El virus del populismo.

Publicado en LA RAZÓN el 18 de marzo de 2020

Doy por hecho que todos los lectores de LA RAZÓN están informados de las medidas que ayudan, en estos momentos de incertidumbre y zozobra colectiva, a contener ese terrible enemigo invisible que es el COVID-19. Un virus que se está cebando en los más débiles, a los que, entre todos, tenemos que proteger. Desde el gobierno de la Comunidad de Madrid se ha estado liderando, desde el primer momento y como ha podido ver toda España, la toma de medidas preventivas. Algunas muy duras y dolorosas, como ordenar el cierre de establecimientos o la cuarentena, pero necesarias para que podamos salir adelante en el menor tiempo posible. Y saldremos.

Porque la España de los balcones, esa que sale a las 20:00 horas a dar las gracias a quienes se están dejando la piel en primera línea de batalla -sanitarios, policías, ejército, protección civil…-, es una España responsable y solidaria. Siempre lo hemos sido. No en vano somos campeones en donación de órganos. En Madrid, solicitados voluntarios para atender a personas mayores, solitarias o dependientes, pese al peligro del contagio, en menos de 24 horas se habían ofrecido 7.400 personas.  ¡Viva la madre que os parió!

Son decenas las empresas que han contactado con la Comunidad de Madrid para ofrecer su ayuda y colaboración. Gracias a Telepizza y Rodilla, los 11.500 niños cuyos padres solo cobran la Renta Mínima de Inserción, recibirán sus menús. Google, Telefónica, Goggo Network y otras tecnológicas llevan días desarrollando una app gratuita, que cederán a la Comunidad de Madrid y ésta al resto de España. Los jóvenes van dejando notas en portales ofreciéndose a hacer la compra para gente mayor. Son tantas cosas…

Sin embargo, hay quienes quieren aprovechar estos tiempos para sus propios intereses. Son los populistas. En contra de la creencia popular, en ciencia política -que no es ciencia- lo contrario a democracia no es dictadura, es demagogia. Y de ello están dando buena cuenta los populistas estos días. ¿Qué pretenden con ello? Imponer su relato. Un relato en el que ellos (los de vamos juntos al 8-M porque no pasa nada) serían el pueblo. Un pueblo todo bondad. Y los malos serían… ¿lo adivinan? Claro. La casta. O sea, el gobierno de la Comunidad de Madrid (y ojo, Sánchez, porque te lo van a hacer extensivo en pocos días). Ese gobierno que ha liderado la pelea por salvar vidas.  Los populismos anteponen la ideología a la realidad. De ahí que, por ejemplo, Echenique solo salga a aplaudir a la sanidad pública, ignorando que la sanidad privada está colaborando con ésta y que se han puesto todos a disposición bajo un mando único, o que Sol Sánchez de Izquierda Unida arremeta contra el gobierno de Madrid y lo tilde de “criminal”. O que Gómez Perpinyà, portavoz de Más Madrid por ser amigo personal de Errejón, critique que en Madrid se hable de “suma de individuos” y no de “pueblo”. La ideología, siempre la ideología. Que no ha salvado una vida jamás, sino que las ha costado por millones, como magníficamente describiera Jean François Revel en “El conocimiento inútil”.  CC.OO. de Madrid se opuso a que se alimentara a los niños pobres, porque Telepizza no les gusta. A punto estuvo de conseguirlo, aunque finalmente el gobierno lo autorizó.

Pero Perpinyà ha llegado aún más lejos al afirmar que “cada euro de la sanidad pública que el PP desvió a su ‘Caja B’ es una mascarilla menos para proteger a una enfermera del coronavirus”. Es el colmo. En Madrid el gobierno de la Comunidad construyó 12 hospitales públicos y más de 90 centros de salud, que atienden a más de 2.300.000 pacientes. ¿Se imaginan cómo estaría hoy Madrid sin esos centros? Pero es que, además, Madrid es la mejor Sanidad de España, como se ha demostrado estos días en que está liderando la crisis.

Y todo ello, pese a populistas como los que hoy se permiten el lujo, no de colaborar, sino de intentar dificultar el trabajo de quienes piensan en las personas. Que no te engañen con su “relato”.

El movimiento trans rompe con el feminismo.

Publicado en Vozpópuli el 29.12.2018

Las espadas están en todo lo alto. De un lado, significativas líderes del movimiento feminista como Lidia Falcón, Nuria Varela, Anna Prats o Amelia Valcárcel. Del otro, asociaciones vinculadas a Izquierda Unida y a Podemos, que acusan a las feministas socialistas de toda la vida de ser “tránsfobas” por oponerse a la ley de transexualidad que Podemos quiere presentar en el Congreso de los Diputados. Tal es la bronca que se ha montado, que IU podría expulsar al marxista Partido Feminista de su seno. El PSOE, que ha tomado partido por las feministas conscientes de que son un caladero de votos mucho mayor que el movimiento trans, se frota las manos.

En opinión de las feministas, el movimiento LGTBIQ+ se está volviendo contra la mujer. Así, Falcón, presidenta del Partido Feminista, considera que se está “enmascarando el lenguaje para hacer desaparecer las categorías marxianas y en vez de denominarnos mujeres y hombres, según la única clasificación antropológica que puede utilizarse, éramos sujetos indefinidos”. Sostiene el feminismo que los movimientos LGTBIQ+, al negar el sexo como dato biológico y considerar que es un constructo social, líquido y cambiante, están negando toda la teoría feminista tradicional, basada en la diferencia entre sexo (dato biológico) y género (constructo social fruto de siglos de heteropatriarcado).  Si el sexo no existe, como sostienen los activistas queer, no habría más que infinitos géneros, que pueden cambiar constantemente. No hay hombre ni mujer. Y por tanto, no es difícil concluir que, para el feminismo socialista, el movimiento trans niega el heteropatriarcado. De ahí que consideren dicho movimiento como contrario a la lucha de la mujer. Falcón, con razón biológica, niega el carácter científico de la “religión” queer. Desde el Partido Feminista denuncian el “falso progresismo” de una nueva “inqueersición”, cuyo objetivo, sostienen, es acallar al feminismo. Tachan a sus opositores de “machistas y reaccionarios”.

En el mismo sentido, la filósofa Sendón de León, sostiene que el “generismo” es una cuestión privada puesto que los sentimientos no son categoría política, mientras que la lucha de las mujeres sería cuestión colectiva, y, por tanto, pública (y política). El problema, reconoce, reside en que el propio feminismo ha usado la palabra “género” hasta despojarla de sentido, convirtiendo así a la mujer, señala, en un “concepto vacío”. “Pero lo más absurdo”, continúa la doctora en Filosofía, “es que parte del feminismo haya acogido a todo el LGTBIQ+ como su hijo bienamado, cuando a ellos las feministas les importamos un bledo”. De todo habrá.

Desde el otro lado del ring, Miram Solá considera que “el sujeto político del feminismo ‘mujeres’ se nos ha quedado pequeño, es excluyente por sí mismo”. El movimiento trans considera que el feminismo estaría tomando una “deriva identitaria que esconde un nuevo esencialismo que imposibilita las alianzas”. Acusan, así, al feminismo, de tener una “concepción victimista de la opresión como privilegio individual”. Algo que se ha plasmado en el denominado “Manifiesto para la insurrección transfeminista”. Por supuesto, desde algunas plataformas no faltan los insultos de “negacionistas”, “transmisóginos” y “transexclusión”. O TERF, en referencia a un movimiento feminista de los años 70 del pasado siglo, que pretendía diferenciarse del feminismo transinclusivo.  Para la diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid, Beatriz Gimeno, el discurso feminista, al que acusa de cosificar y deshumanizar al colectivo trans, “revela muchas coincidencias con la manera en que se construyen los discursos racistas o xenófobos”.

En el fondo, la batalla, que promete recrudecerse en el futuro con la irrupción del feminismo del 99 por cien y las teorías ecologistas del decrecimiento económico, gira en torno a la maternidad subrogada. Las feministas se oponen ferozmente a ésta por considerar que no es más que la comercialización del cuerpo de la mujer, los trans los apoyan como vía para ser padres. También gira la bronca alrededor del debate acerca de la prostitución, sin ser posible el diálogo, roto hace años, entre abolicionistas y partidarios de la regulación.

En realidad, ambos planteamientos adolecen del necesario reconocimiento de la individualidad, al pretender subsumir a las personas en un colectivo, imponiendo una visión ideológica que divide a las personas en buenos y malos. Es más de lo mismo. ¿De verdad no es posible um feminismo que no entre en la dialéctica marxista amigo-enemigo, para reivindicar la igualdad ante (y no mediante) la Ley?

De la izquierda, el derecho de reunión y el aborto como excusa.

Gonzalo Perez . 28/12/09. Concentracion por la mujer , la vida y la maternidad en la clinica dator.

Publicado en LA RAZÓN el 04.12.2018

Hoy viviremos una triste jornada en la Asamblea de Madrid: Podemos ha presentado una proposición no de ley que, apoyada por el resto de la izquierda de la cámara, pretende prohibir a las organizaciones pro vida reunirse frente a las clínicas de aborto y ofrecer información a las mujeres gestantes. Información que una plataforma de asociaciones proaborto vinculadas a PSOE, Podemos y Más Madrid, que recibió el apoyo de Ciudadanos, califica de falsa. En realidad la que sí se puede calificar de falsa es la información de las clínicas abortistas, que ya el año pasado fueron sancionadas por la Comunidad de Madrid por ofrecer información engañosa a sus clientes en su página web. Hablan también de “miles de mujeres coaccionadas” a las puertas de dichas clínicas, aunque no existan esas miles de denuncias y los datos que ofrecen sean los de un estudio de la asociación de clínicas abortistas ACAI. Una encuesta… a 300 mujeres. Una broma.  

Vamos, en definitiva,  a asistir al espectáculo de ver a la izquierda transmutada en feroz partidaria del capitalismo, para defender la cultura de la muerte y el negocio privado y millonario de dichas clínicas. Al uso de la mujer para hacer ingeniería social y tratar de limitar el constitucional derecho de manifestación y reunión. A la izquierda solo le gustan sus manifestaciones y reuniones.

El aborto, que es llamado eufemísticamente por la corrección política “interrupción voluntaria del embarazo” -como si la gestación, muerto el niño, pudiera reiniciarse- es un asunto moral, de conciencia, que históricamente se ha tratado de usar, tanto desde la izquierda como desde el conservadurismo extremo, contra el Partido Popular.

Al ser el aborto un tema de conciencia, es transversal. Así, ni es necesario ser católico ni ser de derechas para estar a favor de la vida. Algo que la izquierda española pretende ignorar, para dividir una vez más a los españoles en buenos (progresistas a favor del aborto) y malos (ultraderechistas o nacionalcatólicos a favor del derecho a vivir). Rafael Correa, el bolivariano ex presidente de Ecuador, estando en el cargo, amagó con dimitir si se aprobaba en su país una ley que permitiera abortar. Calificó el aborto como “asesinato del ser más desprotegido”.

El PP es un partido plural: en su seno conviven democristianos, liberales, socialdemócratas, tecnócratas… todo lo que está a la derecha del PSOE. Hay quien está a favor del aborto, hay quien está en contra.  Por eso, en el PP no se juzga a ninguna mujer si decide abortar, y se la apoya en su maternidad si decide ser madre. Pero el PP no se somete al pensamiento único de la cultura de la muerte que la izquierda ansía imponer.

En el Partido Popular de Madrid somos firmes defensores de la vida y por eso, precisamente por eso, impulsamos desde la Comunidad de Madrid una ambiciosa política en apoyo a la maternidad. El programa más completo que se pudo leer las pasadas elecciones en defensa de la mujer que quiere ser madre fue, precisamente, el de Isabel Díaz Ayuso. Se impulsan por una parte políticas de educación sexual para evitar embarazos no deseados (de los más de 90.000 abortos cometidos el año pasado, más de 32.000 mujeres declararon no haber usado anticonceptivos), por otra se apoya firmemente la maternidad. Algo que se hace mediante políticas fiscales (deducción del 25% de la Seguridad Social por contratación de “canguros” o deducción por nacimiento o adopción de 700 euros durante los primeros 3 años de vida del niño) o bien apoyando a entidades como Red Madre, que acoge a gestantes en situación de vulnerabilidad y a sus hijos. El año pasado, en las dos residencias de nuestra Comunidad, se acogió a 62 mujeres y 64 niños.Todo aborto es un drama. Por eso mismo hay que tratar de reducirlo al máximo. Si se puede, hasta el cero. Y se puede lograr mediante políticas como las que aplica en Madrid el PP, que no entrar a juzgar a ninguna mujer, pero sí apuesta decididamente por la vida.

La noche en que Alemania descubrió la libertad y el horror

Publicado en LA RAZÓN el 8.11.2018

Las fronteras que separaban el socialismo de la libertad se abrieron. El deseo de acceder a la Europa libre era imparable

El 9 de noviembre de 1989 el «telón de acero» se venía abajo dejando al descubierto el crimen, hambre y miseria, así como la propaganda del socialismo real. Sucedió el día en que la policía del régimen soviético abrió la puerta de la verja que separaba a los dos mundos. Fueron los habitantes de la República Democrática de Alemania, víctimas primero del nacional socialismo y posteriormente del comunismo, dos caras de la misma moneda, quienes decidieron derribar los 155 kilómetros del muro que simbolizaba la opresión desde el 13 de agosto de 1961. En los días previos miles de alemanes desafiaron al comunismo en grandes ciudades y pueblos como Neuruppin. La apertura de la frontera entre Austria y Hungría, que había tenido lugar el 11 de septiembre, había preparado el terreno a la huida. Miles de alemanes pasaban también desde primeros de noviembre a Alemania por la frontera checoslovaca. Los jóvenes, como sucede siempre, eran la avanzadilla de los deseos de libertad de sus mayores. En realidad, el comienzo del fin hay que situarlo en Polonia. El sindicalista católico de Solidarnosc, Lech Walesa, iba a conseguirlo.

El lunes 9 de octubre, un mes antes de la implosión que llevaría a Fukuyama a escribir acerca del fin de la Historia, 70.000 personas habían desafiado al régimen en Leipzig, marchando hasta la sede central de la temible Stasi, la policía política del socialismo alemán. Desde ese momento no hubo marcha atrás. El régimen comunista estaba sentenciado. El 4 de noviembre ya eran medio millón los manifestantes que tomaban pacíficamente Berlín. La gente portaba sábanas sujetadas con palos, convertidas en carteles, reclamando elecciones libres, libertad de prensa y manifestación, o simplemente reformas. El régimen decidió permitir la manifestación. La riada humana era imparable. Así fue posible que el día 6 se debatiera el proyecto de una nueva ley que permitiera la salida del país. Fue rechazado por una amplia mayoría del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED). El día 7 dimitía el gobierno de Willi Stoph. Al día siguiente renunciaban todos los miembros del politburó del comité central.

Y así se llegó al jueves que cambiaría el reparto de poder del mundo. Por la mañana se presentó un nuevo proyecto de ley que permitiría, a quien así lo deseara, salir del país. El plan era dar a conocer al pueblo el anteproyecto el día 10 de noviembre. No hubo tiempo. A las 18:53 horas del día de la liberación, en el berlinés centro de prensa internacional situado en la calle Mohrenstrasse 38, un periodista italiano, Riccardo Ehrman, preguntaba al ministro portavoz Günter Schabowski por la apertura de fronteras, un rumor que corría de boca en boca. Y éste, quien desconocía tanto la letra pequeña del anteproyecto como que hasta el día siguiente no se podía anunciar nada dado que no había asistido a la reunión del Comité, respondía que cualquier ciudadano podría viajar a donde quisiera. Dicha libertad de circulación entraría en vigor, Schabowski respondía a la cuestión planteada por el periodista de «Bild», Peter Brinkmann, «inmediatamente».

Anuncio antes de tiempo

Las agencias de prensa de todo el mundo informaban a toda velocidad y la noticia se expandía entre el mundo libre… y el comunista. Associated Press hacía el anuncio a las 19:05 horas: «La República Democrática de Alemania abre las fronteras». La agencia de noticias alemana DPA titulaba muy gráficamente a las 19:41: «Abierta la frontera de la República Democrática de Alemania». Inmediatamente se hacían eco de ello la televisión y radio públicas alemanas: «Se ha terminado el tener que salir del país a través de Checoslovaquia o Hungría». A las 20:30 ya había ciudadanos agolpándose en la frontera de la calle Bornholmer, exigiendo la apertura de la frontera que les separaba de la democracia. A las 21:10 terminaba el pleno de la Alemania Federal, que tenía lugar en Bonn, con el himno nacional. A las 23:00 la masa que pedía libertad era ya incontenible. Media hora más tarde se abrían las verjas que separaban el socialismo de la libertad. Miles de alemanes cruzaron la frontera entre exclamaciones de «por fin libres». De madrugada la riada de ciudadanos que querían acceder a la Europa libre ya era imparable.

El alcalde de Berlín occidental, el socialdemócrata Walter Momper, ordenó el día 10 de noviembre el pago de 100 marcos alemanes de bienvenida a los que huían de la tiranía. Según afirmaría poco después delante de Hans-Dietrich Genscher, Willy Brandt y Helmut Kohl, «los alemanes son el pueblo más feliz de la tierra». Kohl celebró que «viva la patria alemana libre, viva una Europa libre y unificada». Se había derrumbado lo que los comunistas denominaban, por obra y gracia del presidente del parlamento socialista, Horst Sindermann, «muro de protección antifascista». Alemania se encaminaba hacia su reunificación, que se firmaría finalmente el 3 de octubre de 1990.

Un error del ministro portavoz del régimen comunista de la República Democrática de Alemania, Günter Schabowski, quien no había acudido a la reunión del partido la noche anterior y cuya información se limitaba a una nota manuscrita del Jefe de Estado sucesor de Honecker, Egon Krenz, fue la causa de la apertura oficial de la frontera que separaba la Alemania libre de la sometida. Schabowski, encarcelado en diciembre 1999 junto a Krenz en la prisión de Hakenfelde en Spandau e indultado por el alcalde de Berlín en septiembre del año 2000, fue expulsado del partido comunista alemán SED y acabaría apoyando al partido de Helmut Kohl, la democristiana CDU.

«Dentro de la socialdemocracia no cabe la libertad»

larazonentrevista

 

Nos han entrevistado a Jorge Vilches y servidora en LA RAZÓN con motivo de la publicación de «Contra la Socialdemocracia». Aquí os dejo la entrevista:

Un libro que arremete contra el pensamiento único y ensalza los valores del individuo para evitar la servidumbre. Un arsenal de principios con los que la nueva derecha podría reconstruirse y librar una batalla de las ideas. Una denuncia de la hegemonía cultural de la izquierda. «Contra la socialdemocracia» (Deusto) es, en definitiva, una defensa de la libertad. Almudena Negro y Jorge Vilches aseguran que el intervencionismo nos impide ser dueños de nuestras vidas y que si nos quedáramos huérfanos de «papá Estado» el progreso sería mayor. Salvaguardan el auténtico liberalismo sin titubeos ni pelos en la lengua. Atizan con argumentos. No se achican. Han escrito un ensayo provocador…

–¿Estar contra la socialdemocracia es defender la libertad?

–Almudena Negro: Dentro de la socialdemocracia no cabe la libertad. Sin miedo no hay socialdemocracia.

–Jorge Vilches: Pero no es miedo a la libertad, sino a sus consecuencias. La socialdemocracia vive de recortar las libertades y de retroalimentar las necesidades. Busca transformar nuestras conciencias para llegar a una sociedad en la que los valores sean únicos. Somos personas, no un rebañ

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‘Contra la socialdemocracia’ en Vozpópuli

vayadosJavier Benegas, jefe de opinión de Vozpópuli, ha escrito un análisis de ‘Contra la socialdemocracia’ que me ha encantado. ¿Qué digo encantado? Me ha emocionado. Aquí os lo dejo:

El título de este artículo no es mío, lo he tomado prestado del libro de reciente aparición «Contra la socialdemocracia» (Editorial Deusto), cuyos autores son Almudena Negro, periodista especializada en análisis político, y Jorge Vilches, profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, ambos más que curtidos en el terreno del debate de ideas. Es evidente que, con este título, no cabe esperar medias tintas ni tampoco consensos, de hecho, en la contraportada está escrito, casi grabado a fuego, lo siguiente:

“La actual crisis política que asola Europa es uno de los efectos del consenso socialdemócrata”

No hay duda de que estamos ante un ensayo combativo, duro, implacable, pero, sin embargo, en absoluto panfletario sino más bien lo contrario: fino, intelectualmente elaborado y, se esté de acuerdo o no con las tesis, consistente y muy bien trabado. 

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