Atacar a Ayuso para salvar a Sánchez

Publicado en EsDiario el 24 de abril de 2020


La situación de Salvador Illa, el hombre de Miquel Iceta en el gobierno de Pedro Sánchez, es insostenible. Sobre él descansa la responsabilidad de no haberse tomado en serio las decenas de advertencias que la Organización Mundial de la Salud y la Unión Europea lanzaron desde enero a los distintos países para adoptar medidas de distanciamiento social, evitar eventos masivos y hacer acopio de material sanitario para los profesionales.

Pero también es su ministerio el responsable de haber comprado una partida de 659.000 test fraudulentos a una empresa china que no tenía licencia, o de haber surtido a los sanitarios con mascarillas defectuosas, lo que ha podido costar vidas. Especialmente de los médicos. Por eso no sorprende que los sanitarios hayan estallado contra el ministerio.

La Confederación Estatal de Sindicatos Médicos y el Consejo General de Enfermería han anunciado ya sendas querellas contra el ministro y sus colaboradores, por la comisión de un presunto delito contra los trabajadores, recogido en el artículo 316 de nuestro Código Penal. El Consejo de Enfermería se querella además por imprudencia grave con resultado de lesiones o muerte. Los Consejos Generales de Colegios Oficiales de Dentistas, Farmacéuticos, Fisioterapeutas, Podólogos y Veterinarios también han alzado la voz contra el gobierno, al que exigen les dote del material de protección necesario para cumplir con su trabajo. Y que éste sea homologado. Por otra parte, exigen la realización de test a todos los profesionales sanitarios, así como al máximo posible de ciudadanos. Porque, sostienen, “no vamos a ser capaces de disminuir el impacto por el SARS-CoV-2, si no somos capaces de conocer el estado de los que trabajan en primera línea, sus riesgos de infección, su riesgo de potencial agente de contagio, y su estado inmunológico”. Denuncian que el gobierno no cuenta con ellos para nada.


Y es que, critiquen lo que quieran desde el gobierno, si España está hoy confinada, sin test masivos ni mapa de prevalencia es por la responsabilidad de Pedro Sánchez, el pirómano que prendió el fuego del COVID-19, como me recuerda siempre mi compañero de escaño, el doctor Raboso. Por más que ahora Pedro Sánchez pretenda diluir las responsabilidades. Porque exactamente en eso están ahora. En la mutualización de su grave negligencia.


Los furibundos ataques contra Isabel Díaz Ayuso, objetivo a batir por la izquierda, tienen como fondo la contraposición de dos modelos de gestión. Mientras la Comunidad de Madrid no sea socialista, los españoles tendrán una alternativa a Sánchez e Iglesias en la que mirarse. Una alternativa de bajos impuestos y pocas imposiciones que puede presumir de tener los mejores servicios públicos de España. De la Sanidad a los transportes. Algo que el socialismo de los años 80 jamás imagino que sucedería. Pero, de la mano de Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre, sucedió. De ahí que para atacar a Díaz Ayuso todo valga.

Además, la izquierda, con ese sustrato machista que la impregna, trató de presentarla ya en campaña electoral como a una “niña tonta” que no sabía lo que decía. Y la “niña tonta” ha demostrado a los españoles durante esta crisis que es mucho más madura, responsable y decidida que todos ellos juntos. Isabel Díaz Ayuso ha demostrado que es una líder política. Que además quiere que los madrileños también sean líderes. Cada uno de su vida. Por eso, precisamente por eso, hay que liquidarla.


Algo que se ha visto hoy en la sesión de control al gobierno de la Asamblea de Madrid.
Jacinto Morano, portavoz de Podemos, en ausencia de su portavoz Isa Serra, condenada por daños, lesiones y atentado a 19 meses de prisión, pidió medicalizar las residencias y tuvo una intervención de corte institucional. Actualmente hay un total de 204 residencias medicalizadas, las 25 públicas y 179 privadas.


Gómez Perpinyà, jugador del FIFA en la Play y portavoz de Más Madrid, salía ayer a la palestra en Twitter diciendo, ante la suspensión del pleno telemático del 23 de abril por problemas técnicos (que ciertamente abochornarían a cualquiera), que la presidenta no quiere dar la cara. Sabe perfectamente el amigo de Iñigo Errejón que el Partido Popular quería que los plenos fueran presenciales. Mentía, pues, a conciencia. Pero la mentira, decía Lenin, es revolucionaria. Y Más Madrid, cada vez más a la sombra del PSOE, es el partido de los revolucionarios de salón. Su intervención en la Asamblea de Madrid del día 24 no fue más que un compendio de mentiras, que se podrían haber resumido en los cobardes vídeos sin firma que la izquierda ha estado tratando de viralizar en redes estos días. Perpinyà atacó la colaboración público-privada; volvió con la mentira de recortes en Sanidad que jamás se han producido en el Madrid que construyó de la mano de Esperanza Aguirre 12 hospitales y 90 centros de salud; incluso repitió la mentira de la responsabilidad de la presidenta en los fallos técnicos de la Asamblea. Es el partido de la Play, pero no de la responsabilidad y la verdad.


Ángel Gabilondo, portavoz del PSOE, hizo un llamamiento a la unidad que persigue también con ahínco Pedro Sánchez, quien abrió el melón con sus ya fracasados “Pactos de la Moncloa”, que fueron reconvertidos por Pablo Casado en lo que tenían que ser: una comisión parlamentaria de recuperación. Gabilondo pidió a la presidenta que abriera “espacios de colaboración institucional”. Un guante que Díaz Ayuso recogió ofreciendo diálogo a todos los grupos políticos que quieran aportar soluciones para la recuperación.


Me preocupa que Ciudadanos, de la mano de Inés Arrimadas, caiga en la trampa que le ha tendido la izquierda. Sería una pena que esos Ciudadanos que nacieron en Cataluña para defenderse de las imposiciones del populismo nacionalista catalán, acaben escuchando cantos de sirena y sucumbiendo al del populismo socialista. Porque hoy por hoy, el PSOE es socio de Podemos y se sostiene gracias a ERC y como se llame ahora el invento del fugado Puigdemont, antes partido del 3%. Lo demás, literatura y ganas de querer creer


Visto el Pleno hay que pedir a la oposición dejar los partidismos de lado, también en Madrid. Porque, como advirtió Isabel Díaz Ayuso ya los primeros días de crisis, todos juntos, venceremos.

Así acosa la izquierda en redes sociales.

Publicado en Es Diario el 4 de abril de 2020

Como llevan horas dándome la murga, he decidido contarlo. Y es que los periodistas no podemos evitar contar historias. Con mayor o menor fortuna. Les cuento la del acoso que estoy sufriendo estos días, en que España llora a sus muertos, por parte de la izquierda política y mediática. Eso sí, vaya por delante que me importa un colín. Pero que se sepa.

El pasado 2 de abril hacia mediodía andaba yo mirando las historias de diferentes políticos en Instagram. Y una de ellas llamó mi atención: la del portavoz de Más Madrid en la Asamblea, Pablo Gómez Perpinyà, llamando a jugar esa noche al FIFA en la Playstation. Algo que en tiempos normales no tendría mayor importancia. Sin embargo, justo a esas mismas horas, esta persona estaba acusando a Isabel Díaz Ayuso de haber “perdido aviones”. En Barajas, mientras tanto, aterrizaba el primer vuelo de Qatar Airways con 58 toneladas de ayuda para los muy necesitados hospitales de Madrid. Así pues, la cosa estaba clara: mientras el gobierno de Madrid, al cual dicho portavoz ha criticado por todo lo hecho, pelea para salvar vidas, a Pablo le preocupa jugar a la Play. Y me pregunté, ¿mientras el gobierno buscaba mascarillas FPP2 y FPP3 y respiradores para las UCI, y la gente donaba lo que puede en una cuenta, a qué se dedica el portavoz de Más Madrid? A jugar al FIFA.

El 3 de abril, a las 15:23 publiqué en mi cuenta personal un tuit en el que criticaba la frivolidad del personaje. Pero confundí la nuca de la persona que aparecía en la imagen con otra. Nada raro. Por un lado, a Gómez Perpinyà apenas se le conoce, por otro, pues no conocía al futbolista, qué le vamos a hacer. Algo que, en realidad, no desvirtúa la historia. Porque lo importante  es lo que subyace en tanta frivolidad.

 A las 16:17 Gómez Perpinyà me acusó de “difundir bulos”. Inmediatamente fueron centenares las personas que saltaron sobre mí llamándome de todo. Y cuando digo de todo, es de todo. Así que, cuando ya estaba harta, publiqué una rectificación. Porque la realidad es que el político llamaba a quedar a jugar al FIFA, se pongan como se pongan.

En realidad, lo que demuestra con esa historia en Instagram es que no le importa la crisis del coronavirus, sino hacer daño al Gobierno. No ha tenido ni un momento para escribir un tuit felicitándose porque ha llegado un avión con material sanitario para salvar vidas. Eso no les importa a los diputados de Más Madrid, no les interesan los madrileños. A Gómez Perpinya le interesa más jugar al FIFA con la Play, que animar a sus conciudadanos. Le falta madurez política y sentido de responsabilidad del cargo que ostenta, como ha demostrado.

Los insultos se multiplicaron. Muchos de ellos de esos que Irene Montero llamaría de machirulos. Intervino también el insignificante medio digital vinculado al PSOE, “El Plural”, que tiene menos lectores que MI.com (Comscore, febrero de 2020) y que sobrevive por tener como directora a Angélica Rubio, directora general de Coordinación Informativa de La Moncloa en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero. Casualidades de la vida, el día anterior había debatido con su redactor jefe, un tal Marcos Paradinas, precisamente por su falta de audiencia. Llevaban días publicando, para que se hagan idea del rigor, que a la Comunidad de Madrid la habrían estafado y que por eso no llegaban los aviones. Curiosamente el redactor jefe no defendió la noticia, sino que le molestó que dijera que su medio lo leen cuatro gatos. Menuda ética periodística. Durante años he trabajado como periodista y nunca me he dejado llevar por mis filias o fobias personales.

El propagandista Antonio Maestre no tardó en entrar en el juego, para calificarme, de “tonta”. Ya saben, las mujeres del PP para estos machirulos de la izquierda siempre somos tontitas.

Pero la traca final la pusieron desde El Plural sus colaboradores más chapuzas, publicando mi nómina del pasado mes de octubre en la Asamblea. Un dato que es público, pero que ellos utilizaron para intentar denigrarme. Podrán comprobar que eligieron el mes en que más he cobrado de todos.  Un acoso en toda regla. Pero, como les he dicho al principio, a mí me importa un colín. No tengo nada que esconder y, desde luego, no me voy a callar ante la izquierda irresponsable.

Telemadrid o la anomalía democrática de la izquierda y el sindicalismo.

Publicado en LA RAZÓN el 12.12.2018

Las últimas elecciones sindicales en Radio Televisión Madrid, empresa pública que integra a Telemadrid y Onda Madrid, se celebraron en  noviembre de 2011.  Desde el grupo popular en el parlamento madrileño llevamos desde el inicio del periodo de sesiones solicitando a CCOO, UGT y CGT la inmediata llamada a las urnas de los trabajadores.  Se niegan. Como se negaron cuando el Sindicato Independiente, creado en 2014, lanzó el pertinente preaviso exigiendo comicios.

Lo hacen amparándose en la legislación, que solo permite la convocatoria electoral a los sindicatos representativos (CCOO y UGT), a los que ya tienen representación previa (CCOO, UGT y CGT) o a petición de la mitad más uno de los empleados de la empresa. Esto último, después de lo que no pocos de los redactores vivieran en 2013 terribles episodios de amedrentamiento a manos de sindicalistas, es poco menos que una broma de mal gusto.

Así pues, Telemadrid lleva 8 años sin elecciones sindicales. Y así podrían estar, si de sindicatos y de la izquierda dependiera, 32 años más. Acaso por eso de equipararse en tiempo y forma a los sindicatos verticales del franquismo y al régimen autoritario mismo. Quién sabe.

Casi tan grave como la falta de legitimación democrática del extinto comité de empresa (vertical), es la justificación que en la Asamblea de Madrid hacen PSOE, Podemos y Más Madrid de la sustracción de la libertad de elección sindical.

El pasado martes, asistimos al espectáculo de ver a la izquierda en la Comisión de Control felicitándose por la gestión de los gobiernos del PP, con tal de que no se pongan las urnas. Los populistas se amparaban en el pasado y en su imaginario para justificar su postura, llegando el diputado Martínez Abarca a acusar al PP de actuar “como Gabriel Rufián”; el PSOE, aún más beligerante, invocando la posibilidad de recoger firmas, se niega a la convocatoria electoral. Una convocatoria que ganarían, con toda probabilidad, los mismos sindicatos de izquierdas. Entonces, ¿a qué viene esta negativa?

Por un lado, los sindicatos hablan en sus asambleas de no convocar elecciones hasta la “reversión del ERE”. Esto es, hasta que hayan colado, por la puerta de delante o de de atrás, como dejó bien claro el diputado Jacinto Morano (Podemos) en la comisión, a los más de 800 despedidos en el dramático ERE de 2013. Algo que haría inviable económicamente la empresa pública madrileña. Pero a Podemos qué le importa. Pagan los madrileños. Y hoy ya pagan más de 73 millones anuales.

Por otra parte, en aquellos años, a Telemadrid le correspondían más de 30 delegados sindicales, a los cuales hay que sumar los liberados. En total, 47 personas cobraban de Telemadrid en aquella época por realizar labores sindicales. Algunos de estos sindicalistas, denuncian desde dentro, llevan décadas sin pisar la Ciudad de la Imagen, pero cobrando sueldos por encima de la media de los españoles. Se ha publicado que existe incluso el caso de algún liberado de UGT, al que en la cadena apodan “el ovni”, porque llega tres décadas como liberado sin pisar la empresa. Según los datos conocidos, entre delegados y liberados, habría hoy 33 personas colocadas, de las cuales, según informó el director general de la cadena en la comisión, 5 serían liberados.

Pues bien, de convocarse elecciones, al haberse reducido la plantilla, solo habría 13 o 17 delegados (dependiendo de si el número de plantilla supera o no los 500 empleados), con lo que más de la mitad tendrían que ponerse a trabajar. Sospecho que eso, junto con la probable entrada en el comité de empresa de un nuevo actor como es el Sindicato Independiente y la posible salida de UGT del mismo, son los motivos de la izquierda para negarse a convocar elecciones, pese a que CCOO o CGT se alzarían con la victoria. Como ven, todo muy democrático.

La fiesta de la izquierda la pagan, una vez más, los madrileños. Lecciones de democracia de esta gente, ni una.

El penúltimo error de los grandes editores

 

Cuenta Fernando Botella en «Bienvenidos a la revolución 4.0» que la revolución tecnológica es una revolución cultural de primera magnitud. Un cambio que afecta a los liderazgos en las empresas (olvídense de los jefes autoritarios y las organizaciones altamente jerarquizadas). Que se llevará por delante a quienes no se adapten. El hombre de la revolución 4.0, el nuevo mono que vendrá a sustituir al mono sapiens, es humilde, empático, creativo, disruptivo y se cuestiona continuamente el statu quo. Porque es innovador. Algo similar a lo que relata Tim O’Reilly en «La economía WTF». Y las empresas modernas, los «unicornios» (parecían inviables, como Amazon, Uber o AliBaba y se están comiendo el mundo), premian eso: el pensamiento creativo, el poner en cuestión todo, el pensamiento lateral disruptivo.

Pues bien, leyendo hoy Vozpópuli, no se puede obviar que hay aún demasiado mono antiguo, demasiado ludita, que trata, como ha sucedido siempre a lo largo de la historia con las grandes transformaciones, de parar el progreso para mantener sus viejas costumbres.

Todos sabemos que las grandes editoras están en recesión. En este blog he escrito acerca de ello. La caída es inexorable por diversos factores. Pero ahora, ellos mismos, de la mano de los políticos, van a acelerar su desaparición.  La por burocrática y oligárquica cuestionada Unión Europea acaba de aprobar la llamada «Tasa PRISA«. Para entenderrnos: nos quieren cobrar por compartir los enlaces a sus noticias. O sea, por enlazar, por ejemplo a ElPaís.com. Seguro que hoy los mono sapiens lo celebran.

Lo que no se dan cuenta es cómo vamos a reaccionar los que estamos ya en la nueva era y nos hemos adaptado a la transformación: dejaremos de compartir sus enlaces y sus digitales se hundirán. ¿Alguien se apuesta conmigo café y pincho de tortilla?

Los pagos por ESE contenido no funcionan ni funcionarán jamás. Para que funcione me tienen que ofrecer un Netflix o un AmazonPrime. Y va a ser que no es eso. Que está muy bien eso de decir que «por la información de calidad hay que pagar», y es verdad. Pero el debate está en el término «calidad». Y la mentalida antigua de marcarnos a los lectores lo que lo es y lo que no lleva y llevará irremediablemente al fracaso. Por cierto, ¿os he contado que estoy enganchada a la serie «Gotham» de Netflix? 😉

Los de PRISA y demás han hecho lo que comúnmente se llama un pan como unas tortas. Los reaccionarios luditas perdieron la batalla. Como la perderán ellos. La solución es sencilla: adaptarse. Ay amigo, pero eso supone ser humilde y salir de la zona de confort. Demasiado.

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Ayer, en La Marimorena, sobre políticas del odio

Estamos viviendo una nueva etapa de políticas de odio, de discursos de odio, perfectamente calculados, que son lanzados por el líder y replicados por sus subalternos y periodistas afines para hacerse con el lenguaje y la agenda política, que consiguen marcar. Una violencia que no solo es discursiva, sino que también es física (escraches, performances…) y que se ha sabido adaptar perfectamente a las nuevas tecnologías (Twitter, Facebook).

«Dentro de la socialdemocracia no cabe la libertad»

larazonentrevista

 

Nos han entrevistado a Jorge Vilches y servidora en LA RAZÓN con motivo de la publicación de «Contra la Socialdemocracia». Aquí os dejo la entrevista:

Un libro que arremete contra el pensamiento único y ensalza los valores del individuo para evitar la servidumbre. Un arsenal de principios con los que la nueva derecha podría reconstruirse y librar una batalla de las ideas. Una denuncia de la hegemonía cultural de la izquierda. «Contra la socialdemocracia» (Deusto) es, en definitiva, una defensa de la libertad. Almudena Negro y Jorge Vilches aseguran que el intervencionismo nos impide ser dueños de nuestras vidas y que si nos quedáramos huérfanos de «papá Estado» el progreso sería mayor. Salvaguardan el auténtico liberalismo sin titubeos ni pelos en la lengua. Atizan con argumentos. No se achican. Han escrito un ensayo provocador…

–¿Estar contra la socialdemocracia es defender la libertad?

–Almudena Negro: Dentro de la socialdemocracia no cabe la libertad. Sin miedo no hay socialdemocracia.

–Jorge Vilches: Pero no es miedo a la libertad, sino a sus consecuencias. La socialdemocracia vive de recortar las libertades y de retroalimentar las necesidades. Busca transformar nuestras conciencias para llegar a una sociedad en la que los valores sean únicos. Somos personas, no un rebañ

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