El mal gusto como principio político.

Pilar Lima, diputada de Podemos de las Cortes Valencianas, 44 años de edad, llegó en tren a Madrid junto a una compañera. Su primera acción fue enviar a Twitter una imagen en la que ambas posaban con gestos obscenos. El texto rezaba: “Acabamos de llegar al agujero negro de Isabel Díaz Ayuso”. Horteras.

Después de décadas de imposición de pensamiento ideológico y de idolatría del Estado, la buena educación, la ciencia y el conocimiento no están de moda. Han sido sustituidos por la horterada, la grosería y la opinión (convertida en Verdad). La izquierda considera que actitudes infantiles como la de Lima, más propias de un recreo escolar que de una persona adulta, como una provocación antisistema. Llevan décadas trabajando para derruir el mérito, la capacidad y la excelencia en nombre de un ramplón igualitarismo. Sustituyen la ciencia por la ideología. El sexo sentido.

De hecho, nuestros comunistas patrios ya no son mecanicistas, como era el marxismo. Son biologicistas, como los nacional-socialistas alemanes de los años 30 del pasado siglo. E igualitaristas. A más igualitarismo -no es lo mismo que igualdad, que lo es ante la Ley-, menos libertad.

No es casual que Ellsworth M. Toohey, el malvado colectivista de la novela de Ayn RandEl Manantial” fuera crítico de arte y arquitectura, como no lo era que los artistas, arquitectos y escritores con los que se reunía defendieran el anti-arte, la anti-arquitectura o la anti-literatura. Lo llaman “contracultura”. Cuanto peor es una obra, más se celebra.  Rand lo vio venir con gran clarividencia:

“Destruya en el hombre el sentido del valor. Destruya la capacidad para reconocer la grandeza o para realizarla. Los grandes hombres no pueden ser gobernados. No queremos ningún gran hombre. Neguemos la concepción de la grandeza. Ensalce tipos de obras accesibles a todos, a los más ineptos, y detenga el ímpetu y el esfuerzo de todos los hombres, grandes y pequeños. Ríase de Roark y tome a Peter Keating como a un gran arquitecto, y habrá destruido la arquitectura. Eleve a Lois Cook, y habrá destruido la literatura. Vocifere el nombre de Ike, y habrá destruido el teatro. Glorifique a Lancelot, y habrá destruido el periodismo. No se ponga a destruir todos los santuarios; eso asustaría a los hombres. Conserve a la mediocridad como santuario”

, aconsejaba Toohey en “El Manantial”

Logrado este objetivo, invadiéndolo todo la mediocridad y alcanzada la infantilización de la sociedad por mor de la socialdemocracia, es posible que en plena crisis económica, con los empresarios y autónomos asfixiados, las familias sin llegar a fin de mes, la educación convertida en deseducación y adoctrinamiento, la historia falsificada, la calidad democrática en entredicho y la libertad de expresión o prensa perseguidas, en España la discusión sea quién va a Eurovisión, un festival de música, por demás, completamente desprestigiado. O que se mencione a uno de los grupos aspirantes en acudir al mismo en parlamentos. O que Pilar Lima y su partido, profundamente totalitario e infantil a imagen y semejanza de sus populistas líderes, sigan teniendo votantes.

Podemos, el partido de los pijos

Hace ya tiempo que les vengo diciendo que lo de Podemos es la gauche divine de siempre, radicalizada después de la pasada por nuestro destructivo sistema educativo. Y tamizada por la transversalidad, si Pablo y Alberto no lo remedian en junio, del populismo. Populismo que no es una ideología, sino una enfermedad de la democracia que germina cuando se juntan la desafección de la gente hacia la clase política, la crisis institucional y la crisis política con una sociedad infantilizada, producto de décadas de socialdemocracia.

Sigue leyendo en Vozpópuli

Por qué envidian a Amancio Ortega

Amancio Ortega, creador del imperio Inditex a costa de trabajo y arriesgar su capital, se emocionaba en su ochenta cumpleaños, cuando sus empleados y su hija Marta le sorprendían cantándole el cumpleaños feliz. Una imagen de felicidad y gratitud hacia quien ha creado miles de puestos de trabajo que ha desatado las iras de la extrema envidia y el socialismo patrio. A Amancio Ortega no le perdonarán jamás haber triunfado. Y haberlo hecho no gracias a subvenciones estatales o enchufes políticos o sindicales, sino gracias a su esfuerzo, su mérito y su capacidad. Y no lo harán porque ellos, los envidiosos, son hijos del resentimiento, la neurosis y la frustración.

(Seguir leyendo en Vozpópuli…)