#VenezuelaGritaLibertad : Sánchez traiciona la libertad, los DDHH y a los socialistas

Desde que a comienzos de esta semana el ingeniero y diputado socialista del partido socialista de la Internacional Socialista Voluntad Popular, Juan Guaidó, se proclamase legítimo presidente de Venezuela, no por su capricho sino por expreso mandato de los diputados de la Asamblea Nacional Venezolana (que equivale a nuestro Congreso de los Diputados), siento vergüenza.

Vergüenza por tener un presidente al que preocupan más unos presupuestos falsos que contribuirán a fastidiar los logros económicos de los últimos años que el que las jóvenes adolescentes venezolanas tengan que cruzar la frontera con Colombia para allí prostituirse con el fin de llevar comida a sus familias. Vergüenza porque prefiere su pacto con independentistas, filoterroristas y sicarios del narcorrégimen de Nicolás Maduro a defender la libertad y los Derechos Humanos que son pisoteados a diario en Venezuela, con la pasividad cómplice de quienes hoy tiemblan ante la posibilidad de que un cambio de régimen nos lleve a conocer el tráfico de dólares en forma de maletines para financiación propia y partidista.

Vergüenza por tener un presidente que utiliza una tragedia que ha supuesto la expatriación de cientos de miles de venezolanos para buscar algo que comer o huir de las represalias políticas del terrible SEBIN para montarse un vídeo y presumir mientras eran asesinadas al menos 26 personas por la dictadura.

Vergüenza por tener un presidente del gobierno que comparece antes los pastueños medios (que se lo tragan todo; algunos han llegado a hablar de golpe de estado o autoproclamación, cuando la designación de Guaidó es la que cumple con la Constitución Venezolana) para vendernos aquellos que la también demasiado tibia Ángela Merkel (ha debido de olvidar su infancia en la RDA), desde Alemania, le va a obligar a aceptar: reconocer a Guaidó como presidente esta semana.

Vergüenza porque tengo un presidente del gobierno que hace seguidismo de Rufián, Iglesias, Otegui, Hezbollá, Irán, Cuba y hasta de Rubén Sánchez y Elisa Beni en lugar de apoyar sin fisuras a Leopoldo López, Antonio Ledezma, Henrique Capriles, María Corina Machado, Eduardo Bittar, Leocenis García…

Vergüenza porque tengo un presidente que se ha olvidado de Génesis Carmona, Bassil Da Costa, Xiomara Soledad, Geraldine Moreno, Roberto Redman, Juan Carlos Montoya, Delia Elena Lobo, Arturo Alexis Martínez, Alejandro Márquez, Jimmy Vargas, Giovanni Pantoja... y tantos, tantos otros que si los nombro a todos este artículo no tendría fin. Descansen en paz.

Vergüenza porque tengo un presidente que ha liquidado la imagen internacional de España, país que por motivos históricos y culturales tenía que haber sido, como poco, el segundo país del mundo en reconocer a Juan Guaidó como presidente. Rehacer el sectarismo del doctor del Falcon nos va a costar décadas.

Vergüenza deberían de tener, pero de ella deben de andar escasitos, los del PSOE que estos días se han callado (muy bien Felipe González). Y Borrell debería irse a su casa. Por lo evidente. Porque Guaidó es de Voluntad Popular, un partido de la Internacional Socialista. El partido de Leopoldo López. El PSOE ya traiciona hasta a los suyos, que tienen que ser defendidos por liberales y conservadores de los asesinatos de un régimen corrupto, entregado al narcotráfico.

De ahí el apoyo de la cúpula militar, por cierto. Precisamente en el ejército estará la clave. Creo buen síntoma que Guaidó siga libre. En los próximos días habrá que estar muy atentos.

En resumen, siento vergüenza de mi gobierno. Que no de España, porque estoy segura de que la inmensa mayoría de españoles apoyan la democracia y la libertad, que a Sánchez le importan un comino.

De ahí que le pido al Partido Popular y a Ciudadanos que presenten esta misma semana una moción de censura contra este personaje, sin acogerse a la excusa de que los números no dan, como hizo Inés Arrimadas en Cataluña. La Libertad va por delante. ¿O no?

Campaña electoral (V)

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Fichajes de altura. Nueva Política. Regeneración. Gente que sabe de política, para la cual la Ley de Hierro no tiene misterio, que sabe lo que es la libertad política y que no adjetiva la democracia. Ups. Perdón,  no quería decir regeneración, quería decir DEGENERACIÓN.

Lo próximo, fichar a alguno de Sálvame, un futbolista o al Dioni. Pero ¿y lo monos que quedarían en un Supervivientes, qué?

 

PD Cantabria no se merece esto. ¿O sí? A ver qué vota…

Podemos, el partido de los pijos

Hace ya tiempo que les vengo diciendo que lo de Podemos es la gauche divine de siempre, radicalizada después de la pasada por nuestro destructivo sistema educativo. Y tamizada por la transversalidad, si Pablo y Alberto no lo remedian en junio, del populismo. Populismo que no es una ideología, sino una enfermedad de la democracia que germina cuando se juntan la desafección de la gente hacia la clase política, la crisis institucional y la crisis política con una sociedad infantilizada, producto de décadas de socialdemocracia.

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Campaña electoral III

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Esteban González Pons (PP) dice que Pablo Iglesias (Podemos)  es «culto, inteligente y muy creativo«. Así, sin anestesia y para empezar la campaña electoral. Y eso que aún no había visto la performance de guardería de Alberto Garzón (IU), el nuevo socio de Pablo.  Por cierto, añade Pons, «Pablo aporta valor a la política española».

¿De dónde los sacas, Mariano, pá tanto como destacan?

Campaña electoral (II)

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En el Estado de Partidos todo es espontaneidad de la comprometida ciudadanía.
¡¡¡Bocatas a 1 euro, bocatas a 1 euro!!!
Paga el contribuyente.

 

PD. Me cuentan que la «okupación total» de autobuses hacia Móstoles coincide con el acto de cambio de nombre de la Plaza Vázquez de Mella, que pasará a llamarse Plaza de Pedro Zerolo, en homenaje al que fuera concejal socialista del ayuntamiento de Madrid. Qué organización, madre.

 

“Gran número de los enemigos del capitalismo sabe perfectamente que su situación personal se perjudicaría bajo cualquier otro orden económico. Sin embargo, propugnan la reforma, es decir, el socialismo, con pleno conocimiento de lo anterior, por suponer que los ricos, a quienes envidian, también van a padecer” (Ludwig von Mises)

Así describía el economista, escritor, filósofo e historiador Ludwig von Mises el resentimiento, que consideraba, con razón, se encuentra en la base del antiliberalismo. Y el domingo en España triunfó exactamente lo arriba descrito. Madrid y Barcelona, las dos ciudades más importantes del país, serán gobernadas por la extrema izquierda. Un desastre sin paliativos que a nadie debería alegrar. El turismo está en su punto de mira. Como la economía de mercado, la que ha hecho de Madrid una ciudad próspera y cosmopolita. La amarga victoria del centro-derecha, por más que Mariano Rajoy, cuyas palabras el lunes después de la derrota enfurecieron aún más a los votantes enfadados con el PP, trate en perfecto politiqués de hacernos creer que su formación va bien, no puede sorprender a nadie. (Sigue leyendo en Vozpópuli…)