Las fake news como excusa para la censura.

Hace menos de una década todo eran loas hacia la libertad que supuestamente Internet estaba facilitando. Algunos advertimos ya por aquél entonces que la red de redes iba a acabar siendo una herramienta de propaganda estatista nada libre. El tiempo nos ha dado la razón. Hoy las redes sociales e Internet son de todo menos libres.

Las reñidas elecciones norteamericanas del 3 de noviembre no se han jugado solo en las urnas. En Twitter, plagada de bots y trolls, los partidarios de uno y otro candidato defendían vehementemente sus posiciones. Hasta que Jack Dorsey, CEO de Twitter, ordenó, en pleno recuento de votos, censurar mensajes del republicano Donald Trump. Trump cuenta en dicha red con más de 87 millones de seguidores, sin tener en cuenta a quienes estábamos la noche electoral de infarto atentos a sus mensajes y a los del demócrata Joe Biden. Una intromisión antidemocrática, se esté con quien se esté, para quienes amamos la libertad. La excusa de Dorsey para actuar como un vulgar censor, proteger a los usuarios, a los que el cofundador de la red social en decadencia considera menores de edad. “Alguna parte o todo el contenido compartido en este Tweet ha sido objetado y puede ser engañoso respecto de cómo participar en una elección u otro proceso cívico”, advertía Twitter.

La izquierda actual se  esconde detrás de la excusa de las fake news, que es la propaganda de toda la vida, para censurar contenidos. Algo que tiene su aquél, si tenemos en cuenta que la izquierda vive instalada en la posverdad, que no es más que una suma de trolas constantes cuyo objetivo es construir una realidad paralela y orwelliana, como vemos a diario en TVE. Se trata de dar argumentos a los suyos para vencer en la batalla dialéctica, y no de ofrecer información veraz y objetiva. 

En España, el gobierno acaba de anunciar un plan, firmado por la vicepresidenta Carmen Calvo, que le permitirá monitorizar y controlar la información. Los que lanzan continuamente mentiras decidirán por tanto qué es una fake news y qué no. Por otra parte, ya se sabe a quién son cercanas tanto Newtral como Maldita, las dos empresas de fact checking.

Ante lo que estamos, con la colaboración del mundo pijiprogre de Silicon Valley, es ante la imposición de la mordaza a quienes pensamos diferente. Toda una involución democrática.

Publicado en Sierra Madrid en noviembre de 2019

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