe bien por qué.

El día después

Esa misma noche, como siempre, todos habían ganado. Está claro que lo de la nueva política es un timo. No dimite nadie. En el PP, como es lógico, celebraron la victoria. Mariano Rajoy se vino arriba en el balcón de Génova 13, mientras abajo, los simpatizantes del PP coreaban, joróbate Pablo, “sí se puede” y “yo soy español, español, español”. Hoy, Rajoy se pone socarrón y le pide a los perdedores que no se pongan nerviositos.

En la sede de Ciudadanos pasaron de la muerte (las israelitas les daban incluso una caída hasta 19 escaños) al susto. Y hoy siguen igual que ayer. Con sus vetos y vetitos.  Son un coñazo. Ya hasta Francesc de Carreras los ha calificado de infantiles. Porque, seamos serios, ¿cómo puede el perdedor vetar al ganador? Estos se han propuesto desaparecer.

En Ferraz siguen con el no no no no no, quién sabe si no empecinados en que haya terceras elecciones (lo que supondría una victoria aún mayor del PP). Cambiarán en los próximos días, que para eso los barones le están poniendo la proa a Pedro y su equipo de inútiles podemizados.

 ¿Y en Podemos? Pues no saben. Echenique dice que no tiene ni idea de por qué las encuestas han fallado, y ha encargado otra encuesta para enterarse. Pablo dice que él es el emperador y que, por tanto, tiene razón. Errejón critica. Los piolets están agotados en la tienda más próxima. La Oltra de la matria está desolada porque su gestión ha supuesto que el PP vuelva a ganar en la Valencia machacada por los medios y la oposición. Los de Anova dicen que ya no quieren ir con Podemos. Y a Garzón lo ponen verde los suyos y le piden romper con Podemos. Yo me he comprado palomitas para ver la autodestrucción de ese no partido. Y Carmena que dice que lo de perder 100.000 votos en Madrid capital le importa una higa. Esta señora está fatal. A ver si ahora la mandan al paro, que falta hace.

El futuro

Quién sabe, porque el nivel es el que es. Entre Rivera y Sánchez son capaces de provocar otras elecciones en diciembre. Aunque todo apunta a una abstención del PSOE y un gobierno en minoría del PP. Y Rivera vetándose a sí mismo.