Contra la revolución de los estúpidos

A pocos días de una cumbre de la OTAN en España, el gobierno de Sánchez -el de los pactos con quienes quieren destruir la Nación- cuestiona los servicios secretos españoles. Sánchez acuerda con el rey de Marruecos, sin tener en cuenta la derivada de nuestra dependencia energética de Argelia, una nueva política para el Sáhara que nada tiene que ver con la planteada por la ONU y por España. La socialista Ley de Educación introduce las “matemáticas con perspectiva de género” al tiempo que veta el estudio de la historia de España anterior a 1812. Irene Montero riega de subvenciones sus chiringuitos. Alberto Garzón arremete contra el vino, la ganadería, el rosa y azul. Si aún viviera el gran director de cine Manuel Summers, a buen seguro disfrutaríamos de una magnífica película (sin subvenciones). Pero… ¿qué hay detrás de todo esto?

Es obligatorio en estos tiempos tan angustiosos, tener en cuenta que la característica principal de las actuales oligarquías se subsume perfectamente en el principio de Hanlon: no atribuyas a la maldad lo que puedas atribuir a la estupidez. Y es que después de décadas de socialdemocracia y destrucción de la educación, la sociedad -y la clase política- se ha infantilizado. Vivimos en una democracia sentimental, en donde la razón, la tradición y la ciencia han sido sustituidas por las emociones y el cientificismo.  Si la socialdemocracia no era más que un totalitarismo enmascarado por la propaganda, la democracia sentimental supone la destrucción de todos los principios de la sociedad abierta y su sustitución por los caprichos del gobernante con beneplácito de las masas, alienadas por la hegemonía cultural del progresismo. Algo, por demás, facilitado por la revolución digital, la destrucción del Derecho y la entrega sin condiciones de los medios de comunicación. En realidad, Sánchez, como Echenique o Iglesias -un chisgarabís intelectual-, no son más que el producto final del proyecto socialista puesto en marcha en los años 80.

Lo que hoy queda del socialismo y del comunismo, entregados ambos a teorías biologicistas más cercanas al nacionalsocialismo alemán que al mecanicismo marxista, son religiones sustitutivas histéricas. Vivimos en el caos modal que tan acertadamente ha señalado el filósofo Peter Sloterdijk. Quien también ha advertido de que la velocidad a la que se suceden las noticias impide pensar y, por tanto, acaba idiotizando el pensamiento. Hoy en día no son pocos quienes, como los charlatanes de feria, creen saber de todo.

En definitiva, estamos inmersos en la revolución de los estúpidos dispuestos a destruir las sociedades abiertas, sin darse cuenta, porque son estúpidos, que se están destruyendo a sí mismos. No es algo nuevo. Robert Musil ya advertía contra la estupidez como fenómeno colectivo en “El hombre sin atributos” (2004). Alexis de Tocqueville también lo intuyó en “La democracia en América”.

Rodríguez Zapatero lo verbalizó cuando afirmó que, si él podía ser presidente, cualquiera podría serlo. El mérito, la capacidad y la excelencia sustituidas por la ambición de poder. El poder como fin y no como medio. Porque el estúpido, que suele ser el perfecto arribista y carece de principios éticos o morales, tiene como único objetivo el poder para sí. El bien común es secundario o incluso ni se contempla. Además, el arribista -incapaz de anticipar las consecuencias de sus decisiones- justifica su existencia arremetiendo contra todo lo anteriormente existente, como ha hecho el hoy extinto PSOE desde 2004, tratando de entroncar la legitimidad democrática española con la II República.

De ahí que podamos afirmar que el régimen que Pedro Sánchez quiere imponer a los españoles es un régimen idiocrático. Es obligatoria la rebelión contra dicho régimen, como hace Isabel Díaz Ayuso, porque en ello nos va la libertad.

Publicado en Es Diario.

Contra el antisemitismo

Fuerzas de seguridad junto a un charco de sangre tras un tiroteo en Bnei Brak (Israel) durante los atentados sangrientos de marzo de 2022.

Hoy, en la Asamblea de Madrid, hemos aprobado definitivamente, con los votos de PP y VOX, el Proyecto de Ley con remisión al Congreso de los Diputados que busca impedir que las organizaciones antisemitas se financien con dinero público. Que he tenido el honor de defender. Un honor inmenso que para mí justifica cualquier sinsabor de la política, que les aseguro son muchos. Porque se trata de acabar con la nueva cara del antisemitismo de siempre que, además, se nutre de fondos públicos. Si se aprueba en el Congreso de los Diputados, a donde será ahora remitido para su debate, habrá merecido la pena.

En mayo de 2016 el comunista ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid aprobó una moción antisemita que llamaba al boicot de Israel. La moción fue anulada por el juzgado de Instrucción nº 4 de Madrid. Pues bien, declaraciones judeófobas de Boikot, Desinversión y Sanciones (BDS) a Israel como ésta se han ido aprobando a lo largo y ancho de toda España. Y la Justicia, gracias a organizaciones como A-COM, las han ido tumbando una a una. En Molins del Rey (Cataluña), se impidió que la selección femenina de waterpolo de Israel pudiera competir contra la de España con el único argumento de ser israelí. Es algo inaceptable. Pero es que, además, el antisemitismo está repuntando en la Unión Europea, algo típico de momentos de debilidad de nuestro Continente, como demuestra la historia. La ONU, ese argumento de autoridad para las izquierdas, señaló en 2019 que «los objetivos, actividades y efectos del movimiento BDS son fundamentalmente antisemitas».

La Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA) consiguió el 26 de mayo de 2016 que 31 países, entre los que se encuentra España, adoptasen una definición práctica de antisemitismo, que desde el PP de Madrid queremos reforzar prohibiendo subvencionar a quienes promueven este odio con dinero público.

Pues bien, desde el Grupo Popular en la Asamblea de Madrid presentamos ese proyecto de Ley que ya ha cumplido con todos los trámites parlamentarios y que, gracias a la aprobación de hoy en Pleno, será remitido al Congreso de los Diputados, donde todos tendrán que retratarse.

Las enmiendas de los grupos, debo decirlo, han sido abracadabrantes. El PSOE, con ese TOC patológico que sufre desde que Felipe sacara de paseo al dóberman allá por los años 90, ha querido introducir el franquismo en este Proyecto de Ley. Vamos, que han querido banalizar el antisemitismo, que es muy anterior al franquismo o al propio nacional socialismo alemán de los años 30. O no se enteran de lo que ha firmado su gobierno con la declaración del IHRA o Lobato ha querido dar marcha atrás, porque siendo Hannah Halloul portavoz del PSOE en la Asamblea, su partido votó a favor de este proyecto de ley en su primera fase. Cambiado el líder, decidieron enmendar de esta manera infantil y patológica. Esto no va de condenar el franquismo, cosa que el PP ya hizo en el Congreso de los Diputados en noviembre de 2002 bajo los gobiernos de José María Aznar. Esto va de discriminación y judeofobia. De no repetir la historia, señor Lobato.

Lo de Más Madrid, directamente, no tiene nombre. Han presentado enmiendas donde enmiendan la plana al propio gobierno y a la IHRA. Son cobardes. No se atreven a votar en contra (se abstuvieron en el trámite inicial), pero luego han tratado de desvirtuar completamente la iniciativa.

Vox ha votado a favor, apoyando desde el primer momento la iniciativa. Y Podemos, mucho menos hipócritas que los de médico y madre, en contra.

El trolleo comunista.

28 de marzo de 2022. Mediodía. Se me ocurre entrar en mi cuenta de Twitter y me encuentro con más de 500 tuits que me mencionan.

Un supuesto periodista-comunista, llamado Facu Díaz, de esos que moran por Podemos, ha decidido poner un tuit: “Los medios no te cuentan que @almudenanegro se embolsa cada mes casi 5000 euros de dinero público”. Adjunta mi nómina como diputada de la Asamblea de Madrid, que es algo inferior a la que cobra, por ejemplo, Vanessa Lillo, del PCE y diputada por Unidas Podemos-Izquierda Unida-Madrid En Pie. De hecho, lo que cobro en neto son 3.484,64 euros (porque soy portavoz de una comisión), una cantidad algo lejana a los «casi 5.000» (y por qué no «casi 10.000») que el “periodista de investigación” denuncia. En bruto son algo más de 4.400. Luego llegan los impuestos y esas cosas que nos pasan a todos los que tenemos la suerte de tener empleo en la España socialcomunista.

Investigación. Los datos son públicos, como los de cualquier otro diputado y se pueden consultar en la página web de la Asamblea de Madrid. Vamos, que solo ha accedido a la página y ha hecho público ¡lo público! Enhorabuena por el scoop, majete. Solo que se conoce desde 2019 en que entré, porque así lo quisieron los madrileños e Isabel Díaz Ayuso, como diputada en la cámara regional.

Lo que no cuenta el tal Facu Díaz es que el coste por diputado, comparando Podemos y Partido Popular, es mucho más alto en el caso de Podemos, donde todos son portavoces y cargos. Y la aportación a los grupos es la misma. Eso sí hubiera requerido de un poco de trabajo de documentación, pero claro, que no está el comunismo para estas cosas.

Se pueden imaginar los comentarios de sus seguidores. Casi que tengo la culpa de la invasión ilegal y guerra de Ucrania. Esto, en realidad, me trae sin cuidado. He sufrido amenazas de los antivacunas, campañas troll de izquierda y derecha, y, sinceramente, las campañas de los totalitarios contra mí me dejan indiferente. Seguiré defendiendo mis principios.

Algunos comentarios me han hecho gracia, porque demuestran el nivel y conocimiento del noble trabajo del periodista de los comunistas y sus adláteres. Otros no tienen tanta gracia por el contenido, la ortografía y la gramática.

EL MOTIVO DEL EA, EA, EA, EL COMUNISTA SE CABREA.

Como es lógico, me comienzo a preguntar qué bicho les ha podido picar ahora a los comunistas. Que ya sé que me tienen enfilada desde hace lustros por mis críticas. Y, de repente, recuerdo que este fin de semana me hice eco, literal, de una noticia publicada en un medio digital, en el que se contaba que el comunista y chulísimo ministerio de Yolanda Díaz habría comprado cuatro mil botellas de vino de La Rioja, 120 kilos de gambas y 200 kilos de langostinos.

Mi tuit, que se limitaba a enviar la noticia desde el medio de comunicación en cuestión, tuvo más de 1.400 retuits el sábado. Y eso es lo que les ha molestado. Que una vez más haya quedado patente la contradicción entre el comunismo y la forma de actuar de los comunistas. Y es que nuestros comunistas, esos que han abrazado las bioideologías de honda raíz nacional socialista, son los grandes defensores de la propiedad privada: «Lo mío es mío y lo tuyo es mío» es su eslógan.

Pues, querido Facu, que sepas que yo me pago mis comidas. Y no bebo Rioja. Ni suelo consumir langostinos. Y que gano lo que tengo que ganar por la responsabilidad que tengo. Y que tengo porque los madrileños así lo han decidido. Como lo decidieron en el caso de tus conmilitones diputados de Podemos. Solo que los podemitas, a los madrileños, como te he dicho, nos salen algo más caros en dinero y mucho menos productivos en propuestas para solucionar los problemas reales de los ciudadanos.

Por cierto, está fatal eso de lanzar campañas de acoso en redes. Espero que no comiencen las amenazas, porque no me ando con bromitas y esas las denuncio donde hay que denunciarlas.

Y a ustedes, si me lo permiten, les pido que sigan retuiteando y publicando la noticia de EL DEBATE, que tanto ha molestado al comunismo. Que se fastidien y rabien. Libertad.

Actualización. El pequeño mundo tuitero de Facu y sus campañitas.

Actualización 16:30. Facu Díaz amenaza con más «exclusivas» y considera que esta publicación es un ataque «a la prensa libre». Normal, quedan muchas nóminas que son públicas de diputados por dar a conocer. Cosas del periodismo de «kalidá». Por cierto, a publicar lo público lo ha llamado «caso nómina». Ya no puedo más de la risa.

El asesinato de Déborah Fernández

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Déborah Fernández

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El 30 de abril de 2002 la joven viguesa estudiante de diseño gráfico, Déborah Fernández Cervera, quien días después de su desaparición y asesinato habría cumplido 22 años de edad, salió a pasear después de comer en su casa y de haber pasado por la peluquería para depilarse y no volvió. Diez días después aparecería su cadáver, perfectamente colocado en una cuneta en la localidad de O Rosal, en Pontevedra, a cuarenta kilómetros del lugar de su desaparición. El cadáver estaba desnudo, lavado y las partes genitales y pechos tapados con hojas. No presentaba signos de violencia. Su asesino intentó simular una agresión sexual, introduciendo en la vagina de la joven semen, que para sorpresa de los forenses, aún se movía el día de la autopsia. Algo imposible después de 9 días. Había sido preparado.

Cuando solo quedan unos meses para la prescripción del caso, la Justicia española ha llamado como investigado al ex novio de Déborah Fernández.

Tranquilidad frente al populismo

El populista no lo es como consecuencia de una ideología, sino por su estilo de hacer política, por su forma de construir discursos. Lo hace moviéndose en un terreno previamente infantilizado, irresponsable y emocional alcanzado tras décadas de hegemonía socialdemócrata. Hoy, el consenso socialdemócrata al que me referí por primera vez en una conferencia impartida en el Instituto Juan de Mariana en el año 2013, ha muerto de éxito.

Como afirma el profesor Drew Westen, el cerebro político es un cerebro emocional. Así, los simpatizantes de partidos populistas, al recibir una noticia que confronta con la virtuosidad de la que presumen sus líderes, activa procesos cerebrales para llegar a conclusiones predeterminadas, desdeñando la contradicción.

De ahí que no pocos simpatizantes de Podemos, por ejemplo, justificaran la compra de la vivienda de Galapagar de Pablo Iglesias. O la ausencia de debate racional en torno al colectivo de menores no acompañados que continuamente hace Vox, cuando la sencilla realidad es que quienes delinquen son las personas, y no las razas, nacionalidades o religiones.

En el populismo, que solo germina en una sociedad enferma y cuyo origen se encuentra en los narodniks rusos del siglo XIX, no existen razones, sino emociones. No hay lógica, sino griterío. Grandes acusaciones vertidas con palabras gruesas que pretenden movilizar emociones negativas como el odio, la ira o el resentimiento. Juan Carlos Monedero lo plasmó por escrito: “lo que no emociona, no moviliza”.

Para el populista, su líder representa todo lo bueno: es la representación del pueblo soñado. Quienes no comparten sus ideas, son considerados antipueblo y reúnen los peores defectos que el hombre puede tener. Si cree ser de izquierdas, sus enemigos son la libertad de mercado, la burguesía, el capital, la democracia liberal o cualquier grupo que se aparte de los colectivos por él bendecidos. Frente a esto, su líder es la voz de los deseos de la gente: “yo sé lo que quieren”. Se trata, en el fondo, de un mesianismo de corte religioso y paternalista que considera menores de edad a las personas. “Yo sé mejor que tú lo que te conviene”. ¿Les suena?

El filósofo alemán Peter Sloterdijk, quien señala que cristianismo, comunismo y fascismo son los principales “bancos de ira” de la Historia al señalar al sufridor del hoy como el vengado del futuro, señaló, en referencia al populismo nacionalista, que éste ha cargado su discurso de ira en el repudio, identificando como antipueblo a quienes impiden el cumplimiento de la unidad de destino en lo universal, que diría Primo de Rivera. De ahí el discurso xenófobo y moralista del populista nacionalista, que promete el regreso a la Gemeinschaft (comunidad) reconstruida desde su visión nostálgica y excluyente. Porque el dirigente populista de derechas no es patriota. Es nacionalista.

Mientras que el patriotismo bebe de la mezcolanza, pluralidad y diversidad, véase los EE.UU., el nacionalista es excluyente y busca conformar una sociedad heterogénea a su imagen y semejanza. Para él, el valor dominante es la solidaridad entre los miembros de la comunidad y la exclusión de todo aquél que, según su idealista visión, impida el “proceso histórico”. 

El populista tiene vocación de partido único, por esa visión excluyente e idealista que conforma su forma discursiva. De ahí que en lugar de centrarse en mejorar la vida de las personas o en hacer frente al avance del populismo de signo contrario, se centre en tratar de acabar con quien ocupa su espacio electoral. Recuerden: en el populismo no hay razones, solo emociones.

En la actual, tensionada e infantil sociedad de la comunicación es muy fácil dejarse llevar por estas últimas. La opinión ha sustituido al conocimiento. Las redes sociales, especialmente Twitter, se han convertido en vomitorios de ese resentimiento infantil y siempre antiliberal. Porque el resentimiento, como señaló Ludwig von Mises, se encuentra en la raíz del antiliberalismo.

Los populismos, es innegable, están avanzando en todas las sociedades abiertas, debido a que estamos inmersos en un cambio de eje-tiempo de la historia universal. Vivimos, afirma A. Giddens, en “un mundo en fuga”. Lo hemos visto en Hispanoamérica de la mano del denominado “socialismo del siglo XXI” y lo vemos en Europa de la mano de partidos nacionalistas de derechas que han surgido en FranciaAustria o en antiguos países de la URSS.  No es cuestión de ideología. Al populismo se han sumado izquierdas, derechas y también, hay que señalarlo, buena parte del totalitarismo liberal, de clara inspiración lassalliana.

El mayor error que podría cometer un defensor de la democracia liberal con responsabilidades políticas es tratar de competir con el populista en su propio terreno y con su lenguaje. No hay que caer en el griterío, la brocha gorda. Es el tiempo de la reflexión, de la madurez y de los principios. Del conocimiento. Y de la firmeza.

Publicado en Es Diario el 18 de febrero de 2022

Los crímenes de Almonte o el jurado popular

En Martes Negro, hemos hablado de los crímenes de Almonte.

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El 27 de abril de 2013, en Almonte (Huelva), María Domínguez, de 8 años de edad, y su padre, Miguel Ángel, 39 años de edad, fueron asesinados en su casa, situada en la avenida de los reyes. Ambos se disponían a salir a cenar a una pizzería que le encantaba a la pequeña. Su padre, para quien la niña lo era todo, la había dejado jugando a la videoconsola en el salón para ir a ducharse. Jamás llegó a hacerlo

En septiembre de 2017 arrancó el juicio contra la pareja de la madre. Un mes después es declarado no culpable por el jurado popular. La fiscalía pedía 50 años de prisión. Las pruebas científicas parecían concluyentes. Tres toallas en dos baños de la vivienda con células epiteliales del acusado. La defensa del acusado arguyó que se habría producido una transferencia de ADN del acusado. Sin embargo, esta lavaba dichas prendas con agua caliente y lejía por lo que desde el Instituto de Toxicología consideraban imposible que la transferencia hubiera tenido lugar. Las células epiteliales son pequeños rastros de piel que quedan en las toallas cuando nos frotamos con ellas para secarnos.

Así lo relata uno de los peritos de parte de los propios familiares en el podcast El Rincón del Di

Por otra parte, la defensa también argumentó que el acusado estaba en Mercadona a la hora del suceso. Una expareja suya testificó que estuvo todo el tiempo en la tienda.

La Fiscalía y la acusación particular, conformada por la madre y la familia de Miguel Ángel, pidieron repetir el juicio con un nuevo jurado popular, algo que deniega la Sala Civil y Penal del TSJ de Andalucía, confirmando la absolución . Posteriormente, la fiscalía del supremo pidió la anulación del juicio, argumentando que el jurado popular no motivó suficientemente la declaración de no culpable, al no haber valorado las pruebas científicas. En diciembre de 2018 el Tribunal Supremo confirmó la absolución.

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El mal gusto como principio político.

Pilar Lima, diputada de Podemos de las Cortes Valencianas, 44 años de edad, llegó en tren a Madrid junto a una compañera. Su primera acción fue enviar a Twitter una imagen en la que ambas posaban con gestos obscenos. El texto rezaba: “Acabamos de llegar al agujero negro de Isabel Díaz Ayuso”. Horteras.

Después de décadas de imposición de pensamiento ideológico y de idolatría del Estado, la buena educación, la ciencia y el conocimiento no están de moda. Han sido sustituidos por la horterada, la grosería y la opinión (convertida en Verdad). La izquierda considera que actitudes infantiles como la de Lima, más propias de un recreo escolar que de una persona adulta, como una provocación antisistema. Llevan décadas trabajando para derruir el mérito, la capacidad y la excelencia en nombre de un ramplón igualitarismo. Sustituyen la ciencia por la ideología. El sexo sentido.

De hecho, nuestros comunistas patrios ya no son mecanicistas, como era el marxismo. Son biologicistas, como los nacional-socialistas alemanes de los años 30 del pasado siglo. E igualitaristas. A más igualitarismo -no es lo mismo que igualdad, que lo es ante la Ley-, menos libertad.

No es casual que Ellsworth M. Toohey, el malvado colectivista de la novela de Ayn RandEl Manantial” fuera crítico de arte y arquitectura, como no lo era que los artistas, arquitectos y escritores con los que se reunía defendieran el anti-arte, la anti-arquitectura o la anti-literatura. Lo llaman “contracultura”. Cuanto peor es una obra, más se celebra.  Rand lo vio venir con gran clarividencia:

“Destruya en el hombre el sentido del valor. Destruya la capacidad para reconocer la grandeza o para realizarla. Los grandes hombres no pueden ser gobernados. No queremos ningún gran hombre. Neguemos la concepción de la grandeza. Ensalce tipos de obras accesibles a todos, a los más ineptos, y detenga el ímpetu y el esfuerzo de todos los hombres, grandes y pequeños. Ríase de Roark y tome a Peter Keating como a un gran arquitecto, y habrá destruido la arquitectura. Eleve a Lois Cook, y habrá destruido la literatura. Vocifere el nombre de Ike, y habrá destruido el teatro. Glorifique a Lancelot, y habrá destruido el periodismo. No se ponga a destruir todos los santuarios; eso asustaría a los hombres. Conserve a la mediocridad como santuario”

, aconsejaba Toohey en “El Manantial”

Logrado este objetivo, invadiéndolo todo la mediocridad y alcanzada la infantilización de la sociedad por mor de la socialdemocracia, es posible que en plena crisis económica, con los empresarios y autónomos asfixiados, las familias sin llegar a fin de mes, la educación convertida en deseducación y adoctrinamiento, la historia falsificada, la calidad democrática en entredicho y la libertad de expresión o prensa perseguidas, en España la discusión sea quién va a Eurovisión, un festival de música, por demás, completamente desprestigiado. O que se mencione a uno de los grupos aspirantes en acudir al mismo en parlamentos. O que Pilar Lima y su partido, profundamente totalitario e infantil a imagen y semejanza de sus populistas líderes, sigan teniendo votantes.

Twitter, el odio y el totalitarismo.

Esta Navidad sufrí amenazas de muerte en Twitter, que han sido denunciadas ante la Guardia Civil. Nadie se libra del odio que campa a sus anchas en Twitter. Los de las amenazas siguen allí, con sus cuentas abiertas. Luego los de Twitter hablarán de todo lo que hacen para promover valores democráticos.

Twitter se ha convertido en una asamblea de niños malcriados. Una red social en la que frustrados y resentidos pueden vomitar con total impunidad su odio.

En España, en el año 2020, Twitter tenía 4,1 millones de usuarios. En el año 2015 eran 4,5 millones. Las cuentas verificadas (personas reales y cuya identidad ha sido contrastada por la red social) solo representan un 0,13% de los usuarios, siendo Madrid la ciudad española que más tiene. Le siguen Barcelona y Valencia. Los hombres son los que más utilizan esta red social (63%) y el 28,4% tienen una edad comprendida entre los 35 y 49 años. Y es la red de los odiadores por excelencia, aunque estos se estén abriendo paso en otras redes en crecimiento como Instagram o Tik-Tok.

Existen numerosos estudios acerca del perfil psicológico del hater, ese personaje narcisista fanático que se cree con derecho a juzgar a los demás. El suicidio de la actriz Verónica Forqué ha hecho que una parte de la sociedad se dé cuenta de la gravedad de dicho comportamiento.

Desde el punto de vista psicológico, los haters de Twitter equivalen a quienes participan en otros lugares del planeta en linchamientos físicos. Se trata, como señala Schafer en The Seven Stage Hate Model, de personas con baja o nula autoestima que sienten satisfacción insultando a otros; manipuladoras y con conductas socialmente desviadas, carentes de empatía e inteligencia emocional, que se guían por impulsos. La fe antes que la razón o la ciencia. Tienen personalidad adictiva, exceso de tiempo libre, necesidad de protagonismo y vacío vital, señala el psicólogo Jordi Isidro Molina en “La Vanguardia”. Son los haters, pero también esas estrellas de Twitter que se pasan el día opinando acerca de todo y señalando a los demás, como si en ellos residiera la Verdad revelada y solo hubiera una forma correcta de hacer las cosas. Su paso por la popularidad, que no el prestigio, será fugaz, porque no aportan absolutamente nada.

Haidt y Lukianoff en “La transformación de la mente moderna” (Ed. Deusto) señalan cómo las teorías de la interseccionalidad y cancelación han convertido a jóvenes norteamericanos en personas sumisas que impiden expresarse a quien piensa diferente. Una transformación que inicialmente afectaba a jóvenes de izquierdas, de esos que justifican escraches en la universidad como los que hemos visto en España. Pero este odio pronto, de la mano del populismo de Trump, hizo mella en la derecha. Hoy los antivacunas arremeten ferozmente contra el ex presidente norteamericano, al que consideran un traidor por ponerse del lado de la ciencia en el asunto de la vacunación. En España también ha habido casos similares, como la campaña en redes contra el doctor Steegmann (VOX).

El psicólogo John R. Suler, por su parte, ha señalado el efecto de desinhibición online que afecta a estas personas, que piensan que su comportamiento puede ser desinhibido por la desconexión existente entre ellos y lo que escriben en la red bajo el anonimato.

Los haters políticos de hoy son populistas, como antaño eran nacionalsocialistas o comunistas. Totalitarios. Porque el populismo, hijo del consenso socialdemócrata y el estatismo, tiene mucho que ver con esta violencia. El populismo siempre es emocional, violento y apela a sentimientos negativos como el odio o la ira (“el miedo va a cambiar de bando”, “socialicemos el dolor”). Ya señalaba Ortega y Gasset que la masa y el anonimato convierten a las personas en bestias.

Por eso es grave cuando organizaciones políticas, que deberían de estar pensando en cómo mejorar la vida de los ciudadanos, se dedican a contratar granjas de bots o a favorecer el acoso en redes. Lo que esto pone de manifiesto es la infantilización de la política, en el fondo de la sociedad. Todo ello derivado de la perniciosa socialdemocracia, una ideología que niega la responsabilidad individual para diluirla en el colectivo. El colectivismo socialdemócrata hace que las personas sean irresponsables, acomodaticias y dependientes de papá Estado. Todos esos partidos y políticos no contribuyen en absoluto a fomentar una sociedad abierta, libre y plural. Todo lo contrario. Contribuyen a la polarización de la sociedad. Hacerlo, además, en momentos de incertidumbre como los que llegamos viviendo los últimos dos años por la pandemia es moralmente inadmisible.

Pandemia. Economía y Libertad

Economía y Libertad no son excluyentes. Así lo ha demostrado Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, cuya gestión está siendo puesta de ejemplo en todo el mundo. Si en marzo de 2020 Madrid fue la primera región en cerrar colegios (con el gobierno de Sánchez diciendo que no era necesario) o la primera en cerrar los centros de días de mayores (con Sánchez diciendo lo mismo), luego fue la que repartió mascarillas FPP2 que los socialcomunistas decían eran «demasiado buenas». Se construyó el Zendal, se puso en marcha el programa VIGÍA de aguas residuales (ahora copiado hasta por la ONU), se apostó por Zonas Básicas de Salud frente a confinamientos masivos. En diciembre de 2020 la presidenta propuso cribados masivos con test de antígenos. Los de Sánchez decían que no servían. No querían ni venderlos en las farmacias.

Madrid fue la primera región en abrir de nuevo la Cultura: museos, teatros, cines, espectáculos. Y se apostó por no machacar a la hostelería.

Lo he podido contar en el programa «Contracorrente» de Mediaset Italia.

https://mediasetplay.mediaset.it/video/controcorrente/covid-la-strategia-della-spagna_F311547501002C04